Amenazado, aislado y vigilado: Así es el día a día en la cárcel del presunto asesino de Madeleine

Desde que su nombre se dio a conocer, ha sido puesto en aislamiento porque varios reclusos le han amenazado de muerte

Madeleine McCann y el sospechoso de su desaparición, Christian Brueckner
Madeleine McCann y el sospechoso de su desaparición, Christian BruecknerBildLa Razón/Diario Bild

Que la fiscalía alemana anunciara que Christian Brueckner era el único sospechoso de la desaparición y muerte de Madeleine McCann no sólo supuso un cambio de rumbo a la investigación del caso, sino que también le cambió la vida de forma radical a Brueckner, que cumple una pena de 21 meses de prisión en la cárcel de Kiel por tráfico de drogas.

Nada más desvelarse su nombre, las autoridades penitenciarias procedieron a aislarlo del resto de presos, pero la situación se ha vuelto tan tensa que han tenido que imponer medidas adicionales.

El fiscal del caso afirmó que tiene evidencias suficientes para afirmar que Brueckner fue el responsable del secuestro de la niña británica el 2 de mayo de 2007 y que la mató poco después. Con el paso de los días, se han ido desvelando detalles de la vida del sospechoso, que lo describen cómo un violador y pedófilo reincidente, sin escrúpulos, que se jactaba de hacerle daño a los niños y de documentarlo todo en vídeo. De hecho, en los registros realizados por la policía han localizado más de 8.000 fotos y vídeos pedófilos. Y el material era mucho mayor, pero no ha podido ser analizado porque ha sido destruido.

Solamente en la casa en la que se alojó durante varios años cerca de Praia da Luz, el dueño encontró numeroso material informático destruido y varias cajas con disfraces y pelucas. Pero nada de eso se conserva porque cuando Brueckner dejó vivir en la casa, la dejó literalmente abandonada, con basura por todas partes, muebles tirados, material informático... Y el dueño limpió la casa y tiró todas las posibles pruebas a la basura. Como Brueckner nunca fue considerado sospechoso, nadie lo vigiló y campó a sus anchas por el sur de Portugal. Precisamente una imagen de satélite fijó días después de la desaparición de Maddie una furgoneta similar en la casa de campo en la que había vivido Brueckner hasta un par de meses antes.

Tampoco se ha podido analizar la furgoneta Volkswagen en la que vivía cuando Maddie fue secuestrada, que cambió de titular al día siguiente de la desaparición de la menor británica y que acabó en un desguace. En cambio, si se pudo registrar un camión propiedad de Brueckner, en el que se encontraron numerosos bañadores de niña.

Todas estas informaciones han servido para contribuir en la construcción del caso pero también han llegado a la prisión, donde a los delincuentes sexuales se les hace sufrir especialmente.

Desde que surgió su nombre, ha sido objeto de amenazas, le han enviado cartas de odio y los guardias tienen que escoltarlo cuando sale a hacer ejercicio o cuando se encuentra con su abogado. Las autoridades temen que le ataquen, por lo que siempre va acompañado de un grupo de guardias.

De momento, Brueckner, de 43 años, no ha querido pronunciarse sobre la desaparición de Madeleine y no aceptó la visita de los fiscales para comentarle cuales son las evidencias concretas que tienen contra él y que les lleva a afirmar que Madeleine está muerta.

Brueckner está pendiente de cumplir condena por la violación de una mujer de 72 años en Praia da Luz dos años antes de la desaparición de Madeleine. Además, ya pasó por la cárcel antes de instalarse en portugal por haber abusado de un menor.