Anthony Fauci: "La precipitación generará dolor y muerte. Habrá otro rebrote”

El consejero de Trump y principal experto en infecciones de EE UU, ha comparecido hoy en el Senado. Contradice a Trump y alerta de que habrá otra oleada de contagios

Senate Committee Hears Testimony In Virtual Hearing From Nation's Leading Disease Experts On Covid-19
Miembros del Senado atienden a la teleconferencia del Dr. Anthony Fauci, asesor principal de Trump sobre la pandemia.WIN MCNAMEE / POOLEFE

Llegó el día en el que Anthony Fauci, director del Centro Nacional de Alergias y enfermedades Infecciosas, testificó ante el Senado. No solo él: también hablaron Robert Redfield, director del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades, y Stephen Hahn, comisionado de la Administración de Alimentos y Medicamentos y otros altos cargos de la Administración.

Después de meses en los que la voz cantante la llevaron los políticos, llegó el turno de los científicos. Su visión no puede ser más desapasionada, realista y dura. Fauci, ahora en cuarentena, lleva semanas enfrascado en la complejísima misión de matizar con buena ciencia las afirmaciones más descabelladas de un presidente imparable, lo tiene claro: abrir demasiado pronto puede conducir al país a un desastre sanitario, puede generar “dolor y muerte innecesarios”; de ninguna forma puede afirmarse que la epidemia haya sido controlada: antes al contrario los números siguen siendo muy preocupantes, con nuevos focos y brotes en territorios aparententemente lejos del epicentro de la pandemia; los niños, lejos de estar fuera de peligro, pueden enfermar: así lo demuestran las decenas de casos asociados al coronavirus, que podría causar la extraña, y en ocasiones fatal, enfermedad de Kawasaki.

Cautela para prevenir el rebrote

En cuanto al futuro, máxima cautela: es cierto que en ciudades tan devastadas como Nueva York los números son ya mucho mejores. Pero si el país no es capaz de dotarse de la capacidad tecnológica y los recursos logísticos necesarios nadie puede descartar que la mortalidad vuelva a dispararse; si no ahora sí, quizá, en otoño, cuando los virólogos estiman más que probable que llegue una segunda ola de contagios. Entiende no obstante que EE UU camina en la buena dirección, tanto en el número de tests como en el aprovisionamiento de mascarillas y otros materiales profilácticos. Pero «la dirección correcta no significa que tengamos, de ninguna manera, el control total» y «corremos el riesgo de sufrir un rebrote». «Espero que para ese momento, en el otoño, dispongamos de recursos más que suficientes para responder de forma adecuada, pero si no lo hacemos, tendremos un problema», dijo.

Fauci volvía a poner de manifiesto sus diferencias con Trump y aseguró que a menudo la Casa Blanca no ha seguido sus consejos, y que no está de acuerdo con las insinuaciones presidenciales, que achacaba la falta de una vacuna al Administración Obama. También se mostró convencido de que es necesario asegurar el bienestar y minimizar el riesgo de los trabajadores situados en primera línea de fuego. Imposible no pensar en la falta de material sanitario cuando explicó que al exigir «a las personas que presten servicios esenciales» los gobernantes tienen «la responsabilidad moral de asegurarse de que estén bien atendidos y protegidos».

No pensaba solo en los profesionales de la salud, que por supuesto, ni en los miembros de servicios de emergencias como la Policía, que también, sino, un suponer, en la gente que trabaja en las grandes plantas cárnicas, donde es imperativo «proporcionar un grado óptimo de protección para los trabajadores involucrados» y asegurar que puedan trabajar «de manera segura», así como actuar de forma inmediata si hay infecciones y «brindarles la atención adecuada».

Vuelta a los colegios

Como en otros momentos de su alocución, mientras los senadores le bombardearon con preguntas, Fauci evitó que nadie piense que lo suyo era una suerte de «proclamación oficial»: «Solo soy yo hablando como médico y como ser humano», apuntó. Pero claro, Fauci es uno de los principales epidemiólogos de EE UU, sin discusión el más influyente en lo tocante a las políticas públicas de las últimas décadas. Ha jugado un papel crucial, por ejemplo, durante la pandemia del SIDA, así como durante la alarma provocada por la gripe aviar, y ha convivido con administraciones de distinto signo político. Una y otra vez le cuestionaban por decisiones que obviamente trascienden lo meramente científico.

Por ejemplo, preguntado por los colegios, que en casi todo el país han suspendido sus actividades en lo que resta de curso, Fauci distinguió entre lo que aconsejan los especialistas en medicina y las necesidades educativas, y en el complejísimo diálogo entre las prospecciones y perspectivas científicas y los argumentos de tipo social, cultural y etc. Tampoco es posible trazar una panorámica global, dijo, pues EE UU es un «país muy grande» y las dinámicas de la epidemia han sido «diferentes en las diferentes regiones del país». Respecto a la vacuna, dijo ser “cautelosamente optimista”, pero que lo más probable es que tarde un año o dos.

Así las cosas, señaló que «los escenarios con respecto a las escuelas serán muy diferentes en una región u otras», por lo que la respuesta tampoco puede aspirar a ser «universal» u «homogénea». Cuando el senador Ran Paul señaló que por muy respetable que sea su punto de vista la decisión final no le corresponde a él, sino a los gobernadores y al presidente, Fauci admitió que «nunca he dicho que tenga la última palabra. Yo soy científico, médico y funcionario de salud pública. Y doy consejos sobre la mejor evidencia científica». Más allá de eso, obviamente, le corresponde actuar al gobierno.