Macron se la juega en las municipales

Francia elige hoy en primera vuelta alcaldes bajo el coronavirus. El presidente mide el apoyo a su gestión tras dos años marcados por las protestas sociales de los «chalecos amarillos» y las huelgas contra la reforma de las pensiones

Trabajadores desinfectan un colegio electoral en Neuilly-sur-Seine/AP
Trabajadores desinfectan un colegio electoral en Neuilly-sur-Seine/APChristophe EnaAP

Garantizar unas elecciones municipales con un dispositivo inédito sin aumentar el riesgo de propagación del coronavirus es el gran objetivo que tiene el Gobierno de Emmanuel Macron hoy. El Ejecutivo, que decidió mantener durante los últimos días la celebración de estos comicios municipales a doble vuelta, este domingo y el que viene, ha emitido un catálogo de medidas para esta anormal jornada bajo el lema «votar no es peligroso».

Cada centro electoral debe garantizar en cada etapa de la votación una distancia de seguridad entre personas y, para ello, todos los colegios de Francia aparecen hoy llenos de marcas en el suelo que los votantes deben respetar en cada etapa de la votación. Las cabinas de votación se desinfectarán durante toda la jornada y se pedirá a los ciudadanos lavarse las manos antes y después de introducir su voto en la urna. Asimismo, las autoridades han pedido que cada ciudadano lleve su bolígrafo desde casa y se instará a la gente a realizar el procedimiento rápidamente para evitar filas fuera de los centros.

Pese a todas las precauciones, la epidemia podría tener un impacto sobre la abstención difícil de medir en las horas previas a la apertura de las urnas. Según un sondeo aparecido el pasado miércoles, un 28% de los votantes podría abstenerse de ir a votar por el miedo al contagio del coronavirus. Existen también serias dudas sobre si habrá suficientes voluntarios para contar los votos sobre todo en los departamentos más afectados hasta la fecha por el Covid-19 como son Oise o el Alto Rin.

El coronavirus ha marcado toda la campaña de estas municipales en la que poco se ha podido hablar de política. Cientos de mítines han sido cancelados por toda la geografía francesa en la recta final de la campaña y los candidatos a los consistorios han tenido que concentrarse en su estrategia en las redes sociales. En un principio, y sin contar con el factor que todo ha contaminado, estas elecciones municipales se presentaban como una prueba de fuego para La República en Marcha, el partido de Macron tras dos años marcados por las movilizaciones sociales, tanto por los «chalecos amarillos» como la huelga por la reforma de las pensiones. Anticipando la debacle, el Ejecutivo ha intentado minimizar la lectura en clave nacional, que, sin embargo, mañana será inevitable.

La campaña a la Alcaldía de París ha estado marcada por las divisiones internas en el macronismo y los escándalos. El nacimiento de una candidatura disidente en la cabeza del matemático y diputado Cédric Villani marcó un primer escollo para el partido de Gobierno. Pero la debacle se agravó cuando Benjamin Griveaux, su candidato, tuvo que renunciar por la difusión de unos videos personales con imágenes sexuales. A tan solo 15 días de la primera vuelta, fue nombrada Agnès Buzyn, hasta ese momento ministra de Salud, y que todos los sondeos la sitúan en tercera posición por detrás de la alcaldesa socialista Anne Hidalgo y la candidata conservadora, Rachida Dati.

Apreciada en el ambiente ecologista, Hidalgo logró reducir drásticamente en los últimos años el uso del automóvil. Las medidas faro de su programa, como las vías para las bicicletas, el cierre de las orillas del Sena para los autos y la ampliación de las vías para los peatones, han potenciado sus opciones para revalidar la alcaldía. Los líos en el macronismo han contribuido.

Estos comicios suponen también un examen para la oposición, en especial para los partidos tradicionales, que esperan conservar su poder local para plantar cara al macronismo de cara a las presidenciales de 2022. Para una derecha en ruinas, estas municipales son la oportunidad de conservar el enorme poder local logrado en el 2014. Los Republicanos pretenden salvar al menos sus feudos de Marsella, Burdeos y Toulouse. Los socialistas pretenden hacer lo propio en París, la joya de la corona, Lille, Rennes y Nantes. El ultraderechista Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen sueña con obtener triunfos inéditos en sus bastiones del norte y del sur del país, entre ellos Perpiñán, que sería la urbe más poblada bajo su control.

Los ecologistas, impulsados por su excelente resultado en las europeas de mayo, piensan hacer muy buen papel en ciudades como Rouen o la capital alsaciana, Estrasburgo.