Irán incluye a activistas políticos entre los 85.000 presos liberados de las cárceles por el Covid-19

Las muertes ascienden a 988 y los contagios a más de 16.000, pero las autoridades alertan de que pueden ser millones los infectados si la población ignora las recomendaciones ante el nuevo año iraní

Coronavirus in Iran
Los bomberos han comenzado a desinfectar las calles de Teherán en un esfuerzo por contener la pandemiaABEDIN TAHERKENAREHEFE

En Irán, al parecer, “las cuarentenas” para prevenir la propagación del Corona virus son argucias de Occidente y mejor dejar en manos de Alá el destino de 81 millones de almas. Este viernes se celebrará el Año Nuevo persa, el “Nowruz”, y las autoridades no han prohibido los desplazamientos, se han limitado a poner controles en las doce principales ciudades del país, pero no en el resto de las 32 provincias.

Esto supone un alto riesgo para propagar el Covid-19 por todo Irán. De hecho, la república de los ayatolás es el tercer país con más afectado por el virus después de China e Italia, con un total de 988 muertos y 16.169 infectados, según los datos oficiales. Los casos fatales se han multiplicado en los últimos días, con la muerte de otras 135 personas solo este martes, lo que ha hecho saltar las alamas de la sensatez de las autoridades de Teherán.

Ahora se lamentan de no haber sido estrictos con las normas de aislamiento y temen que “millones” de iraníes podrían contagiarse. En un intento desesperado de frenar la pandemia, el Gobierno anunció este martes la liberación de 85.000 presos para dar un poco de aire a las hacinadas cárceles del país. “La mitad de los liberados son personas que estaban en prisión por delitos de seguridad”, con penas inferiores a cinco años, señaló el portavoz de Justicia, Gholamhossein Esmaili.

El Gobierno anunció la liberación de 70,000 prisioneros el 9 de marzo en respuesta al virus, pero ninguno era activista político. El relator especial de la ONU sobre derechos humanos en Irán, Javaid Rehman, dijo que le había pedido a Teherán que liberara temporalmente a todos los presos políticos de sus cárceles, masificadas y plagadas de enfermedades, para ayudar a contener la propagación del coronavirus.

Algunos activistas de derechos humanos dicen que la República Islámica ha liberado al menos a una docena de presos políticos en los últimos días, pero que los más prominentes permanecen encarcelados. Antes del anuncio del 9 de marzo, Irán dijo que tenía 189.500 personas en prisión, según el informe que Rehman presentó al Consejo de Derechos Humanos en enero. Se cree que incluyen cientos arrestados durante o después de las protestas antigubernamentales del pasado mes de noviembre. Estados Unidos ha pedido por su parte a Teherán que libere a docenas de ciudadanos con doble nacionalidad y extranjeros detenidos principalmente por cargos de espionaje, diciendo que Washington responsabilizaría directamente al Gobierno de cualquier muerte estadounidense.

Falta de decisión en el Gobierno

Los casos de coronavirus comenzaron a aparecer en Irán antes de las elecciones parlamentarias del 21 de febrero, pero las autoridades decidieron no posponerlas y tampoco se decidió aislar entonces la ciudad sagrada chií de Qom, después de que se conociera que los primeros contagios letales vivieron a través de un trabajador chino que estaba construyendo una planta de energía solar allí y contagió a dos iraníes que murieron.

Teherán ha esperado hasta ayer para cerrar los lugares de peregrinación en Qom y Mashhad, permitiendo que la enfermedad se extendiera por todo el país, ya que hay multitudes que suelen rezar en allí 24 horas al día, siete días a la semana, tocando y besando el templo. Sin embargo, los radicales religiosos parece que no se han dado cuenta de la gravedad de la situación y en señal de protesta irrumpieron en los patios de los templos del Imán Reza en Mashhad y de Fatima de Masumeh en Qom.

El Ejecutivo tampoco suspendió inicialmente los vuelos a China, única vía económica que mantiene abierta la república islámica debido a las sanciones estadounidenses. Y pocos en Irán se creen las cifras oficiales, pero tampoco han hecho el esfuerzo de quedarse en casa, a pesar de que las autoridades instaron al confinamiento, y las tiendas y restaurantes permanecen abiertos.

“Quédese en casa... comprar para el nuevo año es como suicidarse en estos días”, dijo un funcionario del Ministerio de salud a la televisión estatal. El Covid-19 se ha llevado por delante a ministros, diputados e importantes clérigos chiíes. Entre los contagiados más célebres está la vicepresidenta, Masoumeh Ebtekar, que fue la portavoz en inglés de los estudiantes que tomaron la embajada de Estados Unidos en Teherán en la crisis de rehenes de 1979, y el asesor de política exterior del líder supremo, Ali Akbar Velayati. También ha fallecido Mohammad Mirmohammadi, miembro de la Asamblea de Discernimiento de Conveniencia del Sistema y cercano al ayatolá Ali Jamenei. El enviado de Irán al Vaticano, Hadi Khosroshahi, o el asesor judicial Ahmad Tuyserkani, entre otros parlamentarios.

La semana pasada, Irán pidió al Fondo Monetario Internacional (FMI) 5.000 millones de dólares en fondos de emergencia para combatir el brote. Para mitigar la presión económica sobre los iraníes, el Gobierno ha ordenado el aplazamiento en el pago de impuestos y préstamos hasta mayo. Emiratos Árabes Unidos (EAU) ha dejado de lado las rivalidades para prestar apoyo enviando dos aviones de ayuda sanitaria con 32 toneladas de suministros médicos, incluidos guantes y máscaras quirúrgicas.