El coronavirus impide que China fije un objetivo de crecimiento

Por primera vez en 30 años, la Asamblea Nacional Popular china, el máximo órgano legislativo, renuncia a establecer unas metas económicas por la inceridumbre de la pandemia

El presidente Xi Jingping pasa frente al ministro de Exteriores, Wang Yi, y el de Defensa, Wei Fenghe -ambos con mascarillas- en la inauguración de la Asamblea Nacional Popular china/Foto: CARLOS GARCIA RAWLINS/Reuters

La epidemia de Covid-19 ha conseguido algo que no había ocurrido en el gigante asiático desde 1990. Por primera vez en 30 años, la Asamblea Popular Nacional (APN) no adelantó la habitual cifra de crecimiento para este 2020, una decisión que tan solo se explica a sabiendas del daño perpetrado por el nuevo coronavirus en la segunda mayor economía del planeta. Las cautas autoridades chinas han preferido en esta ocasión no pillarse los dedos ante la que prevén será una recuperación económica lenta y complicada, tras el parón industrial sufrido a principios de año en toda su geografía.

El anuncio no cogió por sorpresa a los analistas, que ya habían anticipado la posibilidad de que no ofreciera una cifra específica el primer ministro, Li Keqiang, quien por el contrario sí anticipó el aumento en el presupuesto de Defensa. En concreto, un incremento de un 6,6% interanual que supone la menor ampliación en los últimos 20 años.

El “premier” chino, que pronunció un discurso frente a unos 3.000 delegados procedentes de diferentes puntos del país -todos ellos cubiertos con mascarillas-, aseguró que las dos prioridades de este año serían la respuesta a la epidemia del coronavirus y el desarrollo económico.

“Me gustaría destacar que no hemos fijado un objetivo específico de crecimiento económico este año. Esto se debe a que nuestro país se enfrentará a algunos factores que son difíciles de predecir en su desarrollo debido a la gran incertidumbre sobre la pandemia de Covid-19 y el ambiente financiero y comercial del mundo”, explicó.

Precisamente, antes de que apareciera un virus que ha puesto el mundo patas arriba, la economía china estimaba crecer alrededor de un 6%, unas previsiones que cayeron en picado en el primer trimestre del año, cuando el PIB se desplomó un 6,8% a causa del patógeno.

El “shock” de la pandemia

“Somos conscientes de las dificultades y problemas a los que nos enfrentamos. El ´shock´ de la pandemia de COVID-19 ha enviado al mundo a una severa recesión, alterado las cadenas de suministro y causado una contracción del comercio internacional y la inversión y la volatilidad de los mercados”, añadió Li.

Para lograr frenar ese impacto Li indicó que el Gobierno “dará prioridad a estabilizar el empleo y asegurar los estándares de vida” con “medidas extraordinarias para tiempos inusuales”.

Todas ellas dirigidas al sector financiero, al comercio y la inversión exterior e interna, a las operaciones de las entidades de mercado, a la seguridad alimentaria y energética, a la estabilidad de las cadenas de suministro e industriales o al normal funcionamiento del gobierno. “Debemos redoblar nuestros esfuerzos para minimizar las pérdidas resultantes del virus”, insistió el primer ministro, que aseguró castigarán la caza y el comercio ilegal de animales salvajes.

El país asiático insistió en que seguirá apostando por el consumo interno, la lucha contra la pobreza y la estabilización del empleo. Sobre todo, después de que en febrero se alcanzara la cifra récord de 6,2% de paro, un área que Pekín considera puede convertirse en una importante fuente de inestabilidad social. Por eso, el objetivo fijado pasa por crear nueve millones de puestos de trabajo y alcanzar una tasa de desempleo de no más del 6%.

Además, China fijó la subida del índice de precios al consumo en un 3,5%, medio punto más que el año pasado, e insistió en que inyectará millones de yuanes a los Gobiernos locales para que combatan la epidemia y relancen sus economías bajo la condición de que “se apreten el cinturón”.

El presidente chino Xi Jinping, en el centro/Foto: Ju Peng/AP

Gasto en Defensa

El gasto militar también fue uno de los focos de interés de su discurso. La partida para Defensa, que aumentará un 6,6% respecto a 2019, situará al Ejército de Liberación Popular en uno de los mejores dotados del mundo. El gasto de este año -unos 163.000 millones de euros- es el más bajo de las últimas dos décadas y queda lejos de los más de 660.000 millones de euros que su contraparte estadounidense destinó el año pasado a sus uniformados.

Sin embargo, las sospechas de que China mantiene partidas ocultas para sus militares son habituales y los analistas del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo sitúan el gasto real del año pasado en 238.000 millones de euros, en lugar de los 156.000 millones anunciados.

El discurso de Li tampoco olvidó mostrar mano dura contra cualquier intento de desafiar su soberanía. Primero le tocó a Taiwán, a cuyos ciudadanos pidió oponerse a la independencia y buscar la reunificación y, después, a Hong Kong. Como se anticipó el día anterior, Li anunció la decisión de promulgar una Ley de Seguridad Nacional para la ex colonia británica, que atraviesa una grave crisis política y que supone el mayor desafío para Pekín desde que esta volviera a manos chinas en 1997.

Desde el verano de año pasado, las protestas se han sucedido en una urbe en la que se supone rige el principio de “un país, dos sistemas” y que, tras el anuncio en la APN de este proyecto de ley, muchos auguran su fin.

Con la nueva normativa, que deberá corroborar el Comité Permanente del Partido Comunista chino, se castigarán los delitos de subversión, terrorismo, separatismo, interferencia extranjera o “cualquier acto que ponga en grave peligro la seguridad nacional”. Todo un mazazo para los pro democráticos que ven con este movimiento una intromisión en los asuntos internos de la ciudad y un paso definitivo para que Hong Kong deje de ser esa burbuja de libertades dentro de China que ha sido hasta ahora.