¿Por qué Suecia encabeza la mortalidad per cápita en Europa?

El país escandinavo, con 6,25 fallecidos de coronavirus por millón de habitantes, supera durante la última semana a Reino Unido, que registra 5,75, y a países que impusieron el confinamiento como Italia o España

Suecia ha alcanzado un triste récord en la pandemia de coronavirus al encabezar durante la última semana el ranking europeo de muertos per cápita. Según Ourworldindata.org, el país nórdico registró entre el 12 y el 19 de mayo un promedio de 6,25 muertes por millón de habitantes y ya supera a Reino Unido, que ocupa el segundo lugar con 5,75.

Bélgica, el país que presenta junto con España la mayor tasa de muertes por habitante relacionadas con el coronavirus en Europa (salvo los microestados), registró de media diaria 4,6 muertes por millón, y a continuación le siguen Francia (3,49); Italia (3) y España (2,95), que durante los últimos días ha visto cómo los fallecidos caían por debajo de la barrera de los cien. Todos ellos países que impusieron el confinamiento y limitaron la libertada de circulación de sus ciudadanos.

En términos comparativos, Suecia sale sobre todo mal parada en relación con sus vecinos nórdicos, que pusieron en marcha restricciones más duras para combatir el coronavirus el pasado mes de marzo. La tasa de mortalidad sueca por millón de habitantes se coloca en 371, que cuadriplica la de Dinamarca (95) y representa aproximadamente ocho veces la de Noruega (43) y Finlandia (54), según el sitio web de Worldometer.

Durante la última semana, Suecia ha sumado 430 fallecidos (hasta un total de 3.743), frente a los 24 de Dinamarca, que contabiliza 551; los 26 de Finlandia, que hacen 301; y los cinco de Noruega, que contabiliza un total de 233.

El primer ministro sueco, Stefan Löfven, insiste en que “la lucha contra Covid-19 es una maratón” y “cree firmemente” en mantener a largo plazo las medidas de distanciamiento social y responsabilidad individual que han caracterizado el “modelo sueco” contra la pandemia. Eso sí, promete una comisión de investigación que prepare al país ante futuras emergencias sanitarias. “La evaluación final debería ocurrir mucho después, cuando veamos los resultados de lo que sucedió en diferentes países y sobre qué base se tomaron las decisiones", explica el líder socialdemócrata. "Entonces, es posible hacer comparaciones legítimas. Ahora es demasiado pronto para hacerlo”.

Frente al confinamiento o las fuertes restricciones impuestas en otros países europeos, Suecia suspendió las clases para estudiantes mayores de 16 años y prohibió las reuniones de más de 50 personas, pero mantuvo abiertos comercios, bares y restaurantes bajo la exigencia del distanciamiento social.

Mientras que sus vecinos han comenzado el proceso de desescalada, los suecos asumen que tendrán que mantener durante los próximos meses limitaciones para viajar, hacer deporte y visitar a residencias de ancianos, el verdadero flanco débil de la estrategia sueca contra el coronavirus y donde se ha registrado el 45% de los muertos en Estocolmo. Las autoridades mantienen hasta el 15 de julio la recomendación de no realizar viajes innecesarios y aconsejan pasar las vacaciones de verano en el país.

En opinión de Anders Tegnell, epidemiólogo jefe de la Agencia de Salud Public, “aparentemente es razonablemente fácil comenzar un bloqueo, pero detenerlo es mucho más difícil”, dado que resulta difícil que la gente siga las recomendaciones cuando “un día se supone que debes hacer esto y al siguiente se supone que debes hacer otra cosa”. Tegnell, que se ha hecho popular en todo el mundo con su estrategia de lograr la inmunidad de grupo, considera que “la estrategia sueca ha demostrado ser sostenible. Ahora tenemos cifras de que la gente está aumentando su adhesión a nuestros consejos, no disminuyendo".

Alabada en casa y criticada en el extranjero, la estrategia sueca contra el Coronavirus es vista por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una modelo para evitar permanecer confinados hasta que se disponga de una vacuna. “Lo que Suecia ha hecho de manera diferente es que realmente ha confiado en sus propias comunidades para poner en práctica ese distanciamiento social”, considera Michael Ryan, director del Programa de Emergencias Sanitarias de la OMS, que alaba la puesta en marcha de una “política de salud pública muy fuerte”.

División entre los países nórdicos

Pero el mayor problema para el Gobierno rojiverde no es su población, que mayoritariamente respalda la gestión de la pandemia de sus autoridades, sino la actitud de sus vecinos nórdicos, que no descartan excluir a Suecia de la futura reapertura de fronteras entre ellos. Como en la crisis de refugiados de 2015, muchos acusan a los suecos de pecar de ingenuidad al desmarcarse de la política seguida por el resto.

Así, el epidemiólogo estatal noruego, Frode Forland, reconocía en una entrevista a Sveriges Radio que “la propagación de la infección es mucho mayor entre la sociedad sueca que la que tenemos en Noruega, y parece lógico mantener las fronteras cerradas si la situación es diferente en los diferentes países”. En la misma linea, la ministra del Interior finlandesa, Maria Ohisalo, constaba que "Noruega, Dinamarca e Islandia han conseguido estabilizar sus situaciones, pero en Suecia la situación es más alarmante”. Incluso en Dinamarca, unida a Suecia a través del puente de Oresund, los partidos presionan al Gobierno de la socialdemócrata Mette Frederiksen para reanudar la libre circulación exclusivamente con Noruega y Alemania el 1 de junio.

Suecia, donde se ha extendido un patriotismo nacional hacia su política sanitaria, conocido popularmente como ‘folkhälsonationalism’, se siente víctima sin motivo de la discriminación de sus vecinos pese a que la pandemia recula como en el resto de Europa occidental y su sistema sanitario no se ha visto colapsado, ya que en sus UCI permanece sin ocupar el 25% de sus camas. Por ello, Löfven no oculta su preocupación por las repercusiones negativas para la imagen del país: "Suecia es un país relativamente pequeño, como el resto de los países nórdicos. Y tenemos una larga historia de solidaridad, éste es nuestro patrimonio, por eso estoy preocupado por esta imagen”.

Económicamente, el país nórdico ha esquivado durante el primer trimestre la recesión con una caída del PIB de solo tres décimas, frente al 5,8% de Francia, el 5,2% de España o el 4,7% de Italia. Sin embargo, el Banco de Suecia prevé un caída de entre el 7% y el 10% para este año 2020, no muy diferente al 7,5% que la Comisión Europea estima para la Eurozona. El hecho de ser una economía abierta y potentemente exportadora (30% del PIB) explica su dependencia de la coyuntura de sus principales clientes. Como consecuencia, el paro subirá del 7% actual al 10,2% a final de año.