El hipercontagio chino a EE UU: más de 100.000 infectados por coronavirus

Donald Trump firma el mayor rescate de la historia del país para salvar la economía mientras estudia el cierre total de Nueva York

Estados Unidos es un país tan extenso como las diferencias entre los ciudadanos de sus 50 estados. De norte a sur, de este a oeste, ningún estado federal es igual que otro. La gestión del coronavirus, que está arrasando con fuerza, está coordinada por la Casa Blanca, pero las decisiones más importantes las están tomando los gobernadores y cargos públicos estatales, no federales. El presidente Donald Trump admitió ayer que se está estudiando ordenar el cierre de Nueva York, Nueva Jersey o Connecticut, pero todavía se resistía a dar ese paso a pesar de las peticiones de las autoridades locales.

Desde que el presidente de EE UU declarara la emergencia nacional el pasado 13 de marzo, la curva no ha dejado de crecer y lo peor está aún por llegar. Con más de 100.000 casos contabilizados en las últimas horas y cerca de 1.600 muertos, se espera alcanzar el pico de la curva dentro de 21 días. EE UU se posiciona, por tanto, como el primer país del mundo en superar esa cifra de infectados, convirtiéndose también en el más afectado por el coronavirus y en nuevo epicentro de la pandemia en el mundo.

Trump firmó este viernes en el Despacho Oval el plan de rescate económico de más de dos billones de dólares, aprobado por el Senado y ratificado por la Cámara de Representantes. El mayor paquete de estímulo económico de la historia del país. A esta decisión sin precedentes le siguió otra el mismo día, respaldada también por una parte de oposición demócrata: la invocación de la ley de Producción de Defensa para obligar a empresas, como General Motors o Ford, a fabricar respiradores para atender a pacientes con el virus. Una ley que se remonta a la guerra de Corea y que se pone en marcha por primera vez, no exenta de polémica.

Y es que Trump criticó duramente a las compañías automovilísticas, acusándoles de estar «perdiendo el tiempo». El presidente estadounidense sigue muy pendiente, desde la Casa Blanca y con sus conferencias diarias de gestión de esta crisis, de mitigar al máximo las consecuencias económicas de esta crisis sanitaria. Su prioridad y máxima preocupación, según ha demostrado desde el inicio, es la economía y, por ello, ha impulsado la implementación de medidas necesarias para ralentizar el daño, que ya está batiendo récords sobre todo para el empleo. También por primera vez en la historia de EE UU, 3,3 millones de ciudadanos han solicitado esta semana la prestación de ayuda por desempleo.

Interdependencia entre China y EE UU

La crisis de salud pública a la que se enfrenta el país, con casi la mitad de los estadounidenses confinados en sus casas, tendrá un fuerte impacto a nivel nacional e internacional. «El mundo no está en la misma línea temporal. EE UU está llegando ahora donde China estaba hace dos meses y la mayoría de los países de América Latina están aún tres semanas por detrás de EE UU. Esto perjudica a la economía mundial y a la cadena global de producción, exportación e importación, porque los países no están funcionando al mismo tiempo», asegura Thiago de Aragao, especialista en riesgo político de CSIS.

EE UU y China, a pesar de su guerra dialéctica y desencuentros protagonizados en el pasado más reciente en busca de un tratado comercial que contentara a ambas partes, dependen el uno del otro más de lo que les gustaría reconocer.

«China depende del consumo de EE UU para que su producción de artículos electrónicos y químicos, de su industria farmacéutica y de las empresas americanas con sede en Pekín, salga adelante y su economía siga funcionando". Por lo tanto, es complicado tener una ruptura total.

Los dos países llegaron a un consenso de que toda narrativa política de uno en contra del otro no necesariamente impide un acuerdo económico o el interés mutuo de alcanzar sus puntos económicos prioritarios», añade de Aragado. «Incluso antes del virus, cuando la economía estaba en muy buena situación, la preocupación de no llegar a un acuerdo comercial con China era muy grande. Y los impactos económicos en varias regiones de EE UU afectaron directamente a electores de Trump. Después de esta pandemia, la necesidad de tener un acuerdo comercial más robusto, hará aumentar considerablemente la dependencia de uno y otro», sostiene.

Una relación de dependencia con altos y bajos que ninguno se atreve a convertir en ruptura. Trump encauzó esta crisis calificándola como el «virus chino» y lo remarcó en sus discursos de la sala de prensa de la Casa Blanca. Aunque poco después dejó de hacerlo repentinamente, enviando un mensaje de alerta antirracista a la nación por los ataques a los que se expusieron con sus palabras muchos estadounidenses de origen chino.

Esta semana, Trump daba a conocer su «muy buena conversación» con el presidente de China. «Comentamos en gran detalle el Coronavirus que está devastando grandes partes de nuestro planeta. China ha pasado por mucho y ha desarrollado una sólida comprensión del virus. Estamos trabajando muy juntos. ¡Mucho respeto!», publicó en Twitter. Hay que esperar a ver si funciona la cooperación.