Batalla de mascarillas entre Trump y Biden

El presidente de EE UU ironiza sobre la debilidad del aspirante demócrata por aparecer en público con el rostro cubierto

Joe Biden visits New Castle, Delaware, during Memorial Day
El candidato demócrata Joe Biden y su mujer durante los actos del Memorial Day el pasado lunesCARLOS BARRIAReuters

Donald Trump atacó a Joe Biden, su gran rival por la Casa Blanca, a cuenta de la mascarilla. Primero dio carrete a un tuit de Brit Hume, colaborador de la cadena Fox, en la que se aprecia al candidato demócrata con gafas de sol y una máscara negra durante una ceremonia del Memorial Day. «Esto podría ayudar a explicar por qué a Trump no le gusta usar una máscara en público», había escrito Hume.

Poco más tarde el presidente, que se niega a usar la mascarilla, presumía de dureza y defendía la gestión realizada por su Gobierno. «A pesar de todos los ataques políticos», escribió, «si no hubiera hecho bien mi trabajo habríamos perdido de 1 o 1,2 a 2 millones de personas, frente a los 100.000. Eso es de 15 a 20 veces más de lo que hemos perdido». «¡Cerré la entrada de China muy temprano!», comentó, recordando el veto a los viajeros que llegaban de China. «Una sola persona perdida por este virus», añadía Trump, «es demasiado». Lo cierto es que la carrera a la Casa Blanca ya ha comenzado.

Por supuesto volvió a apuntar sus baterías hacia China, a la que acusa de actuar tarde y mal, de ocultar la magnitud de lo que ocurría y no de facilitar unos datos cruciales a la comunidad internacional. «Debería haberse detenido en su origen, China, pero actué muy rápido y tomé las decisiones correctas. Muchos de los oponentes políticos actuales pensaron, en ese momento, que me estaba moviendo demasiado rápido, ¡como la Loca Nancy!».

Lo cierto es que durante los primeros meses de la pandemia la Casa Blanca insistió en que el peligro era más bien marginal y que no había motivos para preocuparse. A pesar de que desde enero los servicios de inteligencia estadounidenses ya alertaban del brote epidémico en Wuhan, y a pesar de que científicos destacados publicaron artículos donde alertaban de que había que actuar con urgencia.

Las palabras del presidente llegaban el día en que el país rondaba la marca fatal, histórica, de los 100.000 muertos. 99.738 a las 14:00 de la Costa Este. Con 1,7 millones de positivos, 18.000 en las últimas 24 horas. EE UU sigue siendo el país más castigado por el coronavirus. Y las noticias siguen siendo absolutamente contradictorias.

Nueva York deja atrás lo peor

En el epicentro de la pandemia, Nueva York, todo apunta a que lo peor de la crisis va quedando atrás. El gobernador, Andrew Cuomo, anunció que se reunirá con el presidente Trump mañana en Washington, DC. Cuomo se felicitó de que los números de infectados no han crecido entre los empleados de sectores esenciales, con lo que estarían funcionando las medidas de prevención. También explicó que hay toda una batería de medidas dispuestas para los barrios más castigados. Generalmente los más pobres, con miles de trabajadores inmigrantes y/o empleados en trabajos que no permiten practicarse a distancia. «Nos centraremos en esos códigos postales», dijo Cuomo, «queremos disminuir la tasa de infección en esas comunidades, y eso realmente debería reducir el total de los números en la ciudad de Nueva York. Comenzamos eso la semana pasada, pero vamos a llevarlo a un nuevo nivel a partir de esta semana».

Tanto Cuomo como el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, han anunciado que cerca de 2.000 rastreadores comenzarán a peinar los vecindarios en busca de casos sospechosos, de convalecientes y de familiares. Entre tanto, en lugares como Georgia, que arriesgaron reabrir mucho antes que el resto, los números también son positivos.

De Washington a Iowa todos los estados y todas las ciudades recuperan lentamente la normalidad. Llegan buenas noticias de la industria aérea, que por fin disfrutó de una cierta tregua, gracias al Memorial Day, aunque con unos números muy lejos de los ordinarios en una de las fechas más señaladas del año. Los responsables educativos de varios estados se debaten entre abrir en otoño con alumnos o permanecer de momento estancados en las clases telemáticas.