La parálisis se afianza en las negociaciones entre Londres y Bruselas

Vuelve el fantasma del no acuerdo. La Unión Europea califica de «decepcionante» la tercera ronda de conversaciones y destaca la falta de avances en el tratado comercial

Michel Barnier  press conference in Brussels
El negociador de la UE, Michel Barnier, durante la rueda de prensa de hoyClaudio Centonze/European Commis / DPA Claudio Centonze/European Commis

El coronavirus ha monopolizado el mundo. Pero el Brexit sigue su curso y si, para finales de año, coincidiendo con la gran recesión global que todos los expertos vaticinan, Reino Unido sale a efectos prácticos de la UE sin más pacto que los términos marcados por la Organización Mundial de Comercio (OMC), la situación será compleja. Tanto para Londres como para los miembros del bloque, entre ellos España.

Lo cierto es que el panorama a día de hoy no es esperanzador. Esta semana ha tenido lugar la tercera ronda de negociaciones, por videoconferencia, entre Londres y Bruselas y Michel Barnier, responsable de la parte comunitaria, la calificaba como “decepcionante”.

Parece haber una verdadera falta de comprensión sobre las consecuencias mecánicas objetivas de la elección británica de irse. Reino Unido tendrá que ser más realista. Tendrá que ir más allá de esta falta de comprensión”, añadía. Por su parte, David Frost, responsable de la parte británica, lamentaba “que se haya progresado tan poco hacia un acuerdo sobre los asuntos pendientes más importantes”.

En la era del covid-19, la salida de los británicos del club comunitario suena a batallas pasadas. En efecto, tras cuatro largos años de tragicomedia o psicodrama -según se mire-, Reino Unido dejó oficialmente el pasado 31 de enero de ser miembro de la UE. Sin embargo, a efectos prácticos, todo sigue igual hasta finales de año. Durante el periodo de transición, ambas partes tienen que negociar ahora sus futuras relaciones, entre ellas, intentar cerrar un acuerdo comercial.

Londres persigue un pacto de libre comercio inspirado en el que la UE selló con Canadá. Pero este último tardó en tramitarse más de siete años. Y ahora Downing Street quiere conseguir su propósito en apenas unos meses. El Gobierno de Boris Johnson tiene hasta finales de junio para pedir una extensión de plazos. Pero el “premier” ha repetido en varias ocasiones que, bajo ninguna circunstancia, se extenderá el calendario. Ni siquiera la pandemia le ha hecho cambiar de opinión. Y si las negociaciones ya eran de por sí complicadas, ahora por videoconferencia los obstáculos aumentan.

Con todo, en la ronda de conversaciones de esta semana, Londres presentó, por primera vez, un texto legal con propuestas y en temas de pesca hubo ciertas líneas de acercamiento. Asimismo, el equipo de Johnson ha admitido que los bienes que entren por Irlanda del Norte tendrán que sufrir ciertos controles, aunque sigue poniendo peros a la libertad de movimientos y a los procedimientos aduaneros que los 27 consideran imprescindibles en la frontera con la República de Irlanda.

Las maniobras para evitar una frontera dura entre norte y sur de la isla fueron el principal escollo de las negociaciones de divorcio. El acuerdo de retirada ofrece una solución tan solo a corto plazos. De momento, la provincia británica formará parte de la Unión Aduanera del Reino Unido, pero deberá cumplir con las reglas del Mercado Único Europeo. Con todo, en esta nueva fase de negociaciones deben cerrarse flecos importantes como los aranceles.

En Bruselas consideran que el Número 10 está perdiendo el tiempo deliberadamente para forzar en otoño a la UE a ceder ante sus demandas para evitar el caos de un divorcio caótico. Al fin y al cabo, al bloque no le interesa que un vecino tan próximo se convierta en un competidor desleal con reglas mucho más laxas en lo que a ayudas de Estado, fiscalidad y competencia se refiere.

En los corrillos de Westminster no se descarta por completo que, en el último momento, se solicite una ampliación de plazos. Aunque otras voces creen que la opción más probable es que ambas partes cierren un acuerdo muy de mínimos a finales de año que cada uno venderá como triunfo para posteriormente seguir negociando.

En la Cámara de los Comunes, el nuevo líder laborista, Keir Starmer, es ahora el único líder de la oposición que no demanda al Gobierno una extensión de plazos. “Considero bastante improbable que se pueda cerrar un acuerdo comercial para finales de año, pero si el Gobierno dice que puede conseguirlo, veamos cómo lo hace”, matiza.

La jugada es tremendamente inteligente. De esta manera, no sólo aumenta la presión sobre el Gabinete, sino que además deja sin munición al primer ministro para retratar, como hacía hasta ahora, a los laboristas como el “partido anti Brexit”. Por primera vez en mucho tiempo, el Gobierno tiene ahora en los Comunes a una verdadera oposición. Y la presión llega en un momento en el que el Número 10 se encuentra en sus horas más bajas ante su gestión por la pandemia del coronavirus. Rozando los 34.000 muertos, el Reino Unido es el país más afectado de Europa por el covid-19. A nivel global, solo es superado por los Estados Unidos.

Cruce de acusaciones

La Comisión Europea ha abierto un procedimiento de infracción contra el Reino Unido por no cumplir durante el periodo de transición con las leyes comunitarias sobre libertad de movimiento de los comunitarios y sus familias. La institución considera que la ley británica pone ciertos límites a los beneficiarios potenciales de esa libertad, así como a los recursos administrativos para poder protestar llegado el caso. A juicio de Bruselas, esto supone romper una directiva de 2004, así como los derechos contemplados en los artículos 21, 45 y 49 del Tratado de Funcionamiento de la UE. Londres tiene ahora cuatro meses para tomar las medidas necesarias para abordar las deficiencias identificadas. De lo contrario, la Comisión pasaría al segundo paso: un dictamen motivado.
Michael Gove, a efectos prácticos vice primer ministro del Ejecutivo británico, remitió una carta a Bruselas reiterando que Downing Street se toma “muy en serio” esta cuestión. En la misiva defiende que el proceso que ha establecido el Reino Unido para regularizar la situación de los comunitarios residentes es “sencillo, gratuito y online”. Sin embargo, se queja de que algunos países no hayan abierto todavía el proceso para que los británicos pidan residencia y que otros han ofrecido una ventana muy reducida, frente a los 27 meses que ofrece Londres.