Acuerdo histórico de los gigantes de internet para no colaborar con la Policía de Hong Kong

La mayoría de empresas tecnológicas occidentales no facilitarán información de sus usuarios a las autoridades de la ex colonia británica

Los gigantes tecnológicos de Estados Unidos, han alcanzado un acuerdo histórico por el que se comprometen a no facilitar información a China. La medida, histórica, incluye a Facebook, Twitter y Google. Está relacionada con los últimos sucesos vividos en Hong Kong, donde las autoridades Chinas han pasado una ley que poco menos que destruye la autonomía de la ciudad portuaria al expandir de forma muy agresiva los poderes de Pekín. Donald Trump ya anunció el mes pasado que Hong Kong perdería su estatus preferente de ciudad privilegiada como centro de negocios internacional. Ahora empresas como Facebook, Microsoft, Zoom, Google o Telegram detendrán hasta nueva orden las solicitudes de revisión de los mensajes cursadas por las autoridades Hong Kong, a la espera de evaluar el impacto que pueda tener «en materia de derechos humanos» la Ley de Seguridad Nacional.

En opinión de la Casa Blanca lo cierto es que las medidas adoptadas por China podrían ser calificadas de «violaciones del acuerdo entre Pekín y Reino Unido». Tensionada por las protestas en defensa de la democracia, las autoridades chinas aprobaron la aplicación de nuevas leyes de seguridad que podrían liquidar la libertad de expresión y reunión, la independencia del sistema judicial y la libertad de prensa. Como explicó en junio el secretario de Estado, Mike Pompeo, «ninguna persona razonable puede afirmar hoy que Hong Kong mantiene un alto grado de autonomía de China».

«Si alguna vez EE UU esperó que un Hong Kong libre y próspero proporcionase un modelo para la China autoritaria», añadió, «está claro que China está modelando a Hong Kong a imagen de sí misma».

En 2019 la Cámara de Representantes de EE UU ya aprobó por casi unanimidad una ley de Derechos Humanos y Democracia de Hong Kong, que obligaba al Gobierno chino a demostrar cada año que respeta la autonomía de la ciudad. Para Facebook, «la libertad de expresión es un derecho humano fundamental y garantiza el derecho de las personas a expresarse sin temor a su seguridad u otras repercusiones».

De ahí su movimiento, casi inaudito dado el historial de muchos de los gigantes de Silicon Valley en relación a las violaciones de los derechos humanos por gobiernos extranjeros. Un representante de Twitter, en relación a la legislación aprobada por Pekín, le confirmó a la CNN que «al igual que muchas organizaciones, líderes y entidades de la sociedad civil y empresas, albergamos serias preocupaciones con respecto tanto al proceso de desarrollo como a la plena intención de esta ley».

Sus palabras y acciones resuenan contra el historial previo de tantas empresas que, durante años, mostraron pocos escrúpulos a la hora colaborar y/o facilitar información con países denunciados por su comportamiento en materia de derechos y libertades. Desde la entrada en vigor de la ley el Gobierno chino ha comenzado a vigilar mucho más de cerca las actividades de todos aquellos que puedan ser acusados de conspirar contra la seguridad nacional.

Por supuesto, como escribieron los académicos Steven Levitsky y Daniel Ziblatt en su libro «Así mueren las democracias», las acusaciones de trabajar para un gobierno extranjero y los ataques por supuestamente minar la seguridad nacional son dos de los argumentos favoritos de los autócratas para acallar las voces de quienes disienten. De hecho este tipo de acusaciones son uno de los primeros indicadores que avisan de la quiebra legal y moral de un sistema de derechos y libertades.

Hong Kong podría estar ya en la recta final hacia la muerte de su semi independencia, que le garantiza unas libertades inimaginables en el resto de China. El acuerdo de 1997 amenaza con ser papel mojado y las tecnológicas estadounidenses mueven ficha. Otra más en una guerra de declaraciones, proclamas y nervios que va desde las protestas callejeras de los activistas en favor de la democracia a las continuas escaramuzas por la guerra comercial entre los dos gigantes.