Argentina entra en “default” por novena vez

El Gobierno extiende el plazo de negociación y podría llegar a un acuerdo

Finalmente la historia se repite en Argentina, un país complejo condenado a caer a los abismos para luego lentamente resurgir, como si de una maldición se tratase. No hay paz para los argentinos que se ven condenados por varias “pestes”: la pobreza, la inflación, la deuda y el coronavirus.

Como se esperaba el Gobierno no pagó ayer el vencimiento de la deuda de 503 millones de dólares, por lo que cayó en default, pero decidió prorrogar hasta el 2 de junio inclusive la negociación con los bonistas, con la intención de corregir la oferta original para llegar a un acuerdo. Se trata por tanto, de una cesación de pagos controlada. Qué no cunda todavía el pánico, por lo menos, hasta junio.

Al final Argentina con experiencia en estos “duelos”, está jugando duro. Negociando hasta el último momento con la excusa de la pandemia. Aunque en el Palacio de Hacienda no quieren todavía enseñar sus cartas se supone que habrá una mejora de la actual oferta en el último momento. Hoy, el rango de la negociación es 40 centavos que ofrece el Gobierno por cada dólar que los bonistas invirtieron en la Argentina, contra 55-60 que quieren los acreedores.

Bajo este escenario, Argentina ingresa en el noveno default de su historia. Esta cesación de pagos, de todos modos, podría ser temporal, dado que las negociaciones con los acreedores privados parecen avanzar. El caso intermedio es el canje de 2005 que realizó el ex presidente Néstor Kirchner.

La aceptación llegó al 76,15% y el país se vio sometido a una fuerte ofensiva judicial, embargos de distintos activos alrededor del mundo y dificultades para volver al mercado de capitales. Hoy ese porcentaje luce por lo menos como aceptable y algunos consideran hasta deseable. El riesgo es que un porcentaje de los bonistas decida quedarse como “holdout”, es decir afuera del acuerdo. Y ése será el momento de la verdad.

¿Cuánto es un porcentaje razonable de aceptación? Uruguay consiguió en 2003 un porcentaje superior al 90%, pero la quita llegó a sólo 10%. La Argentina propuso una quita del 60% y podría bajarla al 50%. Sería irreal pensar que 9 de cada diez inversores aceptará la propuesta en esos términos.

Un escenario probable es que se termine en una suerte de “limbo”, con una parte de la deuda reestructurada y nuevos bonos emitidos, mientras que otro grupo de acreedores optará por seguir la “negociación” ante tribunales de Nueva York. Es decir los fondos buitres de nuevo, huelen “la carroña”.

En cualquier caso y pese a las asperezas iniciales con el gobierno peronista, ambas partes todavía apuestan a que haya un final feliz, de hecho el FMI, a quien Argentina adeuda 40.000 millones, avala la propuesta de la Casa Rosada.