Argentina al borde del default, y sin posibilidad de negociar con el FMI

Alberto Fernández busca renegociar la deuda argentina, que asciende a 323.177 millones de dólares, en torno al 88% del PIB

17 de agosto de 2018. Activistas protestan contra el Fondo Monetario Internacional, en Buenos Aires (Argentina). (EFE/ David Fernández)David FernándezEFE

“Seré impecable con los precios”. Con estas palabras lapidarias se despedía el presidente argentino, Alberto Fernández, ante los principales empresarios del país a los que les pedía un compromiso con la nación. Pero todos sabemos que los empresarios buscan la “plata”, y que el mandatario se encuentra acorralado por la situación económica del país.

Es difícil que se paren las maquinas especulativas por un simple tirón de orejas, y que en el granero del mundo, los alimentos cuesten más que en los mercados europeos. Con una inflación cercana al 40%, que “devora” los bolsillos, el consumo y el crecimiento, el país sigue en recesión; y la paciencia de los argentinos -que ya venían sufriendo la gestión de Mauricio Macri- se agota.

Además, la crisis del coronavirus en el panorama internacional tampoco ayuda a la situación de los mercados, que colapsan los bonos argentinos y el Riesgo País supera los 2.500 puntos. Y dentro del fuerte ajuste de precios que sacude a los mercados internacionales, los títulos públicos cotizan a valores de default. El indicador de JP Morgan trepa casi un 8%.

La deuda

El Presidente también dedicó una parte del discurso frente a la élite empresarial a la “insostenibilidad” de la deuda que padece el país suramericano: “Es increíble, incomprensible, inadmisible que esto haya pasado. Y esto es el resultado de políticas enloquecidas. Pensaron que tomando deuda se pasaba el día, y no se daban cuenta de que estaban destruyendo el mañana. La Argentina debe terminar con el perverso mecanismo de que el endeudamiento es la solución”, dijo Fernández.

Una comisión técnica del Fondo Monetario Internacional visitó Argentina por primera vez desde la toma de posesión del presidente Alberto Fernández, cuyo Gobierno busca renegociar la deuda heredada de la anterior gestión, y que asciende a 323.177 millones de dólares. Esto equivale al 88,8% de su PIB. El propio Fondo admite que la deuda no es sostenible. Pero por ahora, el organismo no da su “brazo a torcer“. Por lo que el país podría entrar en default, atrayendo los fantasmas de la crisis del 2001. Sin embargo, el mandatario confía en su capacidad para cerrar un trato en abril.

De esa cifra de deuda total, se le debe al Fondo Monetario Internacional unos 44.000 millones. Casi 58.000 millones de dólares en concepto de intereses y capital de la deuda que vence en 2020. Para 2021, vencerían 29.000 millones de dólares aproximadamente, tal como indican los datos publicados por el Gobierno argentino. Impagable.

Por lo pronto, Martín Guzmán, ministro de Economía anticipó que el país debe crecer para poder pagar los vencimientos de la deuda. Entonces, la gran pregunta que queda es: ¿Cuándo volverá a crecer la economía argentina?. Y por otro lado, ¿Qué resultado tendrá la hipotética renegociación de la deuda entre el Gobierno argentino y sus acreedores?. Y por último, ¿Qué hizo el Gobierno de Macri con el mega préstamo? Desde luego no lo utilizó para invertir en infraestructura, sino para equilibrar el dólar frente al peso y sostener la inflación. También para pagar vencimientos de deuda y sueldos de funcionarios. Lo que se investiga ahora, es si realmente lo que hubo es una fuga de capitales, y si las divisas del Fondo se usaron para financiar la campaña que finalmente perdió.

A todo esto hay que sumarle que la tregua con los sindicatos es frágil, y que pronto vendrán discusiones sobre las subidas, además de un paro anunciado por uno de los sectores del campo por el aumento de los impuestos. Meterse con el todopoderoso Agro –que casi tumbó al Gobierno de CFK- es peligroso. En conclusión, se avecina la tormenta perfecta para Alberto Fernández y su socia.

Sea como sea, “la patata caliente” pasó a la gestión peronista que no remonta el vuelo, con “las alas cortadas” y con “un horizonte de pobreza” cada vez más extenso.