Kim Jong Un dinamita el diálogo con Corea del Sur

Pyongyang vuela la oficina de relaciones en el paralelo 38. El régimen Juche amenaza con militarizar la frontera y dilapida dos años de acercamiento

Ayer, apenas diez minutos antes de las tres de la tarde, en la zona industrial de Kaesong próxima a la frontera entre las dos Coreas, se escuchó una fuerte detonación a la que siguió una columna de humo. Pyongyang había cumplido con la amenaza hecha días atrás y había dinamitado la oficina de enlace que mantenía con Seúl. Su acción echaba por tierra de manera unilateral dos años de diálogo reconciliador entre ambos países aparcando la paz a un lado y dejando un futuro lleno de incertidumbre. Un rotundo adiós al diálogo y a la diplomacia intercoreanos. «La oficina conjunta entre el Norte y el Sur quedó completamente destruida. Ya hemos interrumpido todas las líneas de comunicación entre ambas partes», se podía leer en el comunicado emitido por el régimen de Kim Jong Un.

El mensaje a transmitir era claro: no tienen intención alguna de volver a la mesa de negociación. La destrucción de este simbólico edificio fue la respuesta de Pyongyang ante el envío de globos de propaganda contraria al régimen comunista por parte de activistas y desertores norcoreanos afincados en el sur en los días previos. Kim Yo Jong, la hermana de Kim, había advertido el pasado fin de semana de que destruirían el centro a pesar de que las autoridades surcoreanas habían pedido a estos grupos de activistas detener sus lanzamientos a petición del régimen norteño. De nada les valió que Seúl incluso les avisara de la posibilidad de legislar al respecto con el fin de acabar con una actividad que desencadena situaciones tan graves como ésta.

Tras conocerse la noticia, el Gobierno surcoreano convocó una reunión de urgencia de su Consejo de Seguridad Nacional, que lamentó la acción de su contraparte. «La destrucción es un acto que viola la esperanza de todo el pueblo que desea el progreso de las relaciones intercoreanas y la paz duradera en la península», afirmó la oficina presidencial surcoreana. En el comunicado, responsabilizó a Pyongyang de todos los incidentes que pueda acarrear su acción y le instó a no agravar la situación advirtiendo que responderán «con firmeza» si continúan agravando la situación.

Mientras, el Ministerio de Unificación emitió otra declaración en la que pidió a Pyongyang asumir toda la responsabilidad por el acto y calificó la destrucción de «insensata» e «inaudita» para las relaciones entre ambas naciones, además de una violación del acuerdo de la cumbre de 2018 entre las dos Coreas.

La oficina de enlace se inauguró en 2018 después de acordar su construcción durante la cumbre que mantuvieron Kim y su homólogo surcoreano, Moon Jae In, en septiembre de ese mismo año. La edificación de sus cuatro pisos, cuyo coste de ocho millones de euros fue asumido por el Sur, formaba parte de una serie de medidas tomadas para reducir las tensiones entre las dos Coreas y resolver el conflicto –con armas nucleares de por medio- que mantienen.

Por eso, el levantamiento del edificio simbolizó el acercamiento diplomático entre ambos países y su demolición, ahora supone el fin de las misiones que se pretendían establecer desde ese lugar, como reuniones entre familiares separados por la guerra o posibles acuerdos militares para reducir las tensiones en la frontera. Ambos países se encuentran técnicamente en guerra desde 1953, cuando un armisticio entre las dos naciones puso fin a los combates y se estableció la conocida como Zona Desmilitarizada. Allí, Pyongyang y Seúl mantienen a cerca de un millón de soldados estacionados, lo que la convierte en una de las fronteras más fortificadas del mundo y donde a falta de un tratado de paz existe un alto el fuego.

Precisamente, el Ejército norcoreano admitió ayer estar «completamente listo» para tomar medidas contra el Sur, incluyendo la vuelta a las áreas que habían sido desmilitarizadas en virtud de un acuerdo intercoreano. Según anunciaron, ya existe un «plan de acción» para «convertir la línea del frente en una fortaleza y aumentar aún más la vigilancia militar sobre el Sur».

Con todas estas acciones sobre el papel, los analistas apuntan a que Kim podría estar tratando de fabricar una crisis y aumentar la presión sobre Seúl mientras las negociaciones nucleares con Washington permanezcan estancadas. Hay que recordar que tras el fracaso de la cumbre entre EE UU y Corea del Norte de febrero de 2019, el régimen Juche ha ido endureciendo su postura contra Washington.

“Corea del Norte está frustrada por que el Sur no ha podido ofrecer un plan alternativo para revivir las conversaciones entre Estados Unidos y el Norte, y mucho menos crear una atmósfera adecuada para el resurgimiento”, afirmó Cheong Seong Chang, director del Centro para Corea del Norte del Instituto Sejong. Para él, Pyongyang “ha llegado a la conclusión de que el Sur ha fallado como mediador en el proceso”. Habrá que ver ahora si las acciones norcoreanas sirven para desatascar en cierto modo las conversaciones con Seúl y Washington o, por el contrario, recrudecen la situación en la península.