La prohibición “unilateral” de los vuelos: nuevo golpe bajo de Trump a la UE

Bruselas trata de evaluar daños y reaccionar a la decisión del presidente de EE UU, al que recuerda que la pandemia “afecta a todos” y la respuesta debe ser coordinada

Primero el presidente Donald Trump anunció que Estados Unidos prohibiría todos los vuelos desde y hacia los países del espacio Schengen. Minutos más tardes, sus asesores corrían a matizar el bombazo: los ciudadanos de Estados Unidos y los residentes permanentes en el país, así comos su familiares, podrán salir y volver de Europa.

Tampoco serán sometidos a cuarentena ni se les practicarán las pruebas del coronavirus. Entre otras razones porque la escasez de tests resulta angustiosa y tampoco sería factible aunque las autoridades aeroportuarias se empeñasen en practicarlos. Todo lo más los viajeros serán redirigidos a diez de los principales aeropuertos del país y personal especializado se encargará de tomar la temperatura y buscar los síntomas más evidentes.

Eso sí, los europeos no tendrán tanta suerte. Durante al menos 30 días, Estados Unidos estará cerrado a cal y canto. Para cuando salió a poner orden el secretario interino de Seguridad Nacional, Chad Wolf, ya era demasiado tarde y la alarma recorría el espinazo de Europa. Las emisoras hablan de embajadores de varios países europeos que no fueron informados, mientras los grandes operadores del sector servicios, los negocios que viven volcados en el turismo y las compañías aéreas protestaban porque tampoco nadie les había avisado de lo que llegaba.

Y lo que viene es lo suficientemente duro como que el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, ha ordenado reducir el aforo de los espectáculos de menos de 500 personas al 50% de la capacidad de las salas para a continuación, a penas dos horas más tarde, encontrar que los teatros de Broadway anuncian su cierre hasta nueva orden.

Normal que nadie crea al alcalde de Nueva York cuando explica que no cerrarán los colegios, mientras las señales que llegan desde el Despacho Oval resultan muy poco tranquilizadoras. El presidente Trump había minimizado durante semanas la gravedad de la epidemia del coronavirus. Hasta que la Organización Mundial de la Salud (OMS) cambió la definición a pandemia, la hecatombe de los mercados resultó evidente y las cifras de contagios y fallecidos empezaron a amontonarse.

Entonces saltaron por los aires las prevenciones anteriores, las sonrisas y chanzas a cuenta de la enfermedad y las acusaciones a la Prensa y a la oposición, a los que responsabilizaba de amplificar un problema que creía excesivo para su magnitud real. Ha sido en ese contexto que acaban de caer como un bombazo las declaraciones del precandidato demócrata a la Casa Blanca Bernie Sanders, que ha implorado al presidente de Estados Unidos, que entienda que el país vive una emergencia nacional y, en consecuencia, declare el estado de emergencia.

«Pero dado que el presidente es incapaz de liderar sin egoísmo», apuntaba, «necesitamos inmediatamente un organismo bipartidista formado por expertos que apoye y dirija su respuesta a la crisis basándose en criterios científicos, en los hechos. En otras palabras, el Congreso, de forma bipartidista, debe tomar la responsabilidad para lidiar con esta crisis». Desde luego los anuncios son ya un bombardeo: el rock and roll of Fame suspende su gala anual, los torneos del circuito profesional de golf y tenis tendrán lugar a puerta cerrada, el Carnegie Hall baja el telón, se suspende la liga de hockey sobre hielo, el debate de los candidatos demócratas de este domingo será desplazado de Phoenix, en Arizona, a Washington, y mientras la liga nacional de béisbol pospone su arranque en al menos quince días y el presidente Trump inunda su cuenta de la red social Twitter con recomendaciones de los expertos en salud.

Al menos, mientras publique lo que otros escriben, no hay peligro de provocar otro incendio. «La Unión Europea», dijo ayer, «falló en su responsabilidad de imponer restricciones a los viajes desde China y otros focos, y como resultado un gran número de nuevos focos en Estados Unidos fue sembrado por viajeros que llegaban de Europa».

En cambio, Trump avanzó que su Gobierno podría eliminar «bastante pronto» la prohibición de entrada en EE UU a los extranjeros que hayan visitado China en los últimos 14 días, porque ese país «ha hecho muchos avances en las últimas pocas semanas».