La capacidad de fuego del chavismo, suficiente para convertir Venezuela en un Vietnam latinoamericano

Maduro enarbola una retórica bélica amparado por Rusia, convertirdo en su mayor proveedor de armas

No hay punto de comparación. La capacidad militar de Venezuela languidece ante el escenario de una supuesta intervención de Estados Unidos, que solo el discurso del chavismo mantiene como posibilidad latente. Pero sí hay con qué hacer ruido, y la mano de Rusia para disputar control geopolítico a Estados Unidos en Occidente se mueve blandiendo misiles.

Este viernes, Nicolás Maduro conmemoró el natalicio de Simón Bolívar y el Día de la Armada nacional diciendo que Washington quiere un conflicto armado con Venezuela, y que los uniformados actúan frente a las «bravuconerías del Gobierno norteamericano». Por tal motivo reiteró su llamado a «cuidar los mares, los ríos, todos los espacios acuáticos de esta Venezuela, pacifista, bolivariana y del siglo XXI, con el mismo celo y capacidad de combate de nuestros marinos en la Batalla Naval del Lago de Maracaibo», ocurrida en tiempos de la guerra de indepedencia.

El mensaje lo dio por videoconferencia y uniformado de militar pues, después de que Hugo Chávez cambió la ley en 2010, quien ocupa la Presidencia del país tiene rango militar de Comandante en Jefe de la Fuerza Armada –antes era un rango civil–. Solo dos veces Maduro se ha uniformado.

Por su parte, su ministro para la Defensa, Vladimir Padrino López, aseguró que la Armada Nacional «no está de adorno en los mares», y que ha tenido que salir al frente a resistir las provocaciones de unidades y de destructores de la Naval de Estados Unidos, en referencia al despliegue de flotas militares frente a las fronteras marítimas del país para operaciones antinarcóticos y que han generado al menos dos reclamos desde Caracas por supuesta violación a líneas de soberanía.

Armamento Ruso comprado por Venezuela
Armamento Ruso comprado por VenezuelaTeresa Gallardo

Los mensajes bélicos del chavismo van en línea con la retórica mantenida desde hace años, y aunque la capacidad de fuego real de la «revolución bolivariana» es reducida, sí hay cómo cumplir lo que pidió en su momento Chávez: convertir a Venezuela en un Vietnam latinoamericano si llegase una agresión armada.

El expresidente fallecido en 2013 fue quien inició una suerte de carrera armamentista elevando los gastos en defensa, excusándose en una supuesta «invasión gringa», y adquirió equipos bélicos a países como Rusia y China, incluyendo aviones caza y cientos de miles de fusiles.

La ONG Control Ciudadano registraba en 2008 que el país de Vladimir Putin «se convirtió en el principal proveedor de armas de Venezuela, que ya adquirió 53 helicópteros y 24 aviones Sukhoi 30 –uno se estrelló en septiembre de 2015–, además de 100.000 fusiles Kalashnikov, por un valor de casi 4.000 millones de dólares, en medio de una estrecha cooperación militar que contempla la futura realización de maniobras navales conjuntas en el Caribe».

En 2018, el entonces director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Mike Pompeo, ahora secretario de Estado, denunció ante el Senado de Estados Unidos la activación en Venezuela de equipos 9K338 Igla-S, que son unas baterías antiaéreas personales, también conocidas como «Manpads SA-24».

La Fuerza Armada venezolana tiene 200 de esos equipos, adquiridos en la misma operación de 2008 junto a 2.000 misiles correspondientes, aunque la agencia Reuters dio cuenta de un informe militar confidencial del Ejército que confirma la existencia de cinco mil misiles para esos sistemas «muy populares entre grupos insurgentes alrededor del mundo por su portabilidad, efectividad y relativa facilidad de operación».

Esos equipos forman parte del millonario intercambio entre Caracas y Moscú que también incluyó decenas de misiles aire-aire, tierra-aire, sistemas blindados de defensa antiaérea, 92 tanques, 24 morteros y varios vehículos blindados. De hecho, en 2017 Venezuela ocupó el puesto 17 en la lista de países más importadores de armas del mundo de esa década, siendo 2013 el año de más compras, según el Stockholm International Peace Research Institute (Sipri). El principal provedor de armas a Maduro es Rusia. Es más, el chavismo convirtió a Venezuela en el quinto importador bélico de Moscú, que es el segundo exportador del globo, solo por detrás de India, China, Argelia y Vietnam.

El país latinoamericano además compró equipos a España y a Bielorrusia para finalmente convertirse en uno de los más armados de la región, contando las capacidades adquiridas en gobiernos anteriores de arsenal de fabricación británica, estadounidense y francesa, principalmente.

Desde el año 2013, Venezuela opera el sistema de defensa antiaérea S-300 Antey 2500 de fabricación rusa, adquirido en 2009. No es casual ni siquiera que tal despliegue esté en manos del 293 Grupo Misilístico de Defensa Antiaérea, llamado Hugo Chávez Frías.

La adquisición de los sistemas S-300 está reflejada en un informe de la organización Control Ciudadano. «No ha sido posible determinar con exactitud la cantidad, modelo y costo de los equipos militares adquiridos por Venezuela en el período 2005-2012, debido a que en la anterior Asamblea Nacional (AN) se acordó decretar la confidencialidad de los acuerdos militares suscritos con Rusia y Bielorrusia», advierte la ONG.

La denuncia de Ledezma

Hasta la fecha no se han revelado mayores detalles sobre el sistema de defensa antiaérea S-300 Antey 2500, aunque éste ha sido exhibido en momentos puntuales como en ejercicios militares de febrero pasado. La primera vez que fueron mostrados fue en 2013 en un desfile.

Se trata de un sistema capaz de abatir blancos aéreos (misiles balísticos, misiles crucero, aeronaves), en un radio de 200 kilómetros y hasta 30.000 metros de altitud. La confirmación de su entrega a Venezuela la dio en 2013 la empresa estatal rusa Rosoboronexport cuando confirmó que había dispuesto de dos grupos de misiles antiaéreos S-300VM, para sumarlos al sistema de defensa antiaérea que ya contaba con cañones antiaéreos ZU-23, y sistemas de misiles Buk-2M y Pechora-2M.

Es el mismo tipo de equipamiento que Moscú entregó al régimen de Bachar Al Asad en Siria en 2018. Ya en 2020, el canciller ruso Serguéi Lavrov dijo durante su visita a Caracas en febrero que ambos países ampliarán su cooperación técnico militar.

El ex alcalde venezolano Antonio Ledezma denunció el 20 de julio el supuesto despliegue de equipos S-400 y S-500 en 11 puntos del país. Pero no hay evidencias de que estos equipos operen en Venezuela. Además, el sistema S-500 Prometeo entrará en servicio en Rusia en 2021 y su producción para entregas internacionales está programada para 2025, según la agencia oficial rusa Sputnik News.