Los dos líderes de Afganistán se proclaman presidentes el mismo día

El Estado Islámico se atribuye dos explosiones en la toma de posesión de Ashraf Ghani. Abdulá Abdulá se niega a pactar con él y reedita el enfrentamiento cuando se debe negociar con los talibanes

President Ashraf Ghani swearing in ceremony in Kabul
Ashraf Ghani, en el centro, junto a sus vicepresidentes Amrullah Saleh (derecha) y Sarwar Danish tras la ceremonia de toma de posesiónJAWAD JALALIEFE

Cuando por una pequeña rendija se cuela una luz de esperanza por el acuerdo de paz con los talibanes en Afganistán, por otra se asoma la oscura sombra de una nueva crisis política, al haberse declarado este lunes dos gobiernos paralelos en Kabul. Ashraf Ghani y su rival, Abdulá Abdulá, que se proclamaron ganadores de las elecciones, y celebraron su investidura en dos ceremonias paralelas en la capital, lo que muestra la debilidad del Ejecutivo afgano en un momento crucial, ya que hoy comienzan las negociaciones con los talibanes.

Sin embargo, la división interna solo puede que retrasar el proceso de paz que se ha estado gestando durante los dos últimos años en Catar. El artífice de este histórico acuerdo, el negociador especial de Estados Unidos, Zalmay Khalilzad, asistió a la investidura de Ghani, quien dijo en su discurso que «pido a mis rivales electorales que se unan a mí para servir a este sagrado país». Paralelamente, la toma de Abdulá –que fue retransmitida en directo junto a la de Ghani por las televisiones locales con la pantalla partida en dos–contó con una representación de perfil más bajo con simpatizantes políticos nacionales.

La misma situación se repitió tras los resultados electorales de 2014, en que los dos dirigentes se proclamaron vencedores, y gracias a la intervención de Washington se acordó el reparto de poder. Pero en esta ocasión no se sabe si Abdulá volverá a aceptar ser el jefe del Gobierno o busca quietarle el puesto al reelegido presidente afgano.

Pese a sus diferencias, Ghani insistió durante su discurso en que no cierra la puerta a sus rivales, al remarcar que necesita un «Gobierno fuerte» ante el momento histórico que le ha tocado vivir a Afganistán. Por su parte, Abdulá se mostró «listo para las negociaciones» para trabajar para la «unidad», aunque eso no le impidió autoproclamarse «presidente» ante los asistentes.

Una de las condiciones para entablar negociaciones directas entre Kabul y los líderes talibanes es la liberación de 5.000 presos insurgentes. Hasta ayer, Ghani no se había pronunciado al respecto y por sorpresa anunció su disposición a ceder mientras hubiera un compromiso de los talibanes en reducir la violencia. «La liberación de los prisioneros talibanes está vinculada a la paz y la seguridad de las personas; en este sentido emitiré un decreto mañana, que incluirá más detalles sobre este proceso. Afortunadamente, llegamos a un marco en el que, a cambio de la liberación de prisioneros, se producirá una reducción significativa de la violencia», manifestó. «No estoy usando chaleco antibalas, estoy usando ropa común y corriente. Mi pecho está listo para ser sacrificado por Afganistán y mi pueblo», dijo vehemente el presidente afgano entre vítores de los asistentes.

Mientras ambos mandatarios eran investidos para el mismo puesto, las fuerzas de la coalición de EE UU comenzaron a replegarse. Cientos de soldados estadounidenses iniciaron su vuelta a casa. Washington espera reducir su presencia de 13.000 a 8.600 efectivos, en la primera fase.

El presidente de Afganistán, Ashraf Ghani, juró este lunes para un segundo mandato en medio de la inestabilidad política por la decisión de su antiguo rival de no reconocer su Gobierno, justo cuando el país se enfrenta a los desafíos del inicio de un proceso de paz con los talibanes firmado por Estados Unidos.

A la toma de posesión de Ghani han acudido, entre otros, el encargado de Negocios de la Embajada de Estados Unidos, Ross Wilson, el jefe de las fuerzas militares de Estados Unidos y de la OTAN, el general Scott Miller, y los embajadores de la Unión Europea, Canadá, Dinamarca, Alemania y Noruega.

La toma de posesión de Ghani se ha visto interrumpida en el tramo final por el sonido de dos explosiones, pero el mandatario ha pedido a los asistentes que no se dejaran intimidar. Las explosiones también se han podido escuchar en la toma de posesión de Abdulá.

“No teman por una o dos explosiones, sigan sentados”, ha espetado Ghani a los asistentes a su toma de posesión cuando estaba a punto de finalizar el acto, mientras los guardaespaldas se acercaban para protegerle y parte de los asistentes se marchaban rápidamente.

El grupo yihadista Estado Islámico, que ha perpetrado varios ataques en el país durante las últimas semanas, ha reclamado la autoría del disparo de proyectiles contra el acto. Estado Islámico ha indicado en un breve comunicado que el objetivo del ataque era la ceremonia de Ghani, antes de agregar que han sido disparados diez cohetes contra el acto en el Palacio Presidencial. El portavoz de la Presidencia, Sediq Sediqi, ha resaltado a través de su cuenta en la red social Twitter que “todo el mundo está a salvo” y que “no hay heridos”.

Un reportero de Tolo ha dicho que al menos un cohete ha impactado en el aparcamiento del palacio presidencial y ha provocado daños en el vehículo oficial del segundo vicepresidente afgano, Saruar Danish, además de escucharse varias explosiones más.

"Parece que el nuevo Gobierno del presidente Ghani afrontará crisis e inestabilidad desde el principio", dijo a Efe el analista Sediq Hussaini en referencia a las dos ceremonias llevadas a cabo en simultáneo.

La estabilidad para los próximos cinco años del mandato de Ghani, al que la Comisión Electoral proclamó hace unas semanas vencedor de las elecciones del pasado septiembre, “requerirá de una solución que evite la posible crisis de tener que ceder ante su rival electoral”, apuntó Hussaini, refiriéndose a un posible acuerdo entre Ghani y Abdulá para compartir el poder.

El escenario al que se refiere Hussain parece una reedición de las pasadas presidenciales de 2014, cuando Ghani y Abdullah, que también rechazó entonces el resultado, acordaron un Gobierno de Unidad en el que se creó para Abdullah el puesto de jefe del Ejecutivo, mientras Ghani mantuvo la presidencia del país.

Compartir el poder para salvar la estabilidad

Algunos analistas creen que repetir un acuerdo como el de 2014 para compartir el poder puede evitar un posible colapso institucional por el momento, pero a largo plazo ese formato de Ejecutivo podría afectar la gobernabilidad y los planes de Ghani para los próximos cinco años.

“Ghani ha hecho mucho como parte de su campaña anticorrupción y ha llevado a cabo reformas en varios organismos gubernamentales en los últimos cinco años, a pesar de la presencia de su socio gubernamental (Abdulá), que actuó principalmente como un obstáculo”, señaló a Efe el analista político Hafiz Ahmadi.

Con esto, Ahmadi apuntó a las reformas de Ghani para reemplazar a funcionarios corruptos o sin formación en los organismos gubernamentales, que permanecían en los órganos públicos por el apoyo de los señores de la guerra y algunas figuras del poder.

“Si Ghani se ve obligado nuevamente a compartir con estos políticos corruptos y la vieja clase política, esto afectará de manera muy negativa la campaña anticorrupción y las reformas de Ghani y debilitará su Gobierno y su desempeño en los próximos cinco años”, indicó el analista, del centro de investigación afgano Rana.

Por otra parte, algunos expertos confían en que la experiencia de Ghani en su primer término le haya enseñado a no aislar la Administración de sus rivales políticos y de la oposición.

"Estoy seguro de que el presidente Ghani formará un Gobierno de base amplia para compartir con todos los partidos políticos y líderes de la oposición; de ser así, habrá menos problemas políticos internos para Ghani y el Gobierno será una fuerza unitaria en las conversaciones con los talibanes", opinó el miembro del Centro de Estudios Regionales de Afganistán Abdul Shukoor Salangi.