Una abstención récord marca las municipales en Francia

Las medidas para evitar el contagio no convencen a los franceses, mientras crece el clamor para que se suspenda la segunda vuelta del 22 de marzo

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Con una tasa de abstención histórica y en una jornada envuelta en una gran polémica por el hecho de ir a votar en plena crisis sanitaria por el coronavirus, Francia celebró ayer la primera vuelta de unas elecciones municipales que pasarán a la historia por anómalas y marcadas por una cuestión fundamental: la pura conveniencia de haberlas celebrado, cuanto más al dar por hecho que va a ser complicado que se pueda celebrar la segunda vuelta, el próximo domingo 22 de marzo.

El Gobierno decidirá mañana si la vuelta definitiva se celebrará o no después de reunirse con su comité científico asesor. Varias voces de la oposición, tanto a derecha como a izquierda, han pedido al Gobierno que no espere más para anular la próxima cita con las urnas para elegir a los alcaldes y concejales de 35.000 municipios.

La tasa de abstención ha marcado esta anómala jornada disparándose al 55%, lo que supone un incremento de casi 20 puntos con respecto a la anterior cita, las municipales de 2014. «Los ciudadanos han expresado su inquietud con esta abstención», reconoció el primer ministro, Édouard Philippe, al cerrar las urnas, haciendo una breve valoración de la jornada electoral.

La paradoja de tener a un Gobierno llamando a la tranquilidad para ir a votar al considerar que los protocolos de seguridad en los centros de votación garantizaban un riesgo cero y a varias asociaciones médicas impulsando al mismo tiempo la campaña «Restez chez vous» (Quédese en su casa) ha protagonizado las horas de votación en la que varios alcaldes han levantado la voz al considerar que todo este contexto ha desvirtuado completamente los resultados. La etiqueta #jeniraipasvoter (no voy a votar) se popularizó el domingo en las redes sociales, mientras aumentaban también las críticas –muy veladas hasta la víspera– contra el Gobierno por mantener, pese a la aceleración de los casos y el endurecimiento de las consignas, las elecciones.

Al término de la votación, escasas reacciones porque los partidos redujeron a su mínima expresión su representación en sus sedes para valorar los resultados y para no producir ningún tipo de concentración, algo en reglas generales respetado durante toda la jornada como también lo fueron los protocolos en la entrada de cada centro de votación. Además, la falta de voluntarios por la crisis sanitaria ha provocado un escrutinio extremadamente lento durante toda la noche.

Francia es uno de los países europeos más afectados por el coronavirus, tras Italia y España. Estos comicios municipales se celebraban tras una jornada, la del sábado, en que la consigna de evitar concentraciones de más de cien personas fue ignorada tanto por manifestantes –cientos de «chalecos amarillos» salieron a protestar por París una semana más– como por ciudadanos que siguieron acudiendo en masa a bares, teatros y restaurantes.

Es por ello que el Gobierno de Édouard Philippe tuvo que endurecer las medidas tomadas hasta el momento para frenar los contagios, que muchas voces han considerado demasiado laxas en Francia hasta el momento, cerrando todas las tiendas excepto supermercados y farmacias. Fue precisamente Philippe uno de los primeros políticos en depositar su voto, en la ciudad de Le Havre en la que volvía a ser candidato a alcalde, minutos después de la apertura de los colegios electorales en toda Francia, a las ocho de la mañana.

También en París algunos candidatos, como la socialista Anne Hidalgo, que aspira a renovar mandato, o la candidata de Macron, la ex ministtra de Sanidad Agnès Buzyn, acudieron a primera hora a las urnas.

El presidente, que votó en la localidad de Le Touquet, en el norte de Francia, lo hizo pasado el mediodía. «Soy el garante de la seguridad y salud de nuestros ciudadanos, pero también de la vida democrática del país», justificó, tras votar, la decisión de mantener las elecciones.

Controles con Alemania

El ministro francés del Interior, Christophe Castaner, anunció ayer que su país reforzará los controles en su frontera con Alemania para limitar cualquier circulación «innecesaria» entre ambos países. En un comunicado, Castaner explicó que se mantiene en estrecho contacto con su homólogo alemán, Horst Seehofer, desde hace varios días y que los controles recíprocos anunciados ayer «no constituyen un cierre de nuestra frontera común».

Francia ya realiza controles puntuales en sus fronteras con los países limítrofes, aunque esta medida llega después de que Alemania acordase nuevas restricciones al movimiento con los países vecinos. Las nuevas medidas «tienen por objetivo limitar los intercambios innecesarios entre los dos países con el fin de limitar la propagación del virus», aseguró Castener.