La carrera por la hegemonía de la vacuna

Golpeados por la letalidad del coronavirus y el parón económico derivado de la emergencia sanitaria, las potencias compiten por exhibir músculo científico.

Al igual que en los años 60, el mundo vivió una trepidante carrera espacial, los gobiernos dedican hoy recursos humanos y financieros a la carrera por la vacuna del Covid-19. Ante las decenas de miles de fallecidos y el parón económico por la crisis, los estados exhiben poder al mostrar a sus científicos a las puertas de un posible remedio a esta pandemia. Todos compiten por ser pioneros. Conseguir una vacuna nacional levantará la golpeada moral de sus ciudadanos así como despertará el patriotismo. ¿Quién será el primero?

Estados Unidos

Una idea rompedora, obscena según unos, excitante y lógica según sus defensores, se abre paso en EE UU: apostar por un experimento que incluya doscientos voluntarios que acepten infectarse de coronavirus y reciban, a cambio, bien las vacunas experimentales bien placebos. Un salto en el procedimiento que, según los promotores de la idea, ahorraría varios meses cruciales en la búsqueda de una cura. Pero que obviamente presenta problemas de índole ética difícilmente soslayables.

La posibilidad ha sido patrocinada por más de 30 congresistas, que en una carta enviada a la Casa Blanca reconocen la importancia de equilibrar «los beneficios de tener un nuevo medicamento disponible rápidamente» y «los riesgos para la salud humana» provocados por «implementar un medicamento con efectividad y efectos secundarios desconocidos». «En el caso de vacunas para enfermedades normales», explican, «esto provoca que el tiempo de aprobación típico para una vacuna sea de entre 18 meses y varios años». «Sin embargo», añaden, «el enorme costo humano de la epidemia de Covid-19 altera la optimización de la análisis de riesgos/beneficios en favor de una aprobación y despliegue más rápidos».

No en vano, «cada semana de retraso en el despliegue de una vacuna», sostienen, «costará miles de vidas» y «la miseria humana también es provocada por el daño económico causado por la pandemia». De ahí que insten a considerar procedimientos excepcionales la «prueba, aprobación y uso de vacunas». Los congresistas instan al presidente «a considerar estos y otros opciones, siempre que procedan según el principio del consentimiento informado a sujetos verdaderamente voluntarios y que estén respaldados por la mejor ciencia disponible. Nuestra situación en esta pandemia es análoga a la guerra, en la que existe una larga tradición de voluntarios que arriesgan su salud y viven en situaciones peligrosas, misiones para las cuales entienden los riesgos y están dispuestos a hacerlo para ayudar a salvar la vida de los demás».

Por otro lado advierten que la propiedad intelectual «no debe ser un obstáculo» y el país tampoco puede caer en «el síndrome de “no inventado aquí”». Los congresistas instan al presidente a mantenerse en contacto constante con las novedades en la investigación a nivel internacional, a que confíe «en los mejores datos científicos disponibles», mantener el contacto con los investigadores y productores de vacunas y con los «reguladores en todo el mundo, para que si se desarrolla una vacuna mejor, probado en otras partes del mundo, estemos de condiciones de aprobar la y producirla» cuanto antes.

Entre tanto, el experto en vacunas Rick Bright, recientemente destituido de su cargo como director de la Autoridad de Investigación y Desarrollo Avanzado Biomédico, insisten que fue despedido después de que denunciara algunos de los tratamientos promocionados por el presidente, Donald Trump.

Bright planea presentar una denuncia ante la Oficina de Asesoría Especial para explicar las represalias a las que habría sido sometido «después de plantear las apropiadas precauciones, basadas en la ciencia, sobre la insistencia de la Casa Blanca entre determinados tratamientos y vacunas relacionadas con la pandemia de Covid-19». Según sus abogados, fue destituido por resistirse «a los esfuerzos para proporcionar acceso sin restricciones a drogas potencialmente peligrosas, incluida la cloroquina».

Francia

En Francia, el Instituto Pasteur y el gigante farmacéutico Sanofi forman parte de la carrera por la vacuna además de un buen puñado de laboratorios biotecnológicos, algunos implicados en proyectos conjuntos. Sin embargo, el propio primer ministro Edouard Philippe rebajó las esperanzas por la multiplicación de candidaturas esta misma semana “no menos de 116 candidatos” en curso -entre los que se encuentran Sanofi y el Pasteur- pero ningún resultado en firme se espera antes de “mediados de 2021”, por mucho que se intenten acortar los plazos en el calendario.

Philippe ha explicado a los franceses estos días que la realidad es que habrá que “aprender a convivir con el virus durante muchos meses”. En el caso de Sanofi, está trabajando junto a otro gigante, el británico GSK, junto al que espera proponer una vacuna de aquí al año que viene.

“Todavía no hemos entendido muy bien el papel de los anticuerpos en este fenómeno”, ha admitido Frédéric Tangy, especialista en vacunas del Instituto Pasteur a la agencia AFP. “En algunas condiciones, los anticuerpos pueden agravar la enfermedad”. Así sucedió con varias vacunas de Sanofi contra el dengue y el sarampión en los años 1960. Además, los coronavirus son virus ARN que tienen la particularidad de “mutar mucho”, según Tangy. Por ello, el Instituto Pasteur trabaja también en una “vacuna universal contra los coronavirus” que actúe sobre las proteínas comunes de esta familia de virus.

Mientras la vacuna llega, continúan las investigaciones para encontrar un tratamiento. El ensayo clínico europeo Discovery, coordinado por el Inserm en Francia, está testando cinco modalidades de tratamiento, basadas en medicamentos antivirales (remdesivi, lopinavir y ritonavir), pero también en la hidroxicloroquina, de la que se ha hablado mucho en Francia en las últimas semanas a partir de los estudios del controvertido doctor Didier Raoult en Marsella.

Reino Unido

Los científicos de la Universidad de Oxford comenzaron el pasado jueves a realizar ensayos con humanos de una posible vacuna para la Covid-19. Los expertos iniciaron sus primeros análisis el pasado enero y ahora han comenzado a trabajar con 510 voluntarios de entre 18 y 55 años en el Hospital Universitario de Southampton (suroeste de Inglaterra).

El prototipo de vacuna se ha realizado a partir de una combinación de una versión debilitada del virus que provoca el catarro común en chimpancés -que ha sido genéticamente modificado para que resulte imposible su crecimiento en seres humanos- y los genes que fabrican las proteínas del coronavirus. A la mitad de voluntarios se les ha inyectado la vacuna de la Covid-19. La otra, ha sido inoculada con una vacuna “de control” contra la meningitis y la septicemia, para comparar efectos.

Incluso si una vacuna llegara a estar inesperadamente al alcance de un amplio número de personas, es todavía demasiado pronto para especular sobre el grado de su eficacia”, advierte el doctor Ohid Yaqub, profesor de la Unidad de Investigación en Política Científica de la Universidad de Sussex.

Si es una vacuna de baja eficacia, las implicaciones políticas sobre el modo en que se aplica [a la población] serán diferentes. Creo que, por el momento, la atención política debería centrarse en la realización de test y en la capacidad del sistema de salud público, así como en cómo gestionar los costes sociales de un futuro confinamiento parcial todo el tiempo que sea necesario”, añade.

El Ejecutivo de Boris Johnson ha destinado al proyecto 23 millones de euros que se suman a otros 25 millones de euros que se han puesto a disposición del Imperial Collegue de Londres para un trabajo similar. El ministro de Sanidad Matt Hancock asegura que este tipo de procesos son “una ciencia incierta” que implican muchos fallos previos antes de lograr el resultado esperado, pero recalca que van a poner a disposición de científicos “los servicios necesarios para maximizar las oportunidades de que tengan éxito tan pronto como sea posible”.

El Gobierno asegura que es uno de lo países que más dinero está destinando para encontrar vacuna contra la Covid-19. En cualquier caso, aunque en Reino Unido ya se ha llegado al pico de la pandemia, Downing Street es objeto de duras críticas por su gestión ante la crisis, especialmente por la escasez del equipo de protección para el personal sanitario y no realizar suficientes test.

Alemania

Angela Merkel instó el viernes a todos los actores públicos y privados con capacidad financiera a contribuir al fondo de la OMS para desarrollar una vacuna contra el coronavirus. «Debemos cubrir aún un agujero financiero bastante importante», dijo Merkel en una videollamada con los promotores de la conferencia de donantes prevista para el 4 de mayo y aludió a un agujero financiero de 8.000 millones de euros que, según la Junta de Seguimiento de la Preparación Global, sería necesario para el desarrollo de una vacuna. La canciller aseguró que Alemania realizará una «contribución sustancial» a este fondo y se mostró esperanzada en que la cooperación internacional dé sus frutos en este ámbito.

Esta semana, el organismo regulador de vacunas de Alemania, el Instituto Paul Ehrlich (PEI) autorizó el primer estudio clínico en Alemania para un vacuna contra el Covid-19 en un grupo reducido de voluntarios sanos. Según precisó el PEI, se trata de una vacuna RNA, elaborada por la empresa alemana de biotecnología BioNTech, que provoca que el organismo humano genere proteínas, las cuales son repelidas por el sistema inmunitario.

En la primera fase del estudio clínico se probará respectivamente en 200 voluntarios sanos en edades comprendidas entre los 18 y los 55 años una de varias variantes de vacuna ligeramente modificadas. Tras un periodo observación, en la segunda fase del estudio clínico se vacunará a más voluntarios del mismo grupo de edad.

El objetivo es probar diferentes variantes de posibles vacunas basadas en el ARN y determinar su tolerancia y capacidad de crear una respuesta inmunológica, y posteriormente también el impacto de una segunda vacuna. Si se cumplen las expectativas, el número de personas susceptibles de ser sometidas a la prueba irá aumentando hasta llegar a 20.000, las cuales también ingerirán la sustancia activa. BioNTech asegura que, en caso de que los tests terminen siendo satisfactorios, sería capaz de fabricar un gran número de vacunas en poco tiempo.

Rusia

Rusia empezó a trabajar en una vacuna contra el Covid-19 ya en febrero, cuando su vecina China se convirtió en una potencial amenaza por el constante flujo de viajeros entre sus fronteras. En este momento, la OMS ha incluido hasta nueve vacunas rusas en la lista de candidatas, encontrándose entre las más esperanzadoras las desarrolladas por el Centro Ruso de Virología y Biotecnología, Vektor, con sede en Novosibirsk. Estos estudios se basan, principalmente, en las vacunas contra el ébola, el sarampión o la gripe A, y han sido citadas por varias fuentes del ministerio ruso de Sanidad. Además de Vektor, la compañía Biocad, uno de los laboratorios más grandes del país con casi tres mil personas en plantilla, trabaja en dos vacunas, una viva a partir del virus de la gripe y otra encapsulada.

Según se dio a conocer esta misma semana por Rinat Maksiutov, director del Centro Vektor, uno de los prototipos desarrollados por este laboratorio está listo para ser probado en humanos durante la primera semana del mes de mayo y se testará en 60 voluntarios sanos, entre los que se incluyen a los desarrolladores de estas vacunas. Según palabras de Maksiutov, la vacuna ya se ha probado en ratones y hurones y difiere de los prototipos anunciados por EE UU, China o Reino Unido.

Fuentes oficiales señalan que, aunque los resultados de estas pruebas sean positivos, «la vacuna para su consumo masivo no llegaría antes de septiembre». Una vez administrada la vacuna, los voluntarios deberán estar bajo supervisión durante un mes, finalizado ese período tendrán que seguir en contacto con los investigadores a fin de reportar posibles complicaciones, confirmando la seguridad y potencia inmunológica. Después, se necesitarían otras dos fases similares para determinar la dosis correcta y otros factores importantes que no deben escapar al control del laboratorio para garantizar su efectividad.

China

A principios de 2021. Pekín anunció este viernes que para esa fecha podrían tener lista la vacuna contra la Covid-19, situándose en primera posición de la carrera mundial por lograr la codiciada inyección. Los investigadores chinos llevan meses trabajando en al menos cinco vacunas y, según el ministerio de Sanidad chino, ya habrían testado en humanos un prototipo que incluso podrían usar de emergencia en septiembre si fuera necesario.

Así lo aseguró el jefe del Centro Chino para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), Gao Fu, quien declaró a la cadena estatal CGTN que actualmente las vacunas se encuentran en las fases dos y tres de los ensayos clínicos, por lo que podrían estar disponibles si se produce una segunda ola de contagios.

“Estas vacunas, que se encuentran todavía en fase de ensayo, podría utilizarse en grupos específicos como el personal sanitario”, afirmó Gao ante la posibilidad de un rebrote en el país.

Según los investigadores involucrados en el último ensayo, “decenas de voluntarios” de la ciudad de Xuzhou, sita en la provincia de Jiangsu, recibieron dicha vacuna el jueves de la semana pasada y ya han mostrado “resultados positivos”. Desarrollada por un equipo dirigido por Qin Chuan, del Instituto Nacional para el Control de Alimentos y Medicinas de Pekín, se dirige a la cepa inicial del virus y otras mutaciones que han surgido a medida que se ha extendido por todo el mundo. No obstante, Gao afirmó que se prevé que el coronavirus no mute con tanta frecuencia como el virus influenza de la gripe, por lo que “su efectividad dependerá del proceso y el desarrollo”.

Con este avance, China se convierte en la primera nación del mundo en dar una fecha estimada para la obtención de una vacuna contra la Covid-19 y se adelanta así a su principal competidor, Estados Unidos. “Si China es el primer país en inventarla y tenemos nuestra propia patente, mostraremos el progreso de nuestra ciencia”, aseguró tiempo atrás Chen Wei, la epidemióloga y general del Ejército chino que lideró el equipo de científicos militares que se trasladaron al comienzo de la epidemia hasta Wuhan, ciudad epicentro del nuevo coronavirus que ha provocado una pandemia global.