Parrilladas y fútbol, la rutina de Evo Morales en el exilio argentino

Desde su refugio en Buenos Aires, el ex presidente «cocina» su regreso a Bolivia a la espera de una victoria de su candidato

Former Bolivian President Evo Morales exercises at his home, in Buenos Aires
Evo Morales entrena en su casa de Buenos AiresAGUSTIN MARCARIANReuters

Al ex presidente Evo Morales se le ve un poco perdido en el exilio. Como atrapado en «un limbo austral» del que espera salir –quizás no tan rápido como quisiera–. Y es que por más que sean naciones amigas y vecinas, Bolivia es muy diferente a Argentina, el país que le acoge desde que el líder cocalero decidió abandonar Ciudad de México, donde se exilió tras ser acusado de fraude electoral en las elecciones de octubre, en las que fue proclamado ganador.

Pese a que las autoridades peronistas han otorgado un trato exquisito a Morales, el ex presidente trata de aclimatarse a su nueva rutina, tras haberle sido confirmado que no podrá aspirar al puesto de senador en su país al ser considerado un proscrito de la justicia.

Morales no vive en ninguno de los barrios acomodados, tampoco en una zona humilde del extrarradio. El ex mandatario y el cortejo que lo acompañan residen en un caserón de dos pisos, en el corazón del barrio porteño de Colegiales, una zona de clase media, donde goza de todo tipo de comodidades. Se trata de un chalet estilo inglés prácticamente cubierto de enredaderas.

Las palmeras tapan los ventanales y una gran cámara vigila las compuertas. La dueña de la casa es Irene Isabel Novacovsky, una socióloga de 69 años. Esta escritora forma parte de un sistema de poder dentro del peronismo muy unido al actual Gobierno del presidente Alberto Fernández, más por el lado de Cristina Fernández de Kirchner. En otras palabras, Evo, ya tenía buenos avales cuando llegó al país austral.

Un miembro de Policía Federal está apostado las 24 horas en la puerta de su casa. Además otros agentes no uniformados participan de tareas de prevención en la zona. Forman parte de otro cuerpo de custodia. Según pudo saber LA RAZÓN, Morales también utiliza seguridad privada de la misma empresa que custodia varias embajadas y que está dirigida por antiguos miembros de los servicios de inteligencia, además de dos escoltas bolivianos que lo «salvaguardaron» de camino al exilio. También se encuentra acompañado por una secretaria y un jefe de prensa, quien lleva su agenda.

Colegiales es un barrio porteño tradicional, poblado de casas bajas, con supermercados chinos y una capilla. También hay fruterías que regentan ciudadanos bolivianos. La gente pasea a los perros, corre por las veredas o toma café en los bodegones. «Apenas vemos a Evo, ni hacer la compra o cosas comunes, simplemente sabemos que está ahí, por la vigilancia y las sirenas», asegura una vecina.

Paseos en chándal

Sin embargo otros aseguran que se encontraron con él paseando alegre en chándal o ataviado con una camisa verde que hace campaña por el MAS, su partido político. Cuentan que ha realizado algunas parrilladas en su casa y organizado pachangas de fútbol en un club cercano y techado donde hay pistas de fútbol sala. También ha almorzando en la residencia oficial de Los Olivos con el presidente Alberto Fernández para después enfundarse la camiseta de la selección boliviana y jugar un partido junto al ministro de Deportes. Un final de fiesta que se estilaba mucho en los tiempos de los ex mandatarios Néstor Kirchner y Carlos Menem.

¿Quién paga la plácida vida de Evo Morales en Argentina? Según declaró un legislador mexicano, durante el breve paso del boliviano por tierras aztecas y mayas «el refugiado» recibía 187.000 pesos (9.950 dólares) mensuales de los senadores y diputados federales de Morena, el partido oficialista. Con esta cantidad de dinero ganaba más que el mismo presidente Andrés Manuel López Obrador.

En Argentina se desconoce si el Gobierno peronista está ejerciendo de «mecenas» del ex sindicalista, si el dinero procede de benefactores o de cuentas del propio exiliado. Por otro lado en la Ley General de Reconocimiento y Protección al Refugiado no se contempla el pago de ninguna suma de dinero para las personas que piden ser reconocidas con ese status.

En enero detuvieron a una mujer en el aeropuerto boliviano de El Alto cuando esperaba abordar un vuelo con destino a Argentina portando 100.000 dólares sin declarar en su equipaje, lo que llevó al Gobierno interino que lidera Jeanine Áñez a acusarla de pretender financiar las actividades políticas de Morales. La mujer tenía un vínculo laboral con Juan Ramón Quintana, ex ministro de la Presidencia durante el Gobierno de Morales.

Vigilado por EE UU

Las actividades del ex presidente son minuciosamente seguidas por la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires. De hecho, una representación de la embajada se reunió hace semanas con el ministro de Exteriores, Felipe Solá, para solicitarle que Morales «no abuse» de su estatus de refugiado en el país.

Actualmente está concentrado en la precampaña electoral para elegir presidente en mayo. La esperanza de Evo es que su delfín, Luis Arce, el candidato del Movimiento al Socialismo (MAS), el padre del llamado «milagro económico boliviano», gane los comicios y le devuelva a casa con todos los honores. Y más teniendo en cuenta que su candidatura a senador ha sido invalidada por el Supremo. A este respecto, se rumorea que el ex juez Baltasar Garzón podría encargarse de su defensa para resolver su estatus y blindarle. Por otro lado hay una orden de captura «por incitar a la violencia y terrorismo».

Desde la capital argentina, Morales pretende dirigir el devenir de su partido, el MAS y diseñar estrategias, pero no están fácil y «el rey quechua» podría ser destronado de por vida, devorado entre los suyos o que cuando vuelva «le corten la cabeza». Ser traicionado por aliados o enemigos, que no son pocos.