Trump prioriza la economía mientras los sanitarios de EE UU anticipan una catástrofe

La Casa Blanca se vuelca en medidas para evitar la desaceleración económica mientras la pandemia se propaga rápidamente en ciudades como Nueva York

Mientras la pandemia del coronavirus se esparce con fuerza por Estados Unidos, con más de 40.000 casos confirmados y cerca de 500 muertos, la Casa Blanca sigue más pendiente de la economía del país y la implementación de medidas necesarias para ralentizar al máximo sus consecuencias, que de la crisis de salud pública a la que se enfrenta el país en las próximas semanas.

En un país donde no sólo 28 millones de personas carecen de seguro médico, sino que además viven al día con el ingreso mensual de sus trabajos, aumenta la incertidumbre de cómo se va a hacer frente a la mayor crisis en la historia reciente del país.

Y es que las cifras de infectados en EEUU son tan inciertas como la falta de pruebas médicas para identificar y confirmar contagiados por coronavirus. En un país con al menos 330 millones de habitantes, la cifra de test realizados es negativamente simbólica.

Sin apenas pruebas médicas que confirmen los casos de coronavirus, tampoco se puede saber con certeza cuántos infectados hay, cuáles son sus perfiles y quién más de su entorno podría estar en riesgo. Otra de las preocupaciones es que, a diferencia de lo que ha sucedido en otros países como Italia, España o China, en EEUU la gente joven también es un perfil de riesgo. Más de la mitad de los enfermos en Nueva York, un 55% de los casos confirmados, tienen entre 18 y 49 años. Además, una niña de 12 años está ingresada con estado crítico por neumonía después de haber dado positivo por coronavirus.

El virus no une al Senado

El Pentágono anunciaba la puesta en marcha de medidas de urgencia, habilitando 5 millones de mascarillas, 2.000 ventiladores y 14 laboratorios de test donde se realizarán 6.000 pruebas al día, confirmaba Mark Esper, Secretario de Defensa de EEUU.

En el Senado de EEUU, sin embargo, la mayor crisis sanitaria del mundo no ha conseguido unir a demócratas y republicanos ni facilitar su capacidad de negociar. El plan de rescate para hacer frente al coronavirus esperaba aprobar en la Cámara Alta, en su tercer intento, el paquete de estímulos económicos de más de un billón de dólares para proteger a pequeñas empresas, aerolíneas y familias estadounidenses sin trabajo y sin sueldo.

El trámite político para paliar los efectos económicos no desvía la trayectoria del epicentro de la pandemia en EEUU, que se concentra por ahora en Nueva York. Más de la mitad de los casos de coronavirus se han producido en la “capital del mundo”. No sólo por su extensa población de 8 millones de habitantes, sino especialmente porque es el lugar donde se han realizado más pruebas médicas para confirmar los contagios.

Un nuevo fármaco

La ciudad de Nueva York denuncia que la semana que viene los hospitales podrían quedarse sin el material necesarios para hacer frente a la atención sanitaria urgente. Mientras Trump anuncia, “ilusionado”, que a partir de este martes probarán un nuevo fármaco utilizado hasta ahora para tratar la malaria y que esperan pueda traer buenos resultados en su uso contra pacientes con coronavirus, Centros de convenciones y otros grandes espacios públicos de Nueva York se están habilitando ya como hospitales provisionales para atender la creciente demanda.

“Necesitamos al menos 30.000 ventiladores para hacer frente a lo que nos viene”, pedía el gobernador Andrew Cuomo al gobierno federal. “Gestionemos primero la crisis de salud y, cuando pase, pensemos ya en la economía. Pero no ahora”, añadía Cuomo.

Por hora, al menos un millar de camas adicionales, máquinas de respirar y material de protección para hacer frente a nuevos pacientes que necesiten con urgencia atención médica la semana que viene en Nueva York, donde al menos 20.000 personas han dado ya positivo. Lo que supone más de la mitad de todos los casos de infectados del país.

Lousiana se ha convertido en el estado del país y el lugar del mundo donde más rápidamente ha aumentado la propagación del coronavirus y sus consecuencias, con 800 enfermos confirmados y 20 muertes. Massachusetts, Michigan y Maryland son los últimos estados en resistirse a tomar las medidas restrictivas, siguiendo el estado de alerta impuesto por el resto de estados, condados territorios y ciudades del país. Más de 10 millones de estadounidenses confinados en casa.

El presidente Donald Trump se resiste a extender el estado de alerta a nivel federal, tal y como sugiere la experiencia de los países que han superado la etapa inicial en la que se encuentra EEUU, aunque anuncia que pasados los 15 días de emergencia nacional, declarada el pasado viernes 13 de marzo, tomará una decisión al respecto.

“NO PODEMOS DEJAR QUE LA CURA SEA PEOR QUE EL PROBLEMA MISMO. ¡AL FINAL DEL PERÍODO DE 15 DÍAS, TOMAREMOS UNA DECISIÓN EN CUANTO HACIA DÓNDE QUEREMOS IR!”, tuiteaba el presidente en mayúsculas.

Una catástrofe por llegar

Mientras tanto, personal sanitario del país denuncia miedo y preocupación ante la que auguran será una catástrofe las próximas semanas. La falta de equipo médico de protección como mascarillas, batas quirúrgicas o productos desinfectantes, obliga a personal médico como enfermeras a construir con artilugios caseros sus propias mascarillas.

Rostros conocidos como Daniel Newman, actor de la serie Walking Dead, denuncian sus casos personales en medios y redes sociales. A pesar de manifestar síntomas, dificultades respiratorias y haber estado en contacto con personas que han dado positivo Newman denunciaba que no se ha podido hacerse el test. Y su calvario de eternas llamadas durante días, visitas a urgencias y una cuenta final de 9.000 dólares no fue suficiente para realizarle la prueba médica que confirmara su patología. “Me pregunto cuántas miles de personas más del país estarán en la misma situación”, aseguraba a la cadena CNN.

Aunque la carencia de test es sólo el primer eslabón del bloqueo que la pandemia experimentará en EEUU. Y es que según expertos, como Peter Hotez del Baylor College of Medicine, se necesita aumentar al menos un 50%, e incluso un 100 por ciento, la capacidad de los hospitales para atender a los enfermos en las próximas semanas, así como más material imprescindible, especialmente ventiladores. “Estamos fuera de tiempo, tenemos que actuar en los próximos días”, denunciaba Hotez.

Como telón de fondo a la crisis sanitaria, otro problema florece en la interrumpida primavera estadounidense. Ciudadanos de origen chino y oriental temen por su seguridad tras la calificación de “virus chino” del presidente Trump quien, según él mismo, se ha convertido en “un presidente en tiempos de guerra”. El temor a las amenazas racistas hacia este colectivo y sus posibles consecuencias han hecho poner en alerta a los que ya aseguran empiezan a sufrirlas.