Macron marca el rumbo de la recuperación con un plan de “al menos” 100.000 millones de euros

El presidente francés anuncia que la mascarilla será obligatoria en lugares públicos cerrados desde agosto. Mantendrá la reforma de las pensiones, pero promete diálogo

El presidente francés Emmanuel Macron hoy en la plaza de la Concondia, durante el desfile del Día de la BastillaBENOIT TESSIERReuters

Coincidiendo con el día de la Fiesta Nacional, el presidente Emmanuel Macron anunció a los franceses que el uso de la la mascarilla se convertirá en una obligación en cualquier lugar cerrado a partir del 1 de agosto.

«Estamos viendo que hay relajación en algunos gestos y en las próximas semanas vamos a hacer las mascarillas obligatorias en todos los lugares públicos cerrados», aseguró Macron durante la tradicional entrevista televisiva con motivo del día de la Bastilla desde el Elíseo.

El mandatario admitió que tienen signos que muestran que la pandemia «sube un poco», como el hecho de que la tasa de contagios esté sobrepasando el 1 otra vez, lo que significa que cada infectado está contagiando al menos a otra persona, por lo que Macron alertó de la posibilidad de una segunda oleada.

En caso de que se produzca, Francia «estará preparada» para afrontarla, según Macron, «porque se ha dotado de equipamientos necesarios y una organización sobre el terreno».

El presidente aseguró que dará la posibilidad a todos los ciudadanos de hacerse un test, incluso a aquellos que no tengan síntomas y sin necesidad de una prescripción médica. Con la multiplicación de estas pruebas, Francia espera poder aislar a los positivos y no tener que recurrir a un nuevo confinamiento generalizado de la población.

Durante la entrevista de más de una hora, Macron se refirió también a la crisis de confianza que atraviesa el país y que ya venía arrastrando antes de la pandemia, simbolizada en movimientos sociales como los «chalecos amarillos» en 2018 y seguida por las huelgas sindicales contra su polémica reforma de las pensiones.

«Nuestro país, en el fondo, tiene miedo y tiene una crisis de confianza», dijo, y se refirió a la propia crítica de los franceses con sus gobernantes durante el confinamiento. «Si nos escuchábamos a nosotros mismos todos los días, parecía que estábamos peor que los vecinos, éramos los peores y, sin embargo, estamos lejos de ser los peores, pero tenemos una especie de duda permanente como país y tenemos dentro de nosotros lo que a veces he llamado tristes pasiones, es decir, fuerzas de división».

El presidente recordó la matriz de su compromiso político personal: «Construir un pacto nacional para reconciliar a los franceses consigo mismos, para hacer juntos un país más libre y más independiente». Esa reconciliación pasa por el relanzamiento económico, la reconstrucción nacional y europea, así como el relanzamiento del diálogo social.

Y en este contexto, Macron anuncia que su hoja de ruta en los dos años que le quedan en el Elíseo, ahora haciendo binomio con su nuevo primer ministro, Jean Castex, es la de continuar con su agenda de reformas, pero teniendo en cuenta la realidad del nuevo escenario. Macron indicó que volverá a proponer la reforma de las pensiones, aunque lo hará de forma diferente a como lo hizo hace unos meses, cuando provocó una gran oposición de los sindicatos, que paralizaron importantes servicios públicos del país durante semanas.

«Debemos temer un aumento masivo del paro. Debemos prepararnos para reformar y sostener la actividad y para defender el empleo», admitió Macron.

En este contexto, el mandatario galo prometió una lluvia de millones para reactivar la economía francesa en la etapa que ahora se abre. El plan de reactivación será de «al menos 100.000 millones de euros», además de los 460.000 millones ya previstos en medidas sectoriales y de apoyo a la economía tras la pandemia del coronavirus. Este plan de reactivación es unos de los objetivos del nuevo Gobierno nombrado por Macron hace una semana para hacer frente a las consecuencias económicas y sociales de la pandemia de coronavirus.

El mandatario descartó una subida de impuestos para financiar las medidas adoptadas para contener la recesión posterior a la crisis. «No se supera una crisis como esta subiendo impuestos», indicó Macron, señalando que subir los impuestos tendría efectos negativos en el consumo de los franceses y generaría dudas en la economía.

Pocas semanas después de unas elecciones municipales en las que los ecologistas tuvieron una gran subida y tras haber cambiado parte de su Gobierno, el presidente de la República aseguró que la recuperación económica tiene que tener un componente medioambiental. «Tenemos que buscar un nuevo camino común para construir un modelo ecológico y social», indicó Macron, quien anunció inversiones en sectores menos contaminantes y en una renovación de edificios y del parque automovilístico para convertirlo en más limpio.