Coronavirus

Trump acusa a China de boicotear su reelección

El coronavirus ya ha destruido 30 millones de empleos en EE UU

Coronavirus street art in Berlin
Un grafiti con Xi Jinping y Trump con mascarillas en WashingtonOMER MESSINGEREFE

La reelección del presidente de Estados Unidos de noviembre pende de un hilo, a la espera del impacto que las consecuencias del coronavirus provoque durante los próximos meses en la sociedad estadounidense. La crisis sanitaria de la pandemia y sus fulminantes efectos han contagiado la buena salud económica de la que Trump alardeaba, usándola como carta de presentación para optar a su segunda victoria en unas elecciones presidenciales.

Y es que las existencias de productos made in America bajan al mismo ritmo que aumentan las solicitudes de desempleo. Con las fábricas paradas y los trabajadores confinados en casa, ya son 30 millones de estadounidenses los que han perdido su empleo en las últimas seis semanas.

Cifra récord de desempleados en la historia de Estados Unidos que podría ser en realidad mucho mayor, según un estudio Instituto de Política Económica que asegura que un 50 por ciento más de trabajadores podrían calificar para los beneficios, pero su solicitud quedó obstaculizada o se encontraron con un proceso de aplicación muy complicado. La Administración Trump ha decidido sembrar la percepción de que todo volverá a la normalidad en cuanto el país recupere su actividad económica. Y pretende hacerlo lo antes posible.

Por esa misma razón, el presidente no tiene intención de extender las restricciones de confinamiento más allá de la fecha límite del 30 de abril y deja ahora en manos de los estados las decisión de actuar con mayor o menor firmeza contra el virus, en función de las necesidades de cada uno de ellos. Trump delega, a partir de esta semana, la responsabilidad absoluta de las decisiones que se temen respecto a la gestión del coronavirus en los gobernadores y las autoridades estatales competentes.

A pesar de contabilizar más contagiados por la enfermedad y mayor número de víctimas mortales que cualquier otro país del mundo (más de un millón de positivos y cerca de 60.000 muertos), una treintena de estados del país anuncian su “reapertura”, en un intento de desbloquear su actividad y recuperar las grandes pérdidas económicas ocasionadas por la pandemia.

El presidente estadounidenses, que calificó el Covid-19 como “virus chino” desde el inicio, se centra ahora en volcar sus esfuerzos en la reelección a la que aspira en pocos meses. Trump sorprendía amenazando a China con nuevas represalias al considerar que Pekín “hará lo que pueda” para hacerle perder la reelección en noviembre. Y es que, en pleno período de campaña electoral, relegada por la mayor crisis sanitaria y económica que ha experimentado EE UU en su historia reciente, son muchos los que afirman que Trump necesita encontrar culpables para justificar las graves consecuencias de la pandemia.

“Puedo hacer muchas cosas”, aseguraba Trump este miércoles desde el Despacho Oval en una entrevista a Reuters, sin ofrecer detalles de las decisiones que tomará para castigar a China. “Hay tantas cosas que podríamos hacer. Estamos analizando qué ha pasado”, añadía el presidente, preguntado sobre qué tipo de decisiones podría tomarse contra China, como la imposición de nuevos aranceles.

“Un asunto interno”

El Gobierno chino se defendía de estas acusaciones: “Son un asunto interno, no tenemos interés en interferir en el proceso” de las elecciones de EE UU. “Esperamos que la población estadounidense no arrastre a China a sus debates políticos electorales, respondía un portavoz del Gobierno chino.

Pero, al parecer, las órdenes de Trump ya estarían dadas. Altos funcionarios de su Administración estarían presionando a espías de los servicios de inteligencia de EE UU para buscar vínculos, no probados hasta ahora, entre el virus y el laboratorio en Wuhan donde podría haberse originado la pandemia.

Según empleados públicos y ex funcionarios estadounidenses, altos cargos del Gobierno estarían empujando a las agencias de espionaje de EE UU a buscar evidencia que respalde la teoría, hasta ahora sin fundamento, de que un laboratorio gubernamental en Wuhan inició del brote en China.

Esta medida se produce de manera paralela a la nueva guerra dialéctica de Trump contra el gigante asiático, quien parece estar intensificando una campaña pública para culpar a China de las consecuencias que la pandemia genere en Estados Unidos.

El secretario de Estado de EE UU aseguró en marzo que China estaba ocultando datos del virus. Mike Pompeo alertó entonces, en la reunión del G-7, de que el Partido Comunista chino estaría llevando a cabo una “campaña intencionada de desinformación”.

La mayoría de las agencias de espionaje se muestran escépticas de encontrar una evidencia concluyente del vínculo existente del laboratorio de Wuhan con el origen del virus, mientras analistas de inteligencia muestran su preocupación por que la presión de Trump condicione las investigaciones y se usen como arma política. Por su parte, los científicos confirman la alta probabilidad de que el virus provenga de un animal hacia un humano en el entorno de un mercado, más que de un laboratorio, tal y como sucedió con los casos del VIH, ébola y SARS.