Trump estudia prescindir de los científicos para centrarse en la economía

La Casa Blanca se prepara para prescindir del comité de expertos. El presidente presume de éxito pese a las muertes: «Todo el mundo está emocionado, mirándonos. Porque estamos liderando el mundo»

Donald Trump, Kim Reynolds
Donald Trump hoy en el Despacho Oval de la Casa BlancaEvan VucciAP

La Casa Blanca prácticamente da por liquidada la lucha contra la pandemia. Mejor dicho: está ya muy cerca de clausurar las medidas de contención extrema, los encierros y confinamientos, por más que la comunidad científica alerta del peligro. Hasta el punto de que el vicepresidente, Mike Pence, admite ya que el grupo de trabajo especial, que coordina desde el gobierno la respuesta contra la epidemia, y donde están representados científicos tan influyentes como el epidemiólogo Anthony Fauci, podría disolverse a finales de mayo, coincidiendo con el llamado Memorial Day: «Hemos tenido conversaciones sobre esto», admitió Pence, «y sobre cuál es el momento adecuado para que el equipo complete su trabajo».

En el Despacho Oval habrían concluido que ha llegado la hora de reabrir el país y, si acaso, permitir que la biología, y el azar, cumplan con su parte. Con suerte las autoridades sanitarias estarán más preparadas en supuesto de un repunte, y si hubiera de ampliarse la capacidad para testar a los sospechosos de contagio y dibujar un mapa mucho más completo de la epidemia.

Entre tanto el país camina hacia la bancarrota, los índices del desempleo son propios de la Gran Depresión y siguen fracasando los intentos de aplanar la curva de contagios y fallecimientos. Por decirlo con el propio presidente, Donald Trump, que viajó a Arizona en lo que suponía su primera gran cita desde hace semanas más allá de la Casa Blanca, «el país está comenzando a abrirse, el grupo de trabajo ha hecho un trabajo fenomenal». Horas más tarde, en Twitter, escribió lo que puede interpretarse como una combinación de respuesta matizada, a su propio discurso, y calculada ambigüedad.

«La Fuerza contra el coronavirus de la Casa Blanca», dijo, «encabezada por el vicepresidente Mike Pence, ha hecho un trabajo fantástico al reunir vastos recursos altamente complejos que han permitido establecer unos estándares muy altos para que otros los sigan en el futuro. Los respiradores, que eran pocos y estaban en mal estado, y los guantes, las batas, etc., ahora son abundantes. Debido a este éxito, el grupo de trabajo continuará indefinidamente con su enfoque en la SEGURIDAD Y EN ABRIR NUESTRO PAÍS OTRA VEZ. El Grupo de Trabajo también estará muy enfocado en las vacunas y terapias. ¡Gracias!».

Volver al país anterior a la pandemia

Nada resume mejor la desazón del presidente con el confinamiento, su deseo de pasar página digan lo que digan los datos de fallecimientos y contagios, su anhelo por retomar el país que dejó antes de la llegada de la epidemia, y su suprema necesidad de regresar a los debates y el tono que han marcado su presidencia que sus comentarios y declaraciones de las últimas horas.

Así, y durante su visita a Arizona, celebró la gestión de la crisis. Repitió que su Gobierno no tiene nada que ocultar o avergonzarse. Volvió a insistir en que actuaron siempre tal y como ha pedido los científicos, y que en cualquier caso las responsabilidades son achacables bien a la oposición, que gobierna mal los estados más afectados, bien a China, que no avisó a tiempo y, para colmo, ocultó los datos que hubiera permitido entender mejor las auténticas dimensiones.

Modelo para el mundo

A punto de coger el avión presidencial, Trump afirmó que la Casa Blanca lo ha hecho todo bien. Añadió que, en realidad, el público, y los comentaristas, el mundo en general, contempla entusiasmado su respuesta, que le parece modélica: «Todo el mundo está emocionado, mirándonos. Porque estamos liderando el mundo». El problema es que tanto en número de muertos como en número de tests realizados EE UU está más cerca de países como España, que también ha pagado con la ruptura feroz de la economía el precio de una respuesta tardía, que de las naciones más favorecidas en su gestión de la crisis pandémica, léase Portugal, Alemania, Corea del Sur o Taiwan.

A falta de vacuna, que puede tardar meses o años, y sin tratamientos fiables a la vista, Trump insiste en que es el momento de reabrir el país, suceda lo que suceda, pues las consecuencias de la confinación será irrecuperables. Es muy posible que la recesión sea, en sí misma, otra epidemia que debe combatirse. Como también lo es que para cuando llegue el otoño el país enfrente unas cifras de muertos absolutamente descomunales.

«No podemos mantener nuestro país cerrado durante los próximos cinco años», añadió desde Phoenix el presidente. «Se puede decir que habrá un rebrote, podría suceder, y la mayoría de los médicos, o muchos médicos, dicen que ocurrirá y que será una fuego, pero lo apagaremos».