El fin de una generación en Bérgamo: “Mueren como perros, como cerdos”

Roberta Zaninoni asegura que su padre Giuseppe de 72 años “estaba bien” hasta que el virus se cruzó en su camino

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Con las calles vacías, los camiones blindados del Ejército desfilaban ayer por una Bérgamo espectral. La escena, que comenzó a circular por las redes la medianoche del pasado miércoles, encerraba los horrores de una guerra, como ha definido Emmanuel Macron esta crisis. Dentro de esos vehículos militares había 60 féretros. Cuerpos sin vida de personas infectadas por el coronavirus a quienes no había modo de incinerar. El crematorio de Bérgamo lleva una semana operando las 24 horas, pero la capacidad es de 25 personas por jornada. En esta provincia de la región de Lombardía, el ritmo de fallecidos es de más de medio centenar al día y sólo esa noche se habían contabilizado 93 víctimas mortales más.

Así, los féretros salieron de Bérgamo a otras ciudades vecinas como Módena, Acqui Terme, Domodossola, Parma y Piacenza, donde sí pueden hacerse cargo de ellos. De este modo al menos se pone fin a una agonía, ya que los ataúdes se acumulaban en la iglesia del cementerio municipal. Además, con los funerales prohibidos -más que para un reducido grupo de familiares-, resulta muy complicado llorar a los muertos. Esta provincia ya ha tenido que lamentar la pérdida de más de 500 habitantes infectados por el coronavirus, mientras que cuenta con otros 4.300 contagiados, más que en la vecina Milán, que tiene el triple de habitantes.

Los mensajes, como los cadáveres, se acumulan desde Bérgamo. Ayer desde el hospital Giovanni XXIII, el centro de referencia en la zona, reclamaron ayuda urgente al Estado. Sus 80 camas de la unidad de cuidados intensivos -que ya ha sido ampliada- están ocupadas. El director del departamento de medina general, Stefano Fagiuoli, lanzó un mensaje en inglés a través de las redes sociales para “todo aquel que quiera ayudar”. “Necesitamos enfermeros, médicos especialistas, ventiladores y dispositivos de protección individual”, dijo. Y a la población le pidió, por favor, “que se quede en casa”.

Sin plazas en los hospitales

A última hora de ayer el Gobierno anunció que enviará otros 300 médicos a las zonas más afectadas. Pero es que tampoco hay mucho personal más al que recurrir, después de tirar de militares y médicos recién licenciados que no han pasado el concurso público. En las últimas horas se había anunciado que la Guardia Alpina instalaría un hospital de campo en Bérgamo para aliviar la presión de los otros centros, pero el problema que todavía está en el aire es qué personal se pone al frente de ellos. A la provincia de Lodi, donde surgió el primer foco, ya ha llegado un equipo de Médicos Sin Fronteras que estuvo desplegado en África durante la crisis del ébola.

Los alcaldes de los pueblos de Bérgamo denuncian que la falta de plazas en los hospitales está arrastrando a la gente a morir en casa. El número de víctimas infectadas de coronavirus podría ser más alto, aseguran, porque muchos están falleciendo sin que les hagan siquiera las pruebas. Desde la región de Lombardía siguen reclamando mascarillas y sanitarios.

Pero, quizás, el grito más desesperado es el de sus propios habitantes. Roberta Zaninoni perdió a su padre, Giuseppe, de 72 años, hace poco. “Mueren todos como perros, como cerdos, no tengo otro modo de decirlo. No es justo que papá se haya ido así. La gente dice que son todos viejos y enfermos, pero mi padre estaba bien”, bramaba en un vídeo difundido por la agencia Ansa. Roberta es vecina de Alzano Lombardo, un pueblo de la provincia de Bérgamo. La lista de espera para la cremación era de 10 días.