Putin y Erdogan pactan un débil alto el fuego en Idlib

La tregua entra en vigor de forma inmediata, pero ninguna de las partes garantiza que pueda perdurar en el tiempo. El presidente ruso se disculpa ante su homólogo turco por las 33 bajas en el ataque aéreo

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Las negociaciones entre los presidentes ruso y turco, Vladimir Putin y Recep Tayip Erdogan se presentaron duras. El tema central era la ofensiva ruso-siria en Idlib y la contraofensiva turca «Escudo de Primavera», lanzada desde el 28 febrero tras la muerte de medio centenar de militares turcos en un bombardeo de Damasco, aliado de Moscú, en el norte de Siria. No obstante, terminada la reunión de seis horas, y a pesar de sus diferencias, los dos mandatarios acordaron un alto el fuego en Idlib, que entró en vigor de inmediato la noche de ayer, pero sin garantías de hasta cuando durará.

Además, Moscú y Ankara consensuaron la creación de «un corredor de seguridad» a lo largo de la carretera M4, que une Alepo con Latakia. Ese corredor tendrá una profundidad de «6 kilómetros al norte y 6 kilómetros al sur». Los términos específicos del funcionamiento de este corredor de seguridad serán acordados en un plazo de siete días por los ministerios de Defensa de Rusia y de Turquía. Los dos países también comenzarán un patrullaje conjunto a lo largo de la carretera M4 a partir del 15 de marzo, explicó el jefe de la diplomacia rusa, minutos después de que Putin y Erdogan anunciaran el acuerdo para frenar la escalada de la violencia en Idlib.

Antes de la reunión, Putin lamentó la perdida de 33 militares turcos en un ataque aéreo sirio. «Nadie sabía dónde se localizaban los soldados turcos», reconoció el mandatario ruso, al tiempo que expresó sus condolencias a Erdogan: «la pérdida de vidas es siempre una tragedia». Por su parte, el presidente de Turquía dijo que su encuentro con su homólogo ruso fue de «gran importancia» porque hay «un importante problema en la región». «Sé que los ojos de todo el mundo están en este lugar», manifestó.

El principal escollo en esta crisis que enfrenta a Ankara y Moscu es que Erdogan defiende que tiene la razón y que su ofensiva es legítima para «salvar» a los 2,5 millones de sirios de Idlib, y Putin argumenta que él también tiene la razón porque quiere «liberar» la provincia de Idlib de «terroristas». Idlib, al norte de Siria, es el último feudo de los rebeldes sirios que se levantaron contra el régimen de Bachar al Asad en 2011. Con su toma, el «rais» árabe daría por finalizada su reconquista tras nueve años de sangrienta guerra civil.

Así las cosas, los dos mandatarios y señores de la guerra en Siria tienen en sus manos la solución para poner fin al hostigamiento contra la población civil. Mientras los dos dirigentes se reunían al menos 15 civiles, incluidos niños, perdieron la vida en bombardeos rusos, como cada día, en Idlib.

Durante la comparecencia, Erdogan insistió en que el objetivo de los dos actores es que el alto el fuego «sea permanente» para «impedir que la crisis humanitaria empeore», al tiempo que avisó de que de se reserva el derecho a responder «con toda su fuerza» a todo ataque por parte del Ejército sirio. El presidente turco denunció la escalada bélica. «El régimen (sirio) ha incrementado el número de ataques respecto a los meses anteriores, atacando a civiles y alterando la paz en la región». También cargó contra la teoría de Asad y de Putin de calificar de territorista a los rebeldes de Idlib. «Declarar como terroristas a los cuatro millones de personas que viven en la región no es aceptable», sostuvo. Erdogan también aprovechó para cargar contra el «rais» árabe y sus «atrocidades» en su ofensiva de Idlib. «Turquía no puede permanecer impasible y con las manos atadas». En este sentido, el presidente turco anunció que ha reforzado sus tropas en la zona. Un anuncio que va en detrimento del alto el fuego en el norte de Siria.

La «Operación Escudo de Primavera» se lanzó tras la muerte de 33 militares turcos en un ataque de las fuerzas sirias con apoyo de la aviación rusa en Idlib, donde Ankara apoya a los rebeldes. La ofensiva ha provocado el enfrentamiento directo entre las tropas turcas y las sirias, y el indirecto entre las dos potencias regionales implicadas en el conflicto: Turquía y Rusia.

Putin, por su parte, denunció la presión sobre sus tropas. Aseguró que en los últimos meses «han atacado a soldados gubernamentales y civiles». Puso el ejemplo de la base militar rusa de Hmeimim, en la provincia de Latakia, que según sus palabras ha sido atacada hasta en quince ocasiones desde la entrada en el año 2020. «Hemos informado a nuestros socios turcos tras cada ataque», sostuvo.

Activistas de oposición consultados por LA RAZÓN detallaron que el bombardeo con aviones de combate rusos fue en la localidad de Maaret Musreen, donde viven miles de sirios ya desplazados de otros puntos del país. El bombardeo golpeó una granja avícola utilizada como asentamiento para desplazados y mató a 15 personas, incluidos mujeres y niños, e hirió a 18 personas, dijo por su parte el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, con sede en Reino Unido.

La ofensiva ha derivado en una nueva crisis migratoria. Erdogan ha convertido el asunto de los refugiados en un «chantaje» para presionar a la UE a que apoye sus acciones en el norte de Siria. El mandatario turco insiste en que debe apoyar sus «soluciones» en Siria. Con esta decisión, Turquía ha desencadenado una nueva oleada de inmigración hacia Europa que recuerda a 2015.