Matanza en la casa de la jueza Salas: el asesino era un abogado antifeminista

El sospechoso de asesinar al hijo de la magistrada que llevaba un caso del depredador sexual Epstein era un abogado que ha sido hallado muerto

El asesino era el abogado. Al menos eso piensan la policía de Nueva Jersey y el FBI, que considera que Roy Den Hollander, que apareció muerto, aparentemente víctima de un suicidio, fue el hombre que disparó y mató al hijo de la juez Esther Salas. Hollander, disfrazado en empleado de una empresa de mensajería, acudió al domicilio de la la magistrada, en un barrio acomodado de North Brunswick. Abrió la puerta el de Salas, Daniel Anderl, de 20 años.

Hollander, vestido de conductor de FeDex, abrió fuego y mató al chico de un disparo en el corazón. También hirió gravemente al marido de la juez, el abogado Mark Anderl, y a otro abogado no identificado. Anderl está fuera de peligro, después de haber sido objeto de un par de operaciones. Un portavoz de la empresa FedEx, conmocionado, ha explicado que están cooperando en todo lo necesario con las autoridades.

La juez Salas, de origen hispano, era una celebridad local. Una pionera, muy bien considerada por sus colegas, y que había atendido varios casos de gran repercusión mediática. Entre otros la reciente demanda colectiva contra el Deutsche Bank, que presentaron muchos de los accionistas que compraron títulos del banco en los últimos tres años. Una causa donde brillaba con luz luciferina un nombre, el del millonario y delincuente sexual Jeffrey Epstein.

En opinión de los demandantes el banco nunca tuvo cuidado con clientes teóricamente radioactivos, como el propio Epstein. En el brillante expediente legal de Salas hubo otros casos. Por ejemplo sumarios contra la mafia, contra las bandas de pandilleros y traficantes de drogas, etc. Pero ninguna generaba más fulgor mediático que la que envuelve al hombre que se suicidó en una celda de Manhattan hace ya un año, amigo de aristócratas, estrellas de Hollywood y científicos, y acusado de haber creado una red de proxenetismo y violencia sexual que surtía con chicas, muchas de ellas menores de edad, sus depravadas fiestas.

Era casi imposible que los medios no saltara a la yugular del nombre de Epstein y que un coro o enjambre en redes sociales no libase de las inevitables teorías de la conspiración. ¿El ataque contra la familia de Salas tenía algo que ver con el monumental escándalo que rodea al difunto millonario? ¿Alguien poderoso estaba interesado en enviar un recado a cualquiera que ose husmear? Otro nombre propio relacionado con Salas fue el capo Farad Roland, rey de los pandilleros de Newark, y al que sentenció a 45 años de cárcel.

La realidad, siempre más prosaica, también a menudo más chusca, ha llegado por la vía de los fiscales de Nueva Jersey y los agentes del FBI. A Holland nadie sabe qué pudo moverle, pero su relación con Epstein era nula. Sí se sabe ya, en cambio, que había en un caso que presidió la juez Salas, y que al parecer estaba enfermo, sentenciado por un cáncer terminal. Al parecer Hollander había representado a dos mujeres, madre e hija, que peleaban para registrarse en el ejército.

Una jueza salomónica

Una demanda con múltiples implicaciones legales y éticas y que incluso plantea cuestiones que atañen a la propia Constitución de los Estados Unidos. Una de esas causas que duras, largas, que pueden acabar ante el Tribunal Supremo. En el caso que nos atañe Salas resolvió de forma salomónica, dando a la razón a las demandantes en algunas de sus reclamaciones y negándola en otros.

El litigio pasó entonces a manos de un célebre despacho de Manhattan, Boies Schiller Flexner. Y aquí viene el siguiente capítulo, de nuevo en los terrenos de lo conspirativo. Parece que Hollander se tenía por una suerte de cruzado de la pelea de los hombres en lucha contra el feminismo radical y las consecuencias legales del identitarismo posmoderno. De lo que resulta naturalísimo que los medios especulen con la posibilidad de que se trate de un delito de odio.

A fin de cuentas la juez era una mujer. E hispana. Teorías. Poco más. Lo único cierto es que el cadáver del abogado apareció en Rockland, que cometió una matanza y que había actuado disfrazado como un empleado de Fedex. Pero nadie sabe por qué hizo lo que hizo. Es bastante posible que estuviera deprimido. Es también posible que considerase a Salas algo así como la quintaesencia de todos sus demonios particulares. O no.