Trump revela que se automedica con hidroxicloroquina

La Agencia del Medicamento de EE UU ya alertó de los efectos secundarios de este controvertido fármaco para luchar contra el coronavirus

Donald Trump consume hidroxicloroquina, el ya célebre fármaco antipalúdico, desde hace casi dos semanas. Se lo ha explicado él mismo a los periodistas para a continuación revelar que no ha dado positivo por coronavirus en ningún momento. No parece importarle al presidente de Estados Unidos que nadie haya probado que el medicamento sea beneficioso para atajar la enfermedad.

Más bien los ensayos clínicos aconsejan extremar la prudencia. A falta de resultados positivos, sí sabemos que el consumo de hidroxicloroquina es peligroso en determinados pacientes. Además las existencias son escasas. Las pocas disponibles las necesitan los enfermos de artritis reumatoide y de lupus eritematoso, que en el último mes han asistido impotentes a la creciente especulación con una medicina esencial.

Las primeras noticias del posible uso terapéutico de la hidroxicloroquina contra el Covid-19 llegaron en febrero, cuando los responsables del Centro Nacional de Biotecnología de China aseguraron que estaba dando buenos resultados. Desde entonces el fármaco ha sido objeto de varios estudios mientras los científicos pedían prudencia. Como señaló Janez Díaz, de la OMS, «no hay pruebas de que sea un tratamiento efectivo» y, por tanto, es necesario que se use solo en el marco de ensayos de «ensayos clínicos aprobados éticamente».

No es la primera vez que el presidente de EE UU habla en favor de la hidroxicloroquina, aunque nunca como ahora había llegado tan lejos. El pasado 19 de marzo, Trump comentó en una rueda de prensa que su Gobierno presionaba a la Agencia Americana del Medicamento (FDA) para admitir el uso del antipalúdico en enfermos de Covid-19. A fin de cuentas, dijo Trump, la hidroxicloroquina «ha sido empleada durante mucho tiempo, por lo que sabemos que si las cosas no salen según lo planeado, no matará a nadie».

Tres días más tarde escribió en Twitter que «la HIDROXICLOROQUINA Y LA AZITROMICINA, tomadas juntas, tienen posibilidades de proporcionar uno de los grandes cambios en la historia de la medicina. La FDA ha movido montañas -¡Gracias!». Y poco más tarde «¿Qué tenemos que perder? (...) Si funciona, será una pena que no lo hiciéramos antes. Pero tenemos algunas señales muy buenas».

El 21 de abril, un grupo de expertos, convocados por el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, alertó de que la combinación de hidroxicloroquina y azitromicina podría ser letal. El 11 de mayo un estudio publicado en la “Journal of the American Medical Association” afirmaba que la hidroxicloroquina no tiene efectos beneficiosos en el tratamiento del Covid-19. Y la pasada semana el doctor Rick Bright, ex-director de la Autoridad de Investigación y Desarrollo Avanzado Biomédico, denunció ante una comisión del Congreso que fue destituido de su cargo como represalia por haberse opuesto públicamente a algunos de los tratamientos contra el coronavirus promocionados por el presidente Trump.