Muere a los 91 años Hosni Mubarak, el dictador egipcio derrocado por la Primavera Árabe

El ex presidente, que gobernó el país desde 1981 a 2011, ha fallecido después de una operación en un hospital de El Cairo

El exdictador egipcio Hosni Mubarak, quien gobernó con dureza el país más poblado del mundo árabe desde 1981 hasta ser derrocado en 2011 después de masivas protestas en todo el todo el país en contra de su régimen, murió este martes en El Cairo a sus 91 años, según informó su familia después de horas de rumores.

Mubarak permanecía ingresado en la unidad de cuidados intensivos de un hospital militar en el este de la capital tras haberse sometido a una operación a finales de enero, de acuerdo con lo anunciado a través de las redes sociales por su hijo mayor, Alaa Mubarak.

Poco después de confirmarse el deceso del que fue el presidente de la república que más tiempo ha ocupado este cargo, el actual jefe de Estado, Abdel Fatah Al Sisi, expresó sus condolencias a la familia y decretó tres días de duelo nacional en un comunicado difundido por su oficina en el que evitó pronunciarse sobre el largo mandato de Mubarak. Las Fuerzas Armadas también emitieron un comunicado en el que lamentaron la muerte del exdictador y destacaron su legado en el seno del Ejército y no como presidente. Está previsto que el país celebre un funeral militar hoy, según informaron ayer la televisión estatal y el resto de medios oficialistas.

El «rais» depuesto se convirtió en el primer líder destronado durante las Primaveras Árabes en ser encarcelado. Fue tras ser condenado a cadena perpetua en junio de 2012 por complicidad en la muerte de centenares de personas durante las jornadas de protesta de principios de 2011 que culminaron con su caída.

Mubarak fue detenido dos meses después de ser derrocado, en abril de 2011, momento en el que arrancaron varias investigaciones contra él, y compareció por primera vez ante un tribunal ese mismo verano. A mediados de 2015, Mubarak y sus hijos Alaa y Gamal fueron condenados a otra nueva pena de prisión por corrupción. Pero en marzo de 2017 el padre fue finalmente absuelto por su responsabilidad en la muerte de manifestantes, lo que le permitió salir poco después de prisión al haber cumplido ya la pena por corrupción.

Durante sus casi 30 años al frente del régimen egipcio, Mubarak careció de un proyecto nacional de la envergadura de los iniciados por sus predecesores, y se centró en cambio en la estabilidad y en la economía. Su mandato, durante el que reforzó el Estado policial, se caracterizó por la corrupción endémica, la represión y una política económica aperturista que enriqueció a su séquito y ahondó las desigualdades sociales. Además de maniobrar para intentar convertir a su hijo Gamal en su sucesor, libró una cruzada contra sectores islamistas de distinta índole, bajo la que amparó la extendida brutalidad de las fuerzas de seguridad egipcias.

En política exterior, Mubarak fue un fiel defensor del tratado de paz con Israel firmado por su predecesor, Anuar el Sadat, y logró restablecer relaciones con los países árabes a pesar de ello, haciendo así compatible su relación amistosa con ambos bandos. Asimismo, el ex-«rais» mantuvo una sólida alianza con Estados Unidos, y apostó por una solución diplomática del conflicto con ISrael, a pesar de su influencia decreciente en la región.

Héroe en la guerra de Yom Kipur

Nacido en 1928 en una localidad del Delta del Nilo, en el norte de un Egipto colonizado aún por los británicos, Mubarak arrancó de joven su carrera militar como piloto del Ejército. Después de asumir distintos cargos en las Fuerzas Aéreas, fue finalmente nombrado su comandante en jefe en 1972, pasando a ser así uno de los primeros en acceder al alto mando castrense sin haber formado parte del movimiento de los Oficiales Libres que instauró la república independiente en 1952. El prestigio de Mubarak entre las filas castrenses procede de su papel en la guerra contra Israel de 1973, a la que hicieron referencia los comunicados emitidos ayer.

Fue en el mismo momento en el que llegó a la cima de su carrera militar cuando asumió su primer cargo político como viceministro de Defensa, y tan solo tres años más tarde, Sadat, a quien siempre se mantuvo fiel, lo nombró vicepresidente, cargo desde el que pudo exhibir sus capacidades diplomáticas. Tras el magnicidio de Sadat en 1981 en un atentado del que Mubarak salió milagrosamente indemne, aunque herido en una mano, el supo navegar por las aguas convulsas y asumir –de rebote– un poder que no soltaría hasta 2011.

Durante sus últimos años de vida, y tras ser absuelto de buena parte de los crímenes por los que fue sentenciado en un primer momento, se cree que tanto Mubarak como su familia mantuvieron una vida acomodada, aunque alejada de los focos. La brutalidad y la controvertida gestión económica de Al Sisi ha provocado que algunos sectores de la sociedad egipcia recuerden hoy con nostalgia los días del dictador depuesto.