La protesta de los sanitarios agrieta la imagen de Macron

Estupor por la brutalidad policial contra una enfermera de 51 años. Su detención genera malestar mientras el Gobierno lidia con los disturbios de Dijon

Las protestas vuelven a las calles de París y esta vez no han sido los chalecos amarillos sino los blusas blancas, el personal sanitario que ha estado en primera línea de batalla contra el coronavirus y que reclama a Macron mejoras en sus condiciones salariales y laborales. Y con sus protestas han vuelto los disturbios. Las imágenes de enfrentamientos entre policía y manifestantes en la jornada de protesta del pasado martes está causando una encendida polémica.

Los choques se limitaron a algunos destrozos de mobiliario urbano y se saldaron con 30 detenidos, algo en comparativa bastante menos convulso que en otras protestas recientes en Francia pero marcan el retorno a esa “normalidad” de tensión en la calle que ha protagonizado la primera parte del quinquenio de Macron, casi semana a semana. Ese derecho a manifestarse fue restaurado el pasado sábado por el Consejo de Estado después de que se limitase para combatir la pandemia.

Quienes salieron a la calle el martes eran los mismos que durante el confinamiento eran aplaudidos cada tarde a las ocho. Ahora pretenden que ese reconocimiento social se transforme en mejoras. Macron prometió durante la pandemia un plan masivo de inversión en el sector y su consecuente revalorización y, con este objetivo, abrió una gran negociación el pasado 25 de mayo cuyas propuestas deberían revelarse durante los próximos días.

Pero sin duda, en el eco de las protestas del personal sanitario una mujer enfermera de 51 años ha tenido un protagonismo especial. La mujer trabaja en la unidad geriátrica y fue detenida después de insultar a la policía, hacer gestos obscenos y lanzar piedras contra los agentes. Ha pasado 24 horas en el calabozo antes de ser liberada. Ahora, deberá comparecer ante la justicia el próximo septiembre, acusada de ultraje a la policía y rebelión.

Según su hija, los tres meses de lucha contra la Covid-19 –que la propia enfermera sufrió– han dejado a su madre agotada y en un estado anímico frágil que propició su explosión de cólera durante la manifestación. Cuando la detuvieron, la enfermera se puso a chillar para que le dieran un medicamento que toma contra el asma. Unas imágenes elocuentes que han desatado una gran controversia en redes sociales. El partido de izquierda radical Francia Insumisa salió en defensa de la enfermera y arremetió contra los métodos de la policía.

El contexto de estas protestas es inquietante para el gobierno francés. A estas protestas hay que sumarles las continuas manifestaciones que la deriva francesa del movimiento Black Lives Matter está teniendo, los intentos constantes de los chalecos amarillos por volver a escena después de esta crisis y la situación de violentos altercados que vive la ciudad de Dijon tras cinco días donde hubo enfrentamientos entre las comunidades de origen checheno y magrebí.

Todo ello, aunque de diversa naturaleza, está convergiendo en un punto común: el resurgimiento del debate de la seguridad y el orden público en un momento en el que el propio ministro de Interior, Christophe Castaner, se halla en una situación delicada y la propia policía lo cuestiona. La sensación de anarquía y el cuestionamiento de que Interior francés no controla toda esta situación está siendo capitalizado por la ultraderechista Marine Le Pen para recobrar un protagonismo que parecía apagado.

Un sondeo reciente para Franceinfo y el diario Le Figaro revela que la imagen de la policía en Francia se ha deteriorado en los últimos años, aunque el público sigue teniendo una opinión favorable de las fuerzas de seguridad en su mayoría (76%). En los momentos posteriores a la ola de atentados que sufrió Francia, hace cinco años, este apoyo llegó al 84%.

El confinamiento, entre el 17 de marzo y el 11 de mayo, y la posterior desescalada, que se ha acelerado ante la evidencia de que el virus está bajo control en toda Francia, han sido un paréntesis después de más de un año de tensiones por la revuelta de los chalecos amarillos, primero, y las protestas contra la reforma de las pensiones, después. No faltan en el país los comentarios cargados de sarcasmo que apuntan a que con todo este cúmulo de tensión en la calle Francia ya demuestra haber vuelto plenamente a su “normalidad”.