La isla de Wight: De paraíso vacacional a pionera en el rastreo de contagios

El Gobierno británico pone en marcha una aplicación que alerta sobre los ciudadanos que han tenido contacto con alguien contagiado por el virus

Imagen del embarcadero de la isla de Wight
Imagen del embarcadero de la isla de Wight

Downing Street comenzó ayer en la pequeña Isla de Wight, al sur de Inglaterra, el programa piloto de lo que pretende ser el eje central de la segunda fase en la lucha contra la pandemia, una vez termine el confinamiento. Los poco más de 140.000 habitantes de esta isla de 380 kilómetros cuadrados situada en la Canal de la Mancha comenzaron a utilizar la aplicación móvil con la que las autoridades quieren rastrear a los ciudadanos para poder alertarles si han tenido contacto con alguien contagiado por el virus.

La isla, donde hasta ahora se han registrado sólo 28 muertos, supone un laboratorio perfecto: sólo se puede acceder a ella a través de ferri o yate (por lo que es prácticamente imposible que los contagios vengan de fuentes externas) y un cuarto de los residentes son pensionistas (el grupo más vulnerable).

La aplicación, que a medio plazo se quiere utilizar en todo el Reino Unido, funciona de la siguiente manera: los usuarios introducen los datos sobre su estado de salud, se registran sus movimientos y si en algún momento tienen contacto con una persona que ha sido infectada reciben una notificación. Es el propio teléfono del infectado el que, de manera anónima, avisa a todos aquellos con los que ha tenido contacto en los últimos 28 días. Cuando alguien reporta síntomas acordes con el coronavirus, el Sistema Nacional de Salud (NHS), donde se centraliza la información, manda una alerta a los móviles de las personas que hayan estado en contacto con el presunto infectado, recomendándoles que se aíslen en sus casas y que reporten si tienen algún síntoma. Los receptores del mensaje no sabrán quién les contagió o cuándo lo hizo exactamente.

Todo se realiza de manera anónima. Pero el debate sobre si está violando la privacidad es inevitable, ya que al fin y al cabo estamos hablando de aplicación de rastreo: todos los movimientos y contactos quedan almacenados.

En Corea del Sur, donde se evitaron confinamientos masivos y se han registrado menos de 260 muertos, la aplicación ha resultado ser muy efectiva, pero a costa de que las autoridades tuvieran acceso incluso a las transacciones bancarias. ¿La violación de la privacidad es el precio que hay que pagar por la pandemia? Los británicos ni quiera tienen DNI por lo que, culturalmente, el impacto es aún mayor.

Downing Street ha dejado claro que todos aquellos que quieran utilizar la aplicación lo harán de manera voluntaria. Pero los científicos advierten que si no lo utiliza el 80% de la población, la herramienta no será efectiva. Y aquí es donde surge otro de los problemas, ya que en caso de Singapur, por ejemplo, sólo se la descargó el 20% de los ciudadanos.

Por último, otra de las peculiaridades que levanta polémica es que la versión británica -NHSX, desarrollada por investigadores de la Universidad de Oxford- utiliza un sistema centralizado. Esto quiere decir que, a diferencia de otras aplicaciones utilizadas por ejemplo en Alemania o Suiza, donde los datos quedan guardados en cada dispositivo, en Reino Unido todo se manda a una central, lo que, según muchos expertos, no es lo más recomendable ya que puede verse comprometida más fácilmente, bien por ser mal utilizada o ser hackeada.

Asimismo, al utilizar un sistema centralizado, la aplicación es incompatible con el sistema internacional, por lo que podría obstaculizar en un futuro los viajes al extranjero de los ciudadanos británicos.