El virus evidencia las lagunas de la sanidad estadounidense

El coste del tratamiento hospitalario llega a los 6.000 dólares. Hay 28 millones de ciudadanos sin asegurar y muchos otros con pólizas muy precarias

379.965 positivos por coronavirus y 12.242 muertes. Son los datos, terribles del epicentro de la pandemia por coronavirus, Estados Unidos. Un país donde muchos vienen advirtiendo que la naturaleza del sistema, sus evidentes insuficiencias, la gran masa de población sin cobertura, cerca de 28 millones, o con seguros precarios, incontables, multiplicaría la voracidad de la crisis.

Puntera por tantas razones, esencialmente relacionadas con la investigación y los servicios más elitistas, la sanidad de Estados Unidos es también tremendamente irregular. Es muy posible que sus laboratorios figuren entre los primeros en desarrollar una vacuna y/o un tratamiento para los enfermos. Al mismo tiempo millones de ciudadanos afrontan la epidemia con muchas menos garantías que los de otras naciones desarrolladas.

Se estima que gracias a la reforma sanitaria de Obama, el célebre «Obamacare», tan celebrado como polémico, cerca de 20 millones de estadounidenses lograron asegurarse. Pero los seguros médicos, en EE UU, están íntimamente ligados al trabajo. Con el paro en cifras inéditas desde los tiempos de la Gran Depresión, más de 6 millones de parados en apenas 15 días, peligran muchos de los beneficios de los nuevos parados.

La NBC, por ejemplo, cita un estudio del Economic Policy Institute, publicado este jueves, que estima que hasta 3,5 millones de trabajadores «pueden haber perdido su seguro de salud patrocinado por el empleador en las últimas dos semanas debido a los despidos».

Como de costumbre en país tan descentralizado como EE UU, el gobierno federal ha preferido dejar la respuesta en manos de los estados también en la cuestión de los seguros. Algunos estados han suavizado las condiciones para acceder a los beneficios del «Obamacare», mientras que otros han preferido no tocarlos.

Silla de ruedas antes que operación. El miedo de los epidemiólogos siempre fue que millones de empleados, por ejemplo aquellos con copagos demasiado onerosos, por no hablar de los inmigrantes ilegales, siguieran acudiendo a sus trabajos a pesar de desarrollar síntomas compatibles con el coronavirus. A fin de cuentas, por citar un ejemplo entre mil, EE UU es un país donde en sus barrios más pobres resulta frecuente encontrarse con decenas de personas en sillas de ruedas: sale mucho más barato postrarse en una silla que operarse de la cadera.

Para muchos comentaristas la falta de un sistema de salud universal provocaría problemas añadidos. Los costos siempre han pesado en las decisiones de los enfermos estadounidenses, donde una simple visita al médico de atención primaria, y eso contando con un seguro, no baja de los 50 dólares.

Por si fuera poco Estados Unidos tiene médicos y menos camas de hospital que otros muchos países desarrollados. De hecho son 2,6 médicos por cada 1.000 personas, frente a los 3,3 de Portugal, los 3,5 de Holanda, los 3,6 de Australia, los 4 de Rusia y Argentina, los 4,1 de España e Italia, los 4,2 de Alemania, los 4,6 de Grecia y Noruega, los 6,6 de Mónaco.

A todo esto se añade la catastrófica respuesta de los tests, que el gobierno fue incapaz de coordinar durante semanas. Ciertamente la Casa Blanca habla de pagar los costos sanitarios de aquellos ingresados por coronavirus y que carezcan de seguro, algo inimaginable hace apenas un mes, pero la letra pequeña es tan complicada, las condiciones tan vagas, los requisitos tan intrincados y las excepciones tan numerosas que, tal y como explicó Sara Collins, vicepresidente de la Fundación de Cobertura y Acceso a la Atención Médica de la Commonwealth, podríamos estar ante «una enfermedad catastrófica tanto desde una perspectiva física como financiera».

Collins también explicaba que los costos hospitalarios para un ingresado por coronavirus, en especial en los casos más graves, que requieran el uso de ventiladores y el internamiento en la UCI, puede irse más allá de los 20.000 dólares: «la tasa negociada que las grandes compañías de seguros de salud están pagando a los proveedores de una persona con neumonía con complicaciones significativas está en el estadio de 20.000 dólares».

Otros estudios citados por la emisora, como un recientemente publicado por la Kaiser Family Foundation, estiman que el tratamiento no bajará de los 40.292 dólares de media, de los que entre 1.300 y 6.000 puede corresponderle pagar al asegurado. O como le explicaba a mediados de marzo Cynthia Cox, experta en Salud de la Peterson-Kaiser, a la revista Vox: «El brote de coronavirus está exponiendo ineficiencias e inequidades en nuestro sistema de salud, y es probable que ejerza mucha más presión sobre el sistema en las próximas semanas».