La ministra de Economía de Perú, “heroína” latinoamericana del coronavirus

María Antonieta Alva es una de las pocas figuras políticas globales cuya popularidad se ha disparado gracias a la pandemia de Covid-19 por su ambicioso plan de estímulo

Es la sensación del momento, una verdadera “rock and roll star” cuyo nombre, María Antonieta, pero con apellido español, Alva, parece reencarnar toda la heroicidad de la antigua reina de Francia durante la revolución. Ahora los peruanos se retratarán con ella a su paso, idolatrada por la derecha y la izquierda por sus acertadas medidas económicas incluso en tiempos de pandemia, se ha convertido también en símbolo de empoderamiento en un país tan machista como el Perú.

Con tan solo 35 años maneja una economía de 230.000 millones de dólares, una de las más estables de América Latina pero que navega por agitadas aguas políticas. Es la elección más elogiada hasta el momento, del presidente Martín Vizcarra, quien todavía se encamina a cerrar heridas tras clausurar el Congreso después de una larga pugna de poderes y escándalos de corrupción. Aunque por el coronavirus todo pareciera haber quedado en “un limbo” que tarde o temprano resurgirá.

Alva forma parte de esa nueva generación de economistas en Perú que busca inyectar una buena dosis de preocupación social a las políticas económicas de libre mercado que han estado vigentes desde hace casi tres décadas. Medidas liberales pero también sociales, un complicada “balanza” que ella parece manejar. Ella sería menos derechista que la mayoría de los ministros de Economía que hemos visto en los últimos años”, afirma su profesor en la Universidad de Harvard, Steven Levitsky.

Más conocida como “Toni”, Alva tiene como mayor reto impulsar la actividad del país minero que se ha desacelerado en los últimos años, en medio de escándalos de corrupción que han frenado grandes proyectos y los efectos de un guerra comercial entre sus mayores socios comerciales, China y Estados Unidos.

Economista de la peruana Universidad del Pacífico y con maestría en administración pública de la Universidad de Harvard, es considerada como una prometedora funcionaria. Pese a su juventud ha ocupado varios cargos en sus once años en el sector público local.

Antes de ser designada como ministra de Economía en reemplazo de Carlos Oliva, Alva fue directora general de Presupuesto Público de la misma cartera y antes fue jefa de la unidad de planificación y presupuesto del Ministerio de Educación. También fue asesora en el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social.

Es una trabajadora "hiperactiva”, que batalla contra los ritmos que imponen la burocracia, pero sin desesperarse, conociendo el sistema. Un “caballo de Troya” dentro del Sistema. No pretende cambiarlo, sino mejorarlo. De hecho la caída de la inversión pública es una de las razones de la desaceleración de la economía. Algunos funcionarios caminan con pies de plomo a la hora de aprobar trámites burocráticos para no caer en alguna falta involuntaria administrativa.

Levitsky añade que Alva siempre quiso ser una tecnócrata con olfato político, que respondiera “más a la gente” y no solamente como los técnicos de fines del siglo pasado que pensaban que todo se soluciona con reformas económicas.

En un vídeo académico y promocional de la Universidad difundido en 2015, Alva alienta a su generación. “Trabajar en el sector público es desafiante y muchas veces puede ser frustrante pero siempre hay que estar motivado y la forma de hacerlo es darte cuenta que tu trabajo puede mejorar la vida de muchas personas”, afirmaba Alva en el vídeo. “En la Universidad aprendí que las desigualdades tienen causas y porque tienen causas pueden cambiarse”, dijo. Toda una declaración de intenciones.

Grandes retos

Por otro lado se ciernen negros nubarrones son el cielo andino. Algunos economistas pronostican una caída del PIB de más de 10% este año, la peor en décadas, junto con desempleo masivo. También tiene que lidiar con una fuerte oposición en el Parlamento, cuyo gobierno no tiene representación. Le ha tocado capitanear un barco en tiempos de tormenta.

El enfoque inicial de Alva fue revertir una caída en los desembolsos en infraestructura del Gobierno, ayudar a las autoridades regionales a gastar más rápido, lo que condujo a un aumento récord en la inversión pública. Ella quería reducir las brechas en salud, educación e infraestructura, y lograr que Perú volviera a crecer después de un mínimo histórico de 2,2% el año pasado. Desde que se desató la pandemia, que ha golpeado particularmente fuerte a Perú, su enfoque cambió el proceder, incluida la ayuda para familias y empresas, y se preparó para una reactivación con la reapertura ocasionada en mayo.

Es hija de Jorge Alva, ingeniero civil y antiguo maestro de Vizcarra quien conoció de cerca la pobreza de Perú recorriendo el interior en diferentes obras con su padre. Por eso cuando comenzó la crisis del coronavirus se reunió con expertos en economía, líderes sociales e indigenistas y sanidad, para trazar una estrategia que mantuviese el equilibrio entre la economía –incluyendo la informal- y la salud. Consiguió de esta manera subsidios, donaciones y créditos para los vendedores más necesitados.

Además hace dos semanas, Perú vendió 3.000 millones de dólares en bonos en el mercado internacional a tasas históricamente bajas en una muestra de confianza de los inversionistas. Incluso sorteó con “cadera”, las afirmaciones de que su familia se podría haber beneficiando de un paquete incluido dentro del plan de rescate. Es una “valquiria”, una de las líderes que suenan presidenciables.