Los Benetton, el colapso del otro imperio italiano

El clan familiar encarnó el concepto del empresario hecho así mismo y amasó un gran poder económico y político. Tras la pérdida del control de las autopistas se vislumbra su ocaso

Unas de las campañas más icónicas de los Benetton «besos contra el odio» que desató la polémica. En la imagen Obama besa a Chávez
Unas de las campañas más icónicas de los Benetton «besos contra el odio» que desató la polémica. En la imagen Obama besa a Chávez

La Segunda Guerra Mundial tocaba a su fin cuando Leone Benetton dejó sin padre a cuatro hijos. Luciano, el mayor, tenía diez años; mientras que Carlo sólo había cumplido dos. En la Italia patriarcal de la posguerra no quedaban muchas opciones. El primogénito tuvo que abandonar el colegio para trabajar en una tienda de ropa. Unos pasos que poco después seguiría Giuliana, la única chica del clan. Santa Bona no era más que una aldea de Treviso, capital de provincia de la región del Véneto, que sólo tiempo después pasó a ser una ciudad rica. Su historia reciente está ligada a la de los Benetton.

En 1955 comenzaron a tejer jerséis, una década después abrieron su primera fábrica y en pocos años se habían convertido en símbolo de moda de la Italia chic.

El éxito estaba en unas prendas simples de colores básicos, que representaban un mundo fácil y confortable. Algo tuvieron que decir también en su expansión el lema de ‘United colors of Benetton’ y las campañas fotográficas de Oliviero Toscani, que utilizó la marca para retratar la primera etapa de la globalización y las cicatrices que iba dejando.

Los Benetton habían conseguido encarnar ese concepto al que aspira todo empresario que surge de la nada, el del hombre hecho a sí mismo. Y a eso, en la Italia conservadora, se añade la idea del clan. Representaron mejor que nadie el capitalismo familiar, muy común en un país sostenido en pequeñas y medianas empresas. Su éxito alertó también sobre los límites, porque si pensaban crecer, tocaba diversificar y ampliar la gestión más allá de los cuatro hermanos.

A principios de los noventa, Luciano Benetton era ya tan influyente que ejerció como senador por el Partido Republicano. Fueron también los años de las privatizaciones, por lo que el grupo empresarial entró en distintos sectores. El más importante fue el de las carreteras, ya que en 1999 el Estado italiano puso en el mercado la gestión de la mayor parte de las autopistas. La concesión fue a parar a la sociedad de los Benetton.

Para entonces ya habían creado un hólding, ahora llamado Edizione, presidido por Gianni Mion, ajeno a la familia, pero estrechamente ligado a Luciano. Se hicieron con el control de Atlantia, la empresa que maneja las Autopistas, y que a su vez compró después el Aeropuerto de Roma y las estaciones de servicio Autogrill. Las tiendas de ropa de Benetton siguen representando el símbolo de marca, pero en las arcas del imperio textil, éste sólo cuenta un 6% por el 46% de las infraestructuras.

En 2018 Atlantia se convirtió la mayor concesionaria de autopistas del mundo, tras pactar con ACS la compra de la española Abertis. Giovanni Castellucci, el consejero delegado de Atlantia, fue el hombre clave al cerrar el negocio con Florentino Pérez. Todo marchaba a pedir de boca, pero el 14 de agosto de ese año se vino abajo el puente de Génova, en el que murieron 43 personas. Los Benetton fueron acusados de haber repartido dividendos durante años y olvidarse del mantenimiento de las carreteras. Acababa de echar a andar el Gobierno entre el Movimiento 5 Estrellas (M5E) y la Liga, de fuerte inspiración populista, y la consigna fue culpar a los empresarios e invocar la renacionalización de las autopistas.

Gilberto Benetton, considerado el alma inversora de la familia, fue el encargado de dar la cara tras casi un mes de silencio. En una carta al ‘Corriere della Sera’ expresó su “inolvidable sufrimiento por lo ocurrido” y afirmó que si no se habían pronunciado antes fue por respeto a las víctimas. Pocos meses después, Gilberto murió como consecuencia de una leucemia.

Mientras que Carlo, el menor de los hermanos, también había fallecido ese mismo año. Se produjeron cambios en el grupo, Castellucci fue obligado a dimitir y el núcleo de los dos únicos hermanos restantes -Luciano y Giuliana, menos interesada en el negocio- se cerró entorno a Mion, el amigo de la familia.

Tras dos años de batalla, el primer ministro, Giuseppe Conte, les ha dado la estocada definitiva esta semana, obligándoles a perder el control de las autopistas. En el Gobierno ya no está la Liga, pero sigue el M5E, que siempre ha mantenido una política antiempresarial. “Su influencia ha sido determinante en la decisión”, asegura al teléfono Giampaolo Galli, experto en inversiones públicas y antiguo diputado.

Un ente público controlará la sociedad que gestiona las carreteras, en la que los Benetton tendrán una cuota mínima. Al menos han conseguido que no le revocaran la licencia, lo que hubiera supuesto indemnizaciones millonarias para el Estado por no respetar los contratos.

El clan familiar recibirá liquidez porque tendrá que vender sus inversiones en este sector -el precio ha caído casi un 50% en los dos últimos años-, aunque mantiene las concesiones en otros países y el resto de su cartera empresarial. No quebrarán, pero la historia de los Benetton ya no será más la del imperio familiar al que todo emprendedor aspira.