Sanders se rinde y da paso a Biden

El senador de Vermont abandona la carrera demócrata a la Casa Blanca y deja el camino libre al ex vicepresidente para enfrentase a Trump en noviembre

Adiós a Bernie Sanders. Adiós a su última oportunidad de liderar la batalla contra el presidente Donald Trump. El candidato demócrata, senador por Vermont, representante del ala izquierdista del partido, él mismo un independiente, abandona la campaña. Deja el camino expedito de la nominación a Joe Biden, exvicepresidente con Obama y favorito del sector más tradicional de los demócratas, que contemplaba con horror la hipótesis de una candidatura liderada por el autotitulado socialista Sanders.

«Desearía poder daros mejores noticias», declaró ayer, «pero creo que saben la verdad, y es que vamos con unos 300 delegados detrás de Biden, y el camino hacia la victoria es prácticamente imposible. Así que mientras estamos ganando la batalla ideológica y mientras ganamos el apoyo de tantos jóvenes y trabajadores en todo el país, he concluido que esta batalla por la nominación no tendrá éxito. Y hoy anuncio la suspensión de mi campaña».

Antes de hacer pública su salida Sanders se habría dirigido a los miembros de su campaña. No había nada que hacer y cuanto antes cediera la cuchara antes podrán concentrarse los demócratas en una campaña bajo la sombra desbocada del coronavirus.

Trump no desaprovechó la ocasión. En Twitter escribió poco después: «Sanders está fuera. Gracias Elizabeth Warren. Si no hubiera sido por ella Bernie habría ganado casi todos los estados el Supermartes. Esto acaba como querían los demócratas y el Congreso Nacional Demócrata. Igual que con el fiasco de la Corrupta Hillary. La gente de Bernie debería venir al Partido Republicano».

Biden también respondió a la caída. Con elegancia característica. En un comunicado explica que las causas de Sanders sigue vigentes. Agradece los servicios prestados. Promete recoger el testigo. Trata de seducir a los seguidores del senador: «Bernie ha puesto su corazón y su alma no solo en postularse para presidente, sino también por las causas y los problemas a que ha dedicado toda su vida. Sé lo difícil que ha sido tomar esta decisión, y lo difícil que es para sus millones de seguidores, especialmente los votantes más jóvenes, inspirados y energizados y traídos a la política gracias a su agenda progresista».

Según Biden, «el senador y sus partidarios han cambiado el guión en Estados Unidos. Las cuestiones a las que se les había prestado poca atención, o poca esperanza de que alguna vez sucedieran, están ahora en el centro del debate político. La desigualdad de ingresos, atención médica universal, cambio climático, universidad gratuita, el alivio a los estudiantes de la aplastante deuda de los préstamos. Estos son solo algunos de los problemas a los que Bernie y sus seguidores han dado vida. Y aunque es posible que Bernie y yo no estemos de acuerdo sobre cómo podríamos llegar allí, estamos de acuerdo en el objetivo final de estos problemas y muchos más».

Por supuesto ésta es la segunda ocasión en la que Sanders deja el camino expedito a su rival en unas primarias. Antes, en 2016, fue su derrota a manos de Hillary Clinton, que acabó por obtener la nominación para posteriormente perder frente a Trump. Entre los partidarios de Sanders, por cierto, uno de los argumentos recurrentes para justificar esta segunda vuelta, este segundo intento por alcanzar lo que no fue posible en 2016, pasaba por declarar que a un populista como el actual presidente sólo podría combatirse con otro político igualmente dispuesto a recurrir a los argumentos más radicales. Bueno, en realidad nadie lo expresaba con tanta crudeza. Pero la idea fundamaental es que Biden, mucho más convencional, mucho menos directo, no tendría ocasión de hacer mella a quien, como Trump, dinamita todos los caminos tradicionales de la vieja política para emplearse más bien como un púgil sin demasiados escrúpulos y un populista de manual.

El voto de los seguidores de Sanders

El gran peligro para los demócratas, igual que en 2016, es que los seguidores de Sanders no voten en noviembre, o apoyen a Trump. En los anteriores comicios un 12% de sus seguidores se pasaron al bando republcano. Aunque en esta ocasión no forzó la rivalidad con su oponente y ha optado por retirarse antes de que la hemorragia fratricida sea incontenible.

Sanders ha ido de más a menos hasta acabar estrellado. Arrasó en las primeras votaciones, en Iowa, New Hampshire y Nevada, y después no ha levantado cabeza. Por el contrario, Biden parecía destinado a reeditar el fracaso de Jeb Bush en 2016, cuando Trump liquidó los planes del «establishment» republicano. Incluso se especulaba con que Pete Butiggieg o Michael Bloomberg dieran la batalla contra el socialista. Pero primero Carolina del Sur y después Alabama, Arkansas, Maine, Massachusetts, Idaho o Texas dictaron sentencia. Biden era el favorito y el sueño de un Sanders estaba condenado a extinguirse. Desde luego él mismo había contribuido a la debacle. Un suponer cuando apoyó según que aspectos de la Cuba castrista.

En opinión de Biden, «voces como las de Bernie impiden que aceptemos que no podemos cambiar lo que está mal en nuestra nación», y si bien «la campaña de Sanders ha sido suspendida, su impacto en estas elecciones y en las próximas elecciones está lejos de terminar. Abordaremos la crisis existencial del cambio climático. Enfrentaremos la desigualdad de ingresos en nuestra nación. Nos aseguraremos de que la atención médica sea asequible y accesible para todos los estadounidenses. Haremos que la educación en nuestros colegios y universidades públicas sea gratuita. Aliviaremos la carga de la deuda estudiantil. Y, lo más importante de todo, venceremos a Donald Trump (...) Y cuando lo logremos no sólo nos pondremos con el arduo trabajo de reconstrucción de esta nación, sino que también la transformaremos».