Duelo de opuestos: Biden se afianza como alternativa a Sanders en el Supermartes

El exvicepresidente se impone en nueve de los 14 estados donde hubo votaciones. El electorado opta por el voto útil contra Trump tras la retirada de Buttigieg y Klobuchar. El senador por Vermont se salva de la debacle con un triunfo en California

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Al amanecer de este miércoles se quedaron solos. Dos hombres en la cumbre. El Supermartes era ya historia. Los demócratas habían conocido una de las elecciones más explosivas que nadie recuerda. En las 72 horas que van desde que abrieron las urnas de Carolina del Sur a la publicación de los primeros resultados del Supermartes, Joe Biden había protagonizado un regreso apoteósico. Ganó en Texas (228 delegados), Massachusetts, Minnesota, Oklahoma, Arkansas, Tennessee, Alabama, Carolina del Norte y Virginia. Su pleno en el sur, tremebundo, engloba el gran premio de Texas, uno de los estados más poblados del país.

No faltaron catas tan espectaculares como Minnesota, donde seguramente resultó crucial el apoyo de Amy Klobuchar, y Massachusetts, que arrebató a la cada día más desorientada Elizabeth Warren. Con Maine todavía en el alero, Bernie Sanders había reclamado su territorio, Vermont, Colorado y Utah y, sobre todo, estaba muy cerca de conquistar California, el otro gran premio gordo, con 415 delegados. Pero lo que podría haber sido la guinda de un avance irresistible ha terminado por el ser el chaleco salvavidas de un Sanders muy tocado. Siempre dijo que su fuerte era el voto joven, diverso, desafecto al «establishment» o enfadado con las circunstancias.

El Supermartes demostró que el voto joven sigue siendo tan poco fiable como siempre y que los mayores votan en unas proporciones abrumadoramente más altas. El voto diverso, en su caso, es cada día más sinónimo de latinos y clase obrera sin estudios superiores. Aunque todo esto salta por los aires en California, donde por ejemplo ha recibido un apoyo sustantivo de las mujeres con títulos universitarios. Pero California es la excepción, y ya ha votado. En cuanto al resto de electores demócratas, otro colectivo, el de los afroamericanos, parece volcado en Biden. El abrasador recorrido del exvicepresidente en el sur demuestra que en ese segmento no tiene rival. Y prueba otra cosa. Que los votantes negros, frente a lo que sostienen sus enemigos, no se guían solo por la nostalgia de los días de Barack Obama, elevados a la categoría de Camelot 2.0.

Más bien parece que por mucho que puedan coincidir con Sanders en su deseo de un sistema sanitario universal y gratuito, por más que aprueben el recorrido profesional y político de Elizabeth Warren o simpatizen con el coraje de Pete Buttigieg, lo principal, lo primero, casi lo único, es encontrar un candidato capaz de derrotar a Donald Trump. Esa es la consigna. Y no sólo entre los afroamericanos. Una urgencia que parece multiplicarse cuando alguien como Lara Trump, esposa de Eric Trump y asesora de campaña del presidente, sale en televisión para exclamar que «si eres demócrata tu elección en este momento está entre un socialista, simpatizante comunista, o Joe Biden, de quien creo que mucha gente cuestiona legítimamente su función cognitiva».

Ataques republicanos a Biden

Nadie entre los demócratas que no apoyan a Sanders puede mostrar su enfado por el hecho de que alguien ligue con el comunismo al autodenominado socialista democrático. A fin de cuentas el propio Sanders alabó el régimen castrista la semana pasada. Pero las burlas sobre la teórica incapacidad mental de Joe Biden, repetidas en numerosas ocasiones por el propio Trump, tocan un nervio difícil de soslayar. «Se supone», añadió Lara Trump, «que debo estar en contra de Joe Biden, pero cada vez que sube al escenario temo que no pueda unir una oración coherente».

¿La respuesta de Biden? «Lo he dicho muchas veces en esta campaña. Este país podrá superar cuatro años de Donald Trump. Pero si este hombre es reelegido, no reconoceremos al país en unos años. Tenemos que sacar a Trump de la Casa Blanca». Poco antes había escrito que su campaña está basada en «la esperanza sobre el miedo, la unidad sobre la división y la verdad sobre las mentiras». Biden celebró su victoria por todo lo alto, vuelve a ponerse en cabeza pese a sus dificultades económicas y el desaliento de los primeros batacazos.

Desde el bando del senador de Vermont, entre tanto, crece el descontento ante lo que consideran una reacción implacable del «establishment» contra el hombre de fuera. Algo por otro lado natural en un partido. A fin de cuentas Biden ha sido un demócrata desde más de 50 años y Sanders nunca quiso darse de alta en el partido. Su campaña siempre ha tenido un componente épico, de guerra contra el sistema y, claro está, contra la formación que lo acoge. Ese es su gran atractivo.

Pero necesita reaccionar cuanto antes si no quiere que el fenómeno Biden se transforme en tsunami. Las teorías conspirativas, por mucho que masajeen los instintos más arraigados de muchos seguidores, solo sirven como anticipos de la derrota. La batalla será cruenta y no hay tiempo para pucheros.