Israel vuelve a la casilla de salida: cierra bares, tiendas y museos por el rebrote

En mayo Netanyahu dio por superada la pandemia pero dos meses después recupera las restricciones al rozar los 2.000 contagios diarios

Un grupo de judíos ultraortodoxos con mascarillas en Jerusalén
Un grupo de judíos ultraortodoxos con mascarillas en JerusalénOded BaliltyAP

A principios de mayo, el primer ministro Benjamín Netanyahu dio por finiquitado el coronavirus en Israel. Con la curva de contagios bajo control tras la imposición de duros cierres y una cifra de víctimas relativamente baja (235), el “premier” catalogó el manejo de la pandemia como “una gran historia de éxito”.

Pero dos meses después, tras una precipitada vuelta a la rutina con la reapertura de la economía casi al completo y del sistema educativo, el Estado judío ya no figura en la lista países seguros. El jueves, el pico de contagios alcanzó un nuevo máximo con 1.939 nuevos positivos, con más de 25.500 enfermos activos y 387 víctimas mortales.

Ante un aumento mucho mayor que en marzo, el Gobierno de unidad liderado por Netanyahu y el primer ministro alterno Benny Gantz ha tomado improvisadas decisiones –en muchos casos sin basarse en datos concretos de contagios y con constantes broncas internas-, que junto a una excesiva relajación de la población, han supuesto dar peligrosos pasos hacia atrás.

Tras una semana turbulenta, marcada por el cerco a la residencia del “premier” el pasado martes por parte de miles de israelíes que exigen su dimisión, un Netanyahu visiblemente contra las cuerdas anunció el ingreso de una ayuda a todas las familias del país –de entre cerca de 200 a 760 euros en función de la cantidad de hijos-, defendiendo que haría florecer el consumo. De inmediato le llovieron las críticas, ya que las ayudas se repartieron a ciudadanos de rentas altas y bajas por igual, y no aportan solución a medio plazo.

El gran jarro de agua fría cayó ayer por la mañana. Tras largas horas de discusiones nocturnas, el Ejecutivo reveló las nuevas restricciones, marcadas por un cierre casi total durante los fines de semana, donde solo se permitía abrir a comercios de primera necesidad. Teóricamente, desde las 17:00 de ayer, debían cerrar bares y restaurantes –se les permitía solo operar con take away-, gimnasios, centros comerciales, piscinas o museos. Se limitaron las reuniones a máximo 10 personas.

La delicada decisión de cerrar las guarderías se postergó. Al menos, no se impuso la restricción para poder salir a la calle. Un respiro para padres con hijos.

Pero ante una situación económica límite, con un récord histórico de paro del 21% (853.843) y encuestas que indican que un 75% de la población está insatisfecha con la gestión de la crisis por parte del gobierno, cientos de restauradores se plantaron: anunciaron que desobedecerían las restricciones y permitirían a los clientes comer en sus locales.

Una agrupación hostelera emitió un comunicado alertando que “no estamos sujetos a una dictadura”. Se indignaron por la toma de decisiones por la noche, cuando ya habían comprado miles de shekels en género “que no estamos dispuestos a tirar a la basura”. Y agregaron: “De nuevo vemos la conducta caprichosa e irresponsable de un gobierno que perdió la dirección”.

Raed, pescadero del sur de Tel Aviv cuya familia regenta una red de establecimientos de comida, explicó a LA RAZÓN que “hemos cerrado los siete locales. En tiempos normales facturábamos más de 1.000€ diarios. Ahora, apenas llegamos a esa cifra juntando todos los negocios”.

Contra las cuerdas, se produjo un nuevo cambio de rumbo: Netanyahu y Gantz acordaron una hora antes de la puesta en marcha de las restricciones que finalmente se permitía abrir con público a los restaurantes hasta el martes. Pero el “premier” alertó: “si continuamos así, sin nuevas limitaciones, llegaremos en tres semanas a los 1.600 enfermos graves”. Ayer había 213.

T. Nieto

La directora de la asociación de médicos públicos, Hagai Levine, criticó que el Gobierno israelí ordena restricciones “sin ninguna base epidemiológica”, y consideró que la opción de cerrar las playas que se está barajando podría ser contraproducente, porque dice que el virus se expande en lugares cerrados.

Mientras, la movilización en las calles es incesante. En la noche de jueves, miles de israelíes volvieron a concentrarse frente a la residencia oficial en Jerusalén. Y el sábado, colectivos de autónomos y pequeños empresarios han anunciado que unirán fuerzas con el movimiento de las “Banderas Negras” –que lleva meses de movilización contra los casos de corrupción de Netanyahu- en una gran marcha en el paseo marítimo de Tel Aviv. La voluntad era convocarla en la céntrica plaza Rabin, pero la Policía vetó la localización por temor a contagios masivos.

En un comunicado del denominado “Gabinete de la Esperanza” que organiza la marcha -con autónomos del sector turístico, hostelero o cultural- se advirtió que la situación “es una negligencia y un fracaso. Debido a la terrible política del estado, no se ha salvado a los autónomos ni se ha suprimido la pandemia”.

El suspense seguirá, al menos, hasta el martes, cuando el Ejecutivo anunciará si se recrudece el cierre. Hasta entonces, los restauradores llamaron al público a venir “para mostrar solidaridad con nuestro sector y, esencialmente, para disfrutar”.