¿Por qué la muerte de George Floyd ha encendido la mecha de los disturbios raciales?

La muerte violenta del afroamericano a manos de cuatro policías blancos en Minneapolis llena las calles de Estados Unidos de indignación a medida que se conocen más detalles

Nada ha cambiado en el último medio siglo en Estados Unidos en lo que a disturbios raciales por la muerte de ciudadanos a manos de la policía se refiere. Datos del Washington Post confirman que más de un millar de estadounidenses mueren cada año a manos de agentes que imponen su fuerza y autoridad contra ellos.

Un alto porcentaje de esas muertes desproporcionadas, más del 30 por ciento, la sufren negros a manos de blancos, a pesar de que apenas representan un 13% de la población. Además, otro estudio del rotativo estadounidense asegura que uno de cada 1.000 hombres y niños negros serán asesinados por la policía durante el curso de la vida. Un problema conocido, latente y ampliamente denunciado a lo largo de la historia de país.

La noche del miércoles fue larga en la ciudad de Minneapolis, donde cientos de manifestantes salieron a las calles para protestar por la muerte de un afroamericano a manos de un policía blanco y otros tres agentes uniformados que le acompañaban. Un nuevo episodio racial que pone en entredicho el abuso de autoridad contra este colectivo y el uso innecesario de la fuerza, que acabó ocasionando la muerte del detenido, George Floyd.

El vídeo de un aficionado demostraba que uno de los cuatro policías que participó en la detención del ciudadano afroamericano de 46 años sostuvo su rodilla presionando el cuello de la víctima durante 9 minutos, esposado y tumbado boca abajo, mientras se le escuchaba suplicar ayuda entre gemidos, “Por favor, no puedo respirar”, y de manera repetida antes de quedarse inmóvil.

George Floyd fue trasladado en ambulancia hasta el hospital y declarado muerto esa misma noche. Desarmado y pacífico, había sido detenido por ser sospechoso de intentar utilizar un billete falso de 20 dólares en un restaurante.

Las imágenes de su desproporcionada detención se viralizaron en las redes sociales, y las protestas por todo el país no se hicieron esperar. Personalidades del mundo de la política, el periodismo, el deporte y el espectáculo denunciaron con gran indignación los hechos por injustos e intolerables.

Cientos de personas salieron a la calle el miércoles, segundo día de manifestaciones, en el estado de Minesota, cuyos disturbios fueron acompañados por saqueos y actos de vandalismo pocas horas después de que su alcalde, Jacob Frey, instara a los fiscales a presentar cargos penales contra el policía blanco que inmovilizó a la víctima por el cuello.

El excepcional despliegue de la Guardia Nacional para frenar la furia de más de un millar de manifestantes obligó a las fuerzas de seguridad a utilizar gas lacrimógeno, balas de goma y granadas de contusión para frenar a la multitud. Los protestantes, algunos de ellos con el rostro cubierto, lanzaron piedras y otros proyectiles a la policía, mientras que se produjeron incendios en algunos pequeños comercios de la zona.

Al grito de “Sin justicia, no hay paz” y replicando las últimas palabras del detenido, “No puedo respirar”, la multitud se concentró frente a la comisaría del Tercer Precinto Policial de Mineapolis, a pocos metros del lugar de los hechos. La concentración fue en aumento al avanzar la jornada, superando el millar de personas y causando violentos enfrentamientos la madrugada del miércoles.

El FBI abre una investigación

El FBI ha iniciado una investigación para esclarecer los detalles del suceso, mientras los cuatro agentes implicados fueron despedidos el mismo martes del Departamento de Policía. Las imágenes de las cámaras de seguridad de un restaurante situado frente al lugar de detención confirmaban que la víctima no opuso resistencia.

El presidente Donald Trump también se pronunció al respecto. “A petición mía, el FBI y el Departamento de Justicia ya están investigando la muerte muy triste y trágica en Minnesota de George Floyd. He pedido que se acelere esta investigación y aprecio mucho todo el trabajo realizado por las autoridades locales. Mi corazón está con la familia y amigos de George. ¡Se hará justicia!”, publicó en Twitter.

Los disturbios raciales en Estados Unidos cuentan con un apartado propio en la enciclopedia de internet, Wikipedia. Y es que, durante el último medio siglo, el país se ha caracterizado por protagonizar multitud de sucesos con un denominador común: el odio al color de la piel. Odio que genera oleadas de protestas sin fin por el trato diferenciado en el que el abuso de autoridad policial es denunciado con frecuencia.

En los años 60, Nueva Jersey, Michigan y Tenesi fueron escenario de graves disturbios raciales, culminando en el asesinado del reverendo Martin Luther King en el Memphis de 1968. Como consecuencia a su muerte, la violencia estalló en 125 ciudades del país, con medio centenar de muertos y 2.600 heridos.

En 1980, Miami se convirtió en el centro de las protestas de Florida, con más de 400 heridos en el barrio negro de Liberty City y una veintena de muertos. En aquel entonces, los disturbios estallaron con la absolución de otros cuatro policías blancos en Tampa, acusados de matar a golpes a un motorista afroamericano que se había saltado un semáforo.

Los disturbios raciales continuaron creciendo durante los años 90, extendiéndose a la otra punta del país. De nuevo, la absolución de cuatro policías blancos tras darle una paliza a Rodney King, ciudadano negro, tal y como se vio en imágenes, trasladó la indicación desde Los Ángeles hasta San Francisco y Las Vegas, replicándose las protestas en Atlanta y Nueva York, con un total de 59 muertos y más de 2.300 heridos.

La historia más reciente nos remonta a Ferguson en 2014. La muerte del joven afroamericano de 18 años, Michael Brown, por disparos de un policía blanco, prolongó la oleada de disturbios entre la población de color y autoridades policiales durante casi dos semanas en Misuri y otros estados salpicados por la indignación. Obama puso entonces al mando al primer fiscal general de origen afroamericano, Eric Holder, para dar respuesta a una herida que todavía hoy sigue abierta en la sociedad estadounidense.