¿Ha muerto por coronavirus el presidente de Burundi?

El Gobierno burundés anuncia el fallecimiento de Pierre Nkurunziza. El mandatario expulsó en mayo a la OMS del país. La covid-19 podría ser la causa de su muerte

FILE PHOTO: Burundi's President Pierre Nkurunziza attends the National Council for the Defense of Democracy-Forces for the Defense of Democracy (CNDD-FDD), party's extraordinary congress in Gitega Province
El presidente de Burundi, Pierre Nkurunziza, en una foto de eneroEVRARD NGENDAKUMANAReuters

El presidente saliente de Burundi, Pierre Nkurunziza, ha muerto, según ha anunciado el Gobierno burundés a través de la red social Twitter.

Según el comunicado del Gobierno burundés, recogido por la agencia Reuters, Nkurunziza, de 55 años, habría muerto de un ataque al corazón. “El Gobierno de la República de Burundi anuncia con gran tristeza el deceso inesperado de su Excelencia Pierre Nkurunziza, presidente de la República de Burundi, ocurrido en el Hospital del Cincuentenario de Karusi después de un paro cardiaco este 8 de junio de 2020”.

Precisamente hoy, dos medios belgas informaban de que el presidente de Burundi se encontraba hospitalizado en estado grave, sin que el motivo de su ingreso estuviera claro. Lo que sí pudieron confirmar es que su esposa, la primera dama de Burundi, estaba internada, en un hospital en Kenia, con covid-19.

Pierre Nkurunziza
El presidente de Burundi, Pierre Nkurunziza, en una foto de archivoBerthier MugiranezaAP

Por lo que los rumores sobre si Nkurunziza ha muerto por coronavirus se han disparado.

De acuerdo con los diarios ‘Le Soir’ y ‘La Libre’, que citaban fuentes propias, el mandatario, que debería ceder el testigo el próximo agosto a su delfín, el general Evariste Ndayishimiye, ganador de las recientes elecciones presidenciales, está hospitalizado desde el sábado por la noche en Karusi, una ciudad del este del país, y su estado era “grave”.

Según ‘Le Soir’, el helicóptero enviado a Karusi volvió vacío a la capital, si bien el portavoz del Gobierno no se ha pronunciado al respecto, ni tampoco lo han hecho los medios oficiales. Fuentes locales han asegurado al diario belga que la COVID-19 habría agravado una dolencia que ya padecía Nkurunziza y que le motivó a no optar a un nuevo mandato. Nkurunziza llevaba al frente del país desde 2005.

Su tercer mandato, en 2015, causó estupor en todo el país. Pierre Nkurunziza dirigió este pequeño país de África del Este con un creciente autoritarismo desde el final de la guerra civil (1993-2005), que enfrentó a hutus (85 % de la población) y tutsis y causó unos 300.000 muertos.

Hijo de padre hutu y madre tutsi en una región en la que la etnia es muy importante, Nkurunziza luchó en las filas del Consejo Nacional para la Defensa de la Democracia-Fuerzas para la Defensa de la Democracia (CNDD-FDD), uno de los grupos rebeldes hutu que lucharon contra el Gobierno durante la guerra civil que estalló en 1993.

En 2001 tomó las riendas del grupo armado e inició un proceso de cese de hostilidades, desmovilización e inserción en la vida política en virtud de los acuerdos de paz de Arusha de 2000, que sentaron las bases para un Gobierno de transición, al que Nkurunziza se sumó como ministro de Buena Gobernanza en 2003.

Finalmente, en 2005, fue elegido presidente del país por la Asamblea Nacional con amplia mayoría gracias al buen resultado alcanzado por su partido y procedió a formar un Gobierno de unidad según lo estipulado por los acuerdos de paz.

Reelegido con el 90% de los votos

En 2010 fue reelegido con más del 90 por ciento de los votos, ya que la oposición optó por boicotear la cita con las urnas.

Pero sin duda, el punto de inflexión en su presidencia fue su decisión de optar a un tercer mandato en 2015. La oposición denunció inmediatamente que con ello violaba el acuerdo de paz alcanzado para poner fin a la guerra civil pero, tras un fallido golpe de Estado y con el aval del Tribunal Constitucional, el presidente logró revalidar su cargo en las urnas, desatando con ello una ola de violencia con epicentro en la entonces capital, Buyumbura, que se cobró al menos 1.200 vidas, de acuerdo con organizaciones de defensa de los Derechos Humanos.

Nkurunziza afirmó en 2018 que no volvería a presentarse a la reelección tras la aprobación de una nueva Constitución que prolongaba los mandatos de cinco a siete años. El cambio constitucional ponía a cero el contador de mandatos para Nkurunziza, lo que teóricamente abría la vía a buscar la reelección en 2020 y de nuevo en 2027.

La semana pasada, la prensa keniana había informado de que la primera dama había sido ingresada en un hospital de Nairobi para recibir tratamiento tras supuestamente haber contraído coronavirus. Fuentes del Hospital Aga Khan de Nairobi citadas por el diario ‘Daily Nation’ indicaron que Denise Bucumi Nkurunziza fue trasladada al país el 28 de mayo y precisaron que también recibe tratamiento por una patología previa sin especificar.

Irresponsabilidad

Nkurunziza fue uno de esos presidente irresponsables que abogó en público por “reunirse sin mascarillas” argumentando que “Dios purifica el aire del país”.

Los concurridos mítines, como éste del 27 de abril, preocuparon a las autoridades sanitarias. El presidente expulsó a la OMS
Los concurridos mítines, como éste del 27 de abril, preocuparon a las autoridades sanitarias. El presidente expulsó a la OMSBerthier MugiranezaAP

Es más, a pesar de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Burundi celebró a finales de mayo elecciones presidenciales, parlamentarias y locales en plena pandemia. Y como no le gustaba escuchar los consejos de la OMS declaró “persona non grata” al jefe de la delegación de la OMS y a otros tres miembros de la organización a quienes dio 48 horas para abandonar el país, justo antes de las elecciones.

Según informa Europa Press, la OMS, hasta la fecha el país ha registrado 83 casos y un fallecido. Sin embargo, médicos de Burundi alertaron a mediados de mayo de la existencia de una cadena de contagios “oculta y descontrolada” en el país, que las autoridades habrían intentado esconder para no obstaculizar el proceso electoral.