Hong Kong o el espejismo de “un país, dos sistemas”

El incierto futuro de la ex colonia británica Pekín aprovecha la pandemia para lanzar su órdago contra su régimen de libertades y tratar de asimilar a la ciudad autónoma al continente

Una manifestación contra China exigiendo las "cinco demandas" en Hong Kong
Una manifestación contra China exigiendo las "cinco demandas" en Hong KongKin CheungAP

Ha pasado casi un año desde que en junio de 2019, miles de ciudadanos asediaron el Parlamento local hongkonés para frenar la tramitación de una ley que hubiera permitido extraditar a la China continental a detenidos en la ex colonia británica.

Aquellos hechos se saldaron con violentos enfrentamientos entre Policía y manifestantes y desataron las protestas en la ciudad, que se fueron recrudeciendo por la mala gestión del Gobierno local. Se llegó a ocupar el aeropuerto, se asediaron comisarías, se levantaron barricadas y se destrozó mobiliario urbano, una serie de actos que tuvieron como resultado la división de la sociedad entre los aliados de Pekín y los colectivos prodemocráticos.

A las ansias por seguir conservando los derechos y libertades vigentes en la ciudad y poder decidir sobre su futuro, se sumó la gran derrota de los pro China en las elecciones a distrito del mes de noviembre. Incluso la bandera de Estados Unidos llegó a ondear por las calles de Hong Kong de la mano de manifestantes que pedían ayuda al otro lado del Pacífico. El temor a una mayor injerencia del exterior en los asuntos de la urbe y la imposibilidad de tramitar una ley en el Parlamento a causa de la tremenda división existente, hizo que a Pekín se le acabara la paciencia y dijera basta.

China no iba a ceder y menos aún poner en entredicho su soberanía. Pekín llevaba ya tiempo tejiendo los hilos para recuperar por completo Hong Kong y solo quedaba esperar el momento oportuno. En concreto, esta semana, cuando se aprobó en la capital china la propuesta de ley de seguridad nacional para la metrópoli, una acción que cayó como un jarro de agua fría entre los colectivos prodemocráticos. El activista político y fundador del partido Demosisto se lamentaba en Twitter, “China ha remplazado la fórmula prometida de “un país, dos sistemas” por la de “un país, un sistema”.

Los analistas han coincidido en señalar que el Partido Comunista chino ha jugado muy bien sus cartas y ha aprovechado un momento en el que la comunidad internacional lidia con una epidemia global que mina su estado del bienestar y sus finanzas, para lanzar el órdago. En él, tampoco se olvidó de Taiwán ni de proteger sus intereses en el Mar del Sur de China.

Por eso, aprovechando que la mayoría del mundo mira para otro lado, Pekín ha endurecido ahora su retórica y ha dejado claro que no va a dejar que nadie se entrometa en sus asuntos. El Gobierno chino afirmó este viernes que “aniquilará con decisión”, utilizando la fuerza si es necesario, cualquier maniobra de Taiwán para proclamarse independiente. Además, ha insistido en su soberanía sobre las aguas del Mar del Sur de China y en otras zonas en las que mantiene disputas territoriales.

Mientras, en Hong Kong es probable que la fecha del 28 de mayo quede marcada en el calendario como la jornada en la que el gigante asiático comenzó la reconquista oficial de la ex colonia. Aquel día, la Asamblea Nacional Popular (ANP) aprobó -a 2.000 kilómetros del Parlamento local hongkonés- un proyecto de ley que castigará delitos como la subversión, el terrorismo, el separatismo o las injerencias extranjeras. Una norma que también abre la posibilidad de que los agentes comunistas operen en suelo hongkonés, algo hasta ahora no permitido.

Se avecina una nueva era repleta de incertidumbre que, para muchos opositores, aboca al fracaso el principio de “un país, dos sistemas” que rige en la ciudad desde que volvió a manos chinas en 1997 y recorta sus derechos y libertades. De hecho, esa preocupación ya se palpa en la ciudad. Allí, las consultorías especializadas en temas migratorios aseguran haber multiplicado las solicitudes de información y sus ciudadanos comparten en las redes consejos y VPN´s para sortear la censura que ven cada vez más cerca.

En el terreno económico, las grandes fortunas investigan dónde poner sus ahorros a salvo del rastreo comunista; los inversores introducen mayores variables en sus cálculos a la hora de invertir y las empresas se preparan para lo peor. Sobre todo, después de que el presidente norteamericano, Donald Trump, anunciara el viernes que despojaba a la metrópoli de su estatus preferencial retirando los beneficios comerciales y poniendo sobre las cuerdas su condición de importante centro financiero internacional.

El magnate aprovechó para ir más allá y acusar a China de haber estafado a su país, contribuido a destruir el tejido industrial y espiado para hacerse con los secretos industriales estadounidenses. Sobre la ex colonia británica, también arremetió contra Pekín porque dice “no ha cumplido su palabra al mundo para garantizar la autonomía de Hong Kong”. Por eso, advirtió que, entre otras medidas, prohibirá la entrada desde China a ciertos ciudadanos que EE UU "ha identificado como potenciales riesgos a la seguridad” y sancionará “a los funcionarios de la República Popular China implicados directamente en la erosión de la autonomía de Hong Kong y la asfixia de la libertad”.

Desde Hong Kong, la máxima responsable de Justicia, Teresa Cheng, calificó de “inaceptable” la amenaza de Trump. También insistió en que la polémica ley está dirigida a endurecer las medidas contra la disidencia, especialmente la alimentada por la injerencia extranjera, en una velada advertencia a EE UU, a quien Pekín culpa de estar detrás de las protestas en la ciudad china.

Las palabras de Cheng se alineaban con las del portavoz de Exteriores Zhao Lijian, quien afirmó que “si Estados Unidos continúa por ese camino, China tomará todas las medidas de respuesta necesarias”. Aunque todavía no se han concretado esas represalias, insistió en que ningún país permite “que el separatismo u otras actividades socaven la seguridad nacional en su territorio” y China no será la excepción.

Y mientras las dos mayores potencias económicas del mundo continúan su particular guerra, los hongkoneses asimilan con una mezcla de ansiedad, resignación y desafío el anuncio de Trump, al tiempo que debaten qué medidas tomar para seguir mostrando su descontento, ahora que todavía pueden hacerlo.