El Parlamento Europeo se blinda: suspende las visitas, las misiones y aisla a quienes hayan viajado a los focos del virus

Prohíbe a los visitantes externos entrar en la Eurocámara así como las misiones de observación electoral durante las próximas tres semanas. Los trabajadores de las instituciones que han viajado a lugares sospechosos deben trabajar desde casa

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Nada ni nadie es inmune al coronavirus, incluidas las instituciones europeas. Por eso, el Parlamento Europeo ha decidido restringir al máximo sus actividades no propiamente legislativas para evitar la extensión de la enfermedad.

En consecuencia, el presidente de la Eurocámara, David Sassoli, ha anunciado la suspensión de las visitas de personas ajenas al Parlamento -son muy habituales las invitaciones de los eurodiputados para divulgar el trabajo de la institución tanto de tipo personal como a colectivos- y la misiones de observación electoral previstas para las próximas tres semanas.

Esta prohibición de visitantes externos incluye todo tipo de actos que se celebran en la Eurocámara como conferencias, exposiciones o ágapes. En total, el Parlamento recibe más de 70.000 visitas al año y sus pasillos suelen ser los más bulliciosos y amenos de las instituciones europeas.

Sin embargo, continuarán su trabajo normal las comisiones parlamentarias y las reuniones de la conferencia de presidentes. Tampoco la sesión plenaria prevista la semana que viene sufrirá ningún cambio, a pesar de que esto implique el traslado habitual de eurodiputados y asistentes a la faraónica segunda sede de Estrasburgo (Francia). No obstante, la Cámara está en contacto con las autoridades francesas para conocer de primera mano la situación.

Aumentan las medidas contra el Covid-19

La semana pasada, el Parlamento Europeo ya pidió a su personal que trabajara desde su domicilio en caso de haber viajado a las regiones del norte de Italia (Lombardía, Piamonte, Emilia-Romagana y El Veneto), China, Hong Kong, Macao, Singapur o Corea del Sur. Los 7.820 empleados de la institución recibieron un e-mail en el que les exigían que permanecieran aislados, y vigilasen su temperatura dos veces al día durante durante dos semanas.

Los trabajadores sólo pueden reanudar su trabajo de manera presencial si no han aparecido síntomas durante dos semanas o si así lo respalda un médico.

Un correo electrónico muy similar fue enviado al personal de la Comisión Europea, pero debido a que son instituciones diferentes no aparecen la misma lista exacta de lugares sospechosos. Tal y como ha recordado un periodista italiano a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, una misma persona que ha viajado recientemente a Italia tiene restringido su acceso a la Eurocámara mientras puede acudir libremente al resto de edificios.

Por lo demás, la relativa calma reina en la burbuja comunitaria. No se ha cancelado ninguna reunión de ministros europeos -al contrario, se han convocado algunas extraordinarias- ni nada indica que la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de este mes vaya a sufrir ningún sobresalto. Tampoco se ha producido ninguna anécdota como la negativa del ministro de Interior alemán a dar la mano a la canciller Angela Merkel.

La semana pasada se produjo una falsa alarma cuando el primer ministro eslovaco, Peter Pellegrini, comenzó a sentirse mal tras la cumbre maratoniana en Bruselas de más de 30 horas para pactar los presupuestos europeos. Al demostrarse que su dolencia era una neumonía común, los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete no se han visto sometidos a la necesidad de una cuarentena.