Así es la “burbuja social” con la que Nueva Zelanda gana al Covid-19

Cada ciudadano puede pertenecer a un único grupo de familiares y amistades sin contacto con otros. La estrategia, si tiene éxito, se ampliará con los primeros viajes con Australia

La semana pasada, tras una cuarententa saldada con 20 muertos, la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacindra Ardern, declaraba en rueda de prensa la “victoria” contra el coronavirus. Hoy, las autoridades sanitarias de este país de poco más de cinco millones de habitantes han informado de que no había ningún nuevo caso.

El Gobierno rebajó entonces el confinamiento de la fase 4 a la 3, permitiendo en primer lugar la apertura de negocios y ampliando la movilidad y los contactos entre los ciudadanos, pero siempre con la máxima prudencia. Esto significa distanciamiento social, higiene y sentido común.

Esto se traduce, según consta en la página web del Gobierno, en que se mantiene la petición de que los neozelandeses permanezcan en casa todo lo posible pero al mismo tiempo se les permite ampliar su “burbuja social”, es decir el número de personas con las que mantienen contacto.

“La gente debe continuar dentro de la burbuja de su hogar pero puede expandirla para reconectar con más miembros de la familia, o para traer cuidadores, o para ayudar a personas aisladas”, dice la recomendación gubernamental, “siempre y cuando todos vivan en el mismo pueblo o ciudad”.

El nuevo paso dado por el Gobierno tiene sin embargo sus restricciones: el círculo “ampliado” de contactos debe ser exclusivo, es decir, las personas que pertenezcan a una burbuja social, no pueden interaccionar con otras.

Al margen de los problemas sociales y tensiones familiares que esto implique, se trata de una condición básica si se quiere tener éxito, porque evitando contactar con gente ajena al grupo, se cierra la posibilidad de que, en caso de que alguein llegue a infectarse, el contagio se extienda de forma exponencial.

Las “burbujas” no tienen límite de gente, pero el Gobierno ha insistido en que tienen que ser siempre las mismas personas y que bajo ningún concepto esas personas formen parte de otra diferente. Además las personas en edad de riesgo no pueden participar. El próximo lunes, 11 de mayo, las autoridades reevaluarán si la "burbuja social funciona. A la espera de sus resultados están países como Escocia, Canadá y Bélgica. que ultiman planes similares.

De la “burbuja social” a la “burbuja de viajes”

En otra prueba de anticipación, Nueva Zelanda se dispone a ensayar con Australia -otro de los países que se han distinguido por sus éxitos frente a la pandemia-, un nuevo paso rumbo a la tan ansiada “normalidad” reactivando sus economías. Se preparan para abrir sus fronteras comunes muy pronto, creando lo que los dos gobiernos han denominado una “burbuja Trans-Tasman”.

Australia ha registrado unas 6.800 infecciones y 96 muertes, y Nueva Zelanda ha tenido 1.137 casos y 20 víctimas. Ambos tienen una tasa de mortalidad por coronavirus de solo el 1% y han mantenido bajos incrementos diarios de un solo dígito en casos nuevos durante semanas, éxitos que atribuyen al distanciamiento social y las pruebas exhaustivas.

Jacinda Ardern ha confirmado este lunes que participará mañana en una reunión con el Gobierno de Australia, liderado por Scott Morrison, lo que parece anticipar un acuerdo sobre viajes. Ninguno de los mandatarios ha esbozado cómo sería esta nueva “burbuja” y tampoco hay claridad en cuanto a los plazos, pero probablemente permitirá la libre circulación entre Australia y Nueva Zelanda al tiempo que ambos mantienen sus fronteras cerradas con otros países.

Ardern ya ha advertido de que se necesitaban más medidas de salud antes de que el viaje entre ellos pudiera comenzar nuevamente, y dijo que era poco probable que ocurriera “en el muy, muy corto plazo”. Pero, ¿qué se necesita para establecer una “burbuja de viajes”? Simon Westaway, director ejecutivo del Consejo de la Industria del Turismo de Australia, dijo a Reuters que requiere una “infraestructura sanitaria robusta” además de controles de aduanas y de inmigración y las cuarentenas para restablecer la confianza de los viajeros. “Creemos que tendrá que haber algún tipo de exámenes de salud que se sumen a los acuerdos de aduanas, inmigración y cuarentena”, dijo Westaway. “Existen tecnologías que pueden ayudar a detectar el coronavirus de manera efectiva, no solo poner termómetros en la cabeza de las personas”.

Medidas de control y deporte

Hussan Vally, epidemiólogo y profesor titular de Salud Pública en la Universidad de La Trobe, asegura que Nueva Zelanda vigilará de cerca las próximas semanas lo que ocurra en Australia después de que incremente las pruebas y relaje algunas restricciones. Australia y Nueva Zelanda tienen vínculos económicos muy estrechos.

Separados por 2.000 kilómetros, Australia es la fuente más importante de turistas internacionales en Nueva Zelanda. Hasta marzo de 2020, 613.000 australianos viajaron a este país, y “una burbuja de viajes Trans-Tasman’ ayudaría en gran medida a aliviar el impacto negativo del virus en el comercio turístico de Nueva Zelanda.

Y por adelantar proyectos, los dos gobiernos ya plantean la posibilidad de que los equipos de Australia y Nueva Zelanda jueguen entre sí en deportes como el cricket, el rugby y el netball. El equipo de rugby de los New Zealand Warriors aterrizó el domingo en Australia para una cuarentena de dos semanas antes de la temporada 2020 de la National Rugby League. Pero bajo una “burbuja”, los equipos de Nueva Zelanda y Australia podrían permanecer en sus propios países y viajar para los partidos sin necesidad de cuarentena.