“Aumentará la vigilancia. Las leyes represivas nunca son temporales”

El sociólogo estadounidense Mike Davis considera que “el proyecto europeo será una de las víctimas de la pandemia”

Michael Davis (California, 1946) es uno de los referente de la izquierda estadounidense. Sociológico, teórico del urbanismo y escritor, el también activista augura un resurgir del movimiento obrero en Estados Unidos impulsado por los efectos económicos de la pandemia. A nivel internacional cree que Estados Unidos ha perdido el liderazgo moral y que China podría recoger el testigo.

¿La pandemia puede suponer un movimiento tectónico a nivel geopolítico? ¿Hará que China sea el centro financiero mundial en los próximos años?

Hace poco leí un artículo de un historiador italiano que sostiene que la pandemia de la peste del siglo XVII en Europa, que fue especialmente devastadora para Italia, aceleró el declive del Mediterráneo e impulsó un cambio de poder hacia la economía atlántica. ¿No está sucediendo algo comparable hoy? Trump ha acabado con la idea del liderazgo moral de Estados Unidos en el mundo por su actitud frente al virus desde enero. En contraste, China ha logrado dominar temporalmente la pandemia y se apresuró a enviar ayuda a docenas de países. Hereda el manto de liderazgo mundial que Trump y los republicanos han desechado. Este es un evento geopolítico de primer orden.

Gobiernos de varios países ya usan la tecnología para controlar cada movimiento de sus ciudadanos con el argumento de frenar la pandemia. ¿Cree que muchos más países acabarán aceptando esta herramienta?

En estos momentos, en Estados Unidos, el cierre de la economía supone la extinción para decenas, quizás cientos de miles de pequeñas empresas. A pesar de la promesa de que habrá préstamos federales, estos negocios nunca reabrirán, lo que, por supuesto, representa una ganancia inesperada para Amazon, convertido ahora en el mayor monopolio de la historia. Esta depresión (más comparable a la de 1932 que a la de 2008) va a transformar profundamente las estructuras sociales en la mayoría de los países: más trabajadores vinculados al sector servicios van a caer en la pobreza, millones perderán sus hogares, las desigualdades raciales se agrandarán y los gigantes de las finanzas y la industria van a fortalecerse aun más y concentrar su poder sobre el resto del mundo. Y, por supuesto, el estado intensificará la vigilancia y el control sobre nuestras vidas. Sabemos por la experiencia de la llamada Guerra contra el Terror que cuando se declaran los estados de emergencia rara vez se levantan. Las leyes represivas nunca son temporales.

¿Cómo está afectando esta crisis a los sectores más expuestos al virus?

El día en que el presidente Trump decía que Estados Unidos es el país más avanzado científica y tecnológicamente de la historia, el New York Times publicaba instrucciones de cómo hacer máscaras quirúrgicas en casa. De hecho, mi esposa, que es una artista mexicana, se ha unido a otros artistas para coser máscaras para enfermeras que se han quedado sin suministros de protección esenciales. Los hospitales se están quedando sin nada, excepto falsas promesas y mentiras de la Casa Blanca. Los trabajadores sanitarios de EE UU se están radicalizando en medio de esta tormenta. El Sindicato Nacional de Enfermeras se ha convertido en la conciencia social del país y en una fuerza de cambio. La pandemia está transformando el movimiento de los trabajadores en EE UU y llevándolo hacia la izquierda.

Estados Unidos tiene un sistema sanitario muy diferente al europeo. ¿Habrá gente que se quedará sin cobertura médica al no poder pagar un seguro médico?

Creo que mucha gente corriente está comenzando a pensar que las grandes farmacéuticas y los ‘especuladores en tiempos de guerra’ son incapaces de garantizar que la revolución que está teniendo lugar en términos de biología, vacunas y genoma se aplique realmente a la sanidad pública como un derecho democrático. En Estados Unidos, la cruzada de Bernie Sanders y Elizabeth Warren por la cobertura sanitaria universal ha cobrado relevancia nuevamente, por lo que ahora la batalla dentro del Partido Demócrata consiste en garantizar que los programas de Medicare para todos se conviertan en el centro de la plataforma electoral del partido. Los jóvenes menores de 35 años, que apoyan abrumadoramente a Sanders, no votarán a Joe Biden a menos que eso suceda. Mientras tanto, las personas mayores, las víctimas olvidadas en esta pandemia, probablemente se conviertan en una fuerza mucho más progresista.

¿Ganará mucho peso el sector público en los países? En algunos lugares habrá empresas en ruina que podrán ser nacionalizadas.

Si la experiencia de las dos guerras mundiales ofrece alguna lección es que las medidas en favor del bien colectivo forzadas durante la crisis y aceptadas a regañadientes por parte de la élite financiera no durarán mucho a menos que los movimientos populares luchen por conservar los avances, como la nacionalización de los hospitales (Irlanda), la producción pública de medicamentos y vacunas (una demanda presentada aquí por Elizabeth Warren) y la implementación de una renta universal. Desde que Trump anunció que estamos en guerra, estoy planteando en varios artículos y entrevistas la reactivación de las medidas de guerra como un impuesto para el exceso de beneficios y un tope en los ingresos personales. Tales medidas tuvieron un amplio apoyo popular en las dos guerras mundiales y sirvieron para fortalecer la idea del igualitarismo.

Europa se juega algo más que su credibilidad en este momento. Algunos países no quieren aceptar los eurobonos como fórmula para repartir las costes de la pandemia. ¿Estará a la altura de lo que muchos ciudadanos quieren?

El fracaso de la UE a la hora de desarrollar una respuesta común e implantar un sistema para mutualizar la deuda es un reflejo de su desorganización durante la crisis de refugiados. Cuando países vecinos de Italia, incluida Francia, cerraron sus fronteras y frenaron la transferencia de suministros médicos, lo que está pasando es que aumentan enormemente las posibilidades de que Salvini y su Liga Norte planteen la salida del país de la UE. El proyecto europeo tendrá que ser considerado una de las víctimas de la pandemia.

¿Habrá más protestas si la recuperación económica tarda mucho en llegar?

Es un error pensar que la gente trabajadora está el centro de los intereses de Trump más allá de su campaña para la reelección. En Estados Unidos, el proyecto de ley aprobado por el Congreso para aliviar los efectos de la crisis con dos billones de dólares es básicamente un obsequio a compañías aéreas, bancos, hoteles y otros sectores que apoyan al Partido Republicano, aunque resulta interesante ver a este presidente aterrorizado pisotear las posiciones económicas tradicionales del Partido Republicano. Al igual que Nixon en 1971-72, Trump está actuando como un keynesiano loco dispuesto a ordenar a la Reserva Federal imprimir dinero.

¿Cómo va a afectar la recesión al futuro de la economía?

La recuperación será larga, difícil y dejará millones de desempleados o subempleados de forma permanente. Acelerará las fusiones entre empresas, y acelerará también la robotización de la producción y de los servicios. El temor a la pandemia eclipsa ahora la alarma sobre el calentamiento global, pero vamos a ver una mayor desregulación en la protección del medio ambiente.

¿Qué respuestas tiene la izquierda en este momento?

Estamos en vísperas de una gran renovación del activismo obrero y comunitario, pero, ¿tendrá una dimensión internacionalista? A pesar de que ha surgido una nueva izquierda muy amplia en Estados Unidos y a que la mayoría de los menores de 30 años dicen en las encuestas que alguna forma de socialismo es preferible al capitalismo, el instinto de solidaridad es débil y a menudo ausente. En los debates de las primarias demócratas, por ejemplo, ninguno de los dos candidatos progresistas abordó cuestiones como la pobreza mundial en el contexto de la deuda internacional. Tampoco hablaron del desarme nuclear. Parte de la izquierda se está deslizando hacia su propia versión del “America First”.