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Erdogan envía a miles de migrantes a la frontera griega

La Policía helena rechaza un primer asalto después de que Turquía abriera sus puertas. Ankara trata de presionar a la UE para que aumente las ayudas a los refugiados

Refugees and migrants gather at Turkish-Greek land border
Un grupo de refugiados espera en la parte turca de la frontera poder dar el salto a GreciaTOLGA BOZOGLUEFE

Insistiendo en su intento de hacer llegar la presión de la guerra en Siria hasta las puertas de la Unión Europea, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, reconoció ayer que las fronteras de su país con el Viejo Continente se encuentran abiertas, mientras unos pocos miles de migrantes se agrupaban en el límite con Grecia.

Las declaraciones de Erdogan, pronunciadas en un acto de Partido Justicia y Desarrollo (AKP), representaron el primer reconocimiento abierto de que Ankara se dispone a dar un importante giro a su política migratoria al permitir que personas desplazadas intenten cruzar por su territorio hacia Europa. El mandatario turco aseguró, sin ofrecer ninguna evidencia, que 18.000 personas ya habrían cruzado la frontera desde que su país las abrió, y anticipó que la cifra podría llegar a doblarse.

Por el momento, sin embargo, el número de llegadas documentadas a Grecia –principal puerta de acceso a Europa– siguen siendo bajas, y solo habrían experimentado un ligero aumento con respecto a las llegadas paulatinas que se han producido de forma diaria durante los últimos años. Desde el viernes, una sesentena de personas –principalmente afganas– llegaron por tierra al país heleno y otras 200 lo hicieron a través de las islas del mar Egeo, según informó Efe, lejos de los datos ofrecidos por Erdogan.

Aun así, en la noche del viernes y durante el día de ayer, distintos grupos de personas insistieron en varias ocasiones en su intentona de sortear la guardia fronteriza griega para acceder al país. Los enfrentamientos con la Policía se repitieron. Los migrantes lanzaron piedras, ramas ardiendo y otros objetos, mientras que los agentes recurrieron a los gases lacrimógenos para tratar de repeler sus intentos, según recogieron medios presentes en la zona. Una fuente del Gobierno griego aseguró que entre 4.000 y 7.000 personas se encuentran en el lado turco de la frontera en Kastanies, en el noreste del país, a la espera de su oportunidad.

«Grecia hizo frente [el viernes] a un intento organizado, masivo e ilegal de violar sus fronteras, y resistió el intento», aseveró ayer el portavoz del Ejecutivo de Atenas, Stelios Petsas, en unas declaraciones recogidas por Reuters. «El Gobierno [heleno] va a hacer lo que sea necesario para proteger sus fronteras», añadió el oficial, que aseguró que las autoridades de su país han evitado que unas 4.000 personas cruzaran la frontera.

Haciendo notar su preocupación ante el posible giro de guion, el primer ministro griego, el conservador Kyriakos Mitsotakis, abordó ayer la cuestión con el resto de miembros del Gobierno en una reunión de emergencia. Y su ministro de Exteriores, Nikos Dendias, se puso en contacto con el líder de la diplomacia europea, Josep Borell, para solicitarle una reunión extraordinaria del consejo de ministros de Exteriores de la UE con el fin de abordar una situación que se complica con el paso de las horas. En 2015, cerca de un millón de refugiados y migrantes hicieron la travesía entre Turquía y Europa a través de Grecia. Ayer, Petsas anunció que Atenas ha ordenado reforzar el despliegue policial y militar en la frontera terrestre y la marítima para evitar que vuelva a repetirse.

Erdogan, a su vez, alegó que la decisión de abrir las fronteras con Europa se debe a un supuesto incumplimiento por parte de Bruselas del acuerdo firmado entre ambos en 2016 bajo el cual Ankara se comprometió a impedir que los desplazados cruzaran la frontera a cambio de una elevada ayuda económica. Ayer, el mandatario turco se quejó de que los fondos europeos estarían llegando al país de forma demasiado lenta, y pidió que se enviaran directamente al gobierno turco.

Su estrategia pareció surtir efecto, y Boyko Borissov, primer ministro de Bulgaria, otro país fronterizo con Turquía, aseguró que se reunirá con Erdogan este lunes y anticipó que se debería hacer todo lo posible cuanto antes para ofrecer a Ankara los medios necesarios para que pueda ocuparse de los casi cuatro millones de migrantes que acoge.

La decisión de Ankara de abrir sus fronteras con Europa se produjo también después de la muerte de 33 soldados turcos el jueves en Siria, donde su Ejército y aliados locales se encuentran inmersos en un conflicto con las fuerzas sirias, respaldadas por Rusia, en la provincia de Idlib, el último gran bastión controlado por los rebeldes. Erdogan pidió ayuda a la OTAN, que de momento no se implica. Desde el recrudecimiento de la violencia en la zona, cerca de un millón de personas se han visto obligadas a huir hacia la frontera con Turquía, donde se hacinan en lo que algunos consideran la peor crisis humanitaria del conflicto. Turquía acoge actualmente más de 3,6 millones de refugiados del país árabe, y ha advertido de que no puede hacer frente a la llegada de más personas procedentes de Idlib.