Portugal, de alumno modelo contra la covid-19 a dar un paso atrás en la desescalada

Con el peor ratio de contagios en Europa tras Suecia, el Gobierno prohíbe las reuniones de más de diez personas y restringe los horarios comerciales en la región de Lisboa

De dar ejemplo internacional a tener que implantar desde hoy nuevas restricciones en su capital. Es la transición de Portugal, que lucha por controlar sus brotes entre una enorme presión para no afectar su imagen de país seguro tanto para el turismo como en calidad de anfitrión de la Champions.

La situación de la periferia capitalina, donde desde hace un mes se concentran al menos dos tercios de los nuevos contagios diarios, ha llegado a un punto de inflexión días después de que se conozca que Portugal tiene el segundo peor ratio de nuevos contagios por 100.000 habitantes en Europa, solo superado por Suecia.

El dato ha hecho saltar las alarmas en el estreno de la época estival, cuando el país espera recuperar turismo amparándose en su imagen de destino seguro gracias a una gestión inicial de la pandemia que le permitió mostrar mejores números que sus vecinos europeos.

Su balance de 1.540 fallecidos y casi 40.000 contagiados fue un importante elemento a favor para hacerse con la final a ocho de la Champions el próximo mes de agosto en Lisboa, un evento considerado estratégico por las autoridades que ha tenido otro efecto: incrementar la presión para trabar los rebrotes.

Las nuevas medidas restrictivas que se aplican desde hoy en la región metropolitana de Lisboa, donde prácticamente todo salvo restaurantes cerrarán a las 20.00 horas y donde están prohibidas las reuniones de más de 10 personas, persiguen frenar la pandemia.

Los brotes se concentran en Lisboa y otros cuatro municipios de su periferia: Sintra, Odivelas, Amadora y Loures, donde se han incrementado sobre todo desde el inicio del desconfinamiento el pasado 4 de mayo.

En estas zonas, donde viven 1,4 millones de habitantes, se acumula la mitad de los nuevos casos identificados en las últimas dos semanas en todo Portugal, que según el Gobierno afectan sobre todo a trabajadores de empleo temporal y del sector de la construcción civil.

Además, aumentará la vigilancia policial para impedir concentraciones masivas, como las fiestas del pasado fin de semana en la playa de Carcavelos, a pocos kilómetros de Lisboa, donde se juntaron cerca de 1.000 jóvenes.

En las últimas semanas, el Gobierno del socialista António Costa ha atribuido el aumento de casos a la realización de más test. Un argumento que creó polémica después de que la semana pasada se conociera que 17 países limitan o prohíben la entrada de portugueses por las cifras lusas. Algunos especialistas han llegado a decir en la prensa lusa que “Portugal peca por ser demasiado honesto”.

"Esta afirmación de que hay mas casos positivos porque se testa más creo que esta un poco descontextualizada y no es socialmente adecuada porque promueve una falsa sensación de seguridad", defiende a Efe el presidente del Colegio de Médicos de Portugal, Miguel Guimarães.

“Es verdad que estamos testando mucho, pero estamos testando porque tenemos casos”, apunta, y asevera que Portugal “es el séptimo país” de la Unión Europea que más pruebas realiza.

También es escéptico Ricardo Mexia, presidente de la Asociación Nacional de los Médicos de Salud Pública, quien afirma que "el número de test que está asociado a los rastreos, que son los test que no estaríamos haciendo, es relativamente bajo".

Ambos valoran las medidas adoptadas ahora, que son para Mexia “un reconocimiento de que las cosas no estaban bien”, y agrega: “Ni antes había milagro ni ahora hay una situación catastrófica”. Guimarães apuesta por introducir controles en los aeropuertos y apela a la reflexión sobre posibles medidas adicionales para el conjunto del país.

¿Dos varas de medir?

Los números de Lisboa han causado incomodidad en algunas localidades del resto del país, que critican una aparente lentitud para tomar medidas.

Es el caso de Ovar, un municipio con cerca de 55.000 habitantes que fue confinado por decisión del Gobierno el pasado 17 de marzo tras registrar 30 contagiados y tener 440 personas en vigilancia por posible infección.

“¿A qué esperan? ¿O es que solo hubo valor para cerrar Ovar?”, se pregunta su alcalde, Salvador Malheiro, quien cuestiona si hay “dos varas de medir”.

Otros ven un agravio comparativo, por ejemplo con el brote detectado en el Algarve tras una fiesta ilegal que ha generado más de un centenar de casos, un número que, advirtió hace días el responsable del Colegio de Médicos en el sur del país, puede llevar a que se cierre esta región por su escasez de médicos.

Un llamamiento al que restaron importancia las autoridades de salud en esta zona, uno de los pilares del turismo portugués y donde el número de desempleados creció en mayo un 202%. La fiesta del Algarve ya está siendo investigada por la Fiscalía.

Oporto, la segunda ciudad del país, ha cancelado los festejos de San Juan, algo que no sucedió ni siquiera durante la gripe española a principios del siglo pasado, y por precaución Viana do Castelo, en el norte, ha prohibido el paso de la Volta a Portugal, que arranca a finales de julio.

Mientras, los planes nacionales avanzan. El Gobierno apunta el regreso a las aulas entre el 14 y 17 de septiembre, según el ministro de Educación, Tiago Brandão Rodrigues, quien dijo hoy que se trabaja para que la enseñanza presencial “sea posible y pueda ser perenne”.