Las protestas antirracistas ponen contra las cuerdas a Trump a 100 días de las elecciones

El envío de agentes federales no logra frenar la escalada de violencia entre manifestantes y los agentes

A falta de 100 días exactos para las elecciones presidenciales en EE UU, en las que Trump aspira a su reelección y los demócratas a arrebatarle el poder en plena crisis económica por la pandemia del coronavirus, se intensifican las protestas raciales en las calles de diversas ciudades del país.

Y es que el pasado 26 de junio el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva para lo que él consideró una «medida de protección hacia los monumentos federales», cuando los focos de las protestas raciales por la muerte del afroamericano George Floyd se trasladaron al derribo de estatuas del pasado racista de EEUU, como la de Thomas Jefferson o George Washington en Portland.

Agentes federales fueron enviados entonces a la ciudad más grande de Oregón para frenar la violencia de esos altercados nocturnos, imponiendo su fuerza y extendiendo su autoridad incluso en la represión de unas protestas que todavía hoy continúan activas.

La polémica decisión de Trump de enviar a Portland a esos agentes federales procedentes de otros estados hace más de dos semanas desató desde entonces una ola de disturbios en las calles de la ciudad que se han ido intensificando en los últimos días, replicándose también en otras ciudades del país. En Seattle, Washington, Nueva York, Los Ángeles, Austin, Louiville, Oakland y Richmond se producían graves enfrentamientos este pasado fin de semana entre manifestantes y la policía, saldándose con un total de 45 detenciones sólo en Seattle y una veintena de policías heridos.

Además, la publicación de vídeos de algunas detenciones injustificadas por parte de agentes federales tampoco han ayudado. Las imágenes despertaron la ira y extendieron la indignación de cientos de manifestantes, que vieron en ellas un comportamiento más propio de países sometidos a dictaduras y alejados del sistema democrático.

Y es que agentes con uniforme militar, no identificados, detenían sin previo aviso a manifestantes pacíficos, obligándoles a subir a sus vehículos también sin identificar. Dichos agentes habrían sido enviados por el Gobierno Federal por orden de Trump bajo su nuevo lema «ley y orden», en una maniobra incendiaria y no exenta de polémica, para recuperar el control de Portland.

Estos enfrentamientos, que se han prolongado desde la muerte de George Floyd hace dos meses, suponen un pulso entre las autoridades federales y estatales. Es decir, entre republicanos y demócratas, quienes consideran que el ambiente y la violencia han empeorado desde que se han desplegado los agentes en Portland.

El 25 de mayo de 2020 será siempre recordado como aquel fatídico día en el que 8 minutos y 46 segundos de agonía culminaron con la muerte del afroamericano George Floyd a manos de la policía. Pero también porque el abuso de autoridad y la violencia policial quedaron al descubierto a través de las imágenes de su estrangulamiento, grabadas por un aficionado, reabriendo viejas heridas de racismo y abuso policial.

Como consecuencia, las calles de las principales ciudades de Estados Unidos se llenaron de cientos de miles de manifestantes aclamando justicia y reclamando el recorte de recursos económicos destinados a la policía. El movimiento Black Lives Matter («las vidas negras importan») ha abanderado las protestas pacíficas dentro y fuera del país, ganando millones de adeptos a la causa de toda procedencia.

Y es que poco ha cambiado en el último medio siglo en Estados Unidos en lo que a disturbios raciales por la muerte de ciudadanos por parte de la policía se refiere. Datos de los principales rotativos, como el Washington Post, confirman que más de un millar de estadounidenses mueren todos los años de manera desproporcionada a manos de agentes que imponen su fuerza y autoridad contra ellos.

Pero el dato más alarmante es que un alto porcentaje de esas muertes, más del 30 por ciento, la sufren negros a manos de blancos, a pesar de que los afroestadounidenses apenas representan el 16% de la población. Otro estudio asegura que uno de cada 1.000 hombres y niños negros serán asesinados por la policía durante el curso de la vida. Un problema ampliamente denunciado a lo largo de la Historia y todavía latente.

Gas lacrimógeno para frenar la furia

En junio, el excepcional despliegue del Ejército en la capital estadounidense y de la Guardia Nacional en las principales ciudades del país para frenar la furia de miles de manifestantes obligó a las fuerzas de seguridad a utilizar de manera polémica gas lacrimógeno, balas de goma y granadas de contusión para frenar a la multitud. Unas prácticas que se siguen replicando, casi dos meses después, esta vez a manos de agentes federales, en aquellos puntos del país donde las llamas de la indignación siguen encendidas.

EEUU se ha encauzado en la peor crisis sanitaria, económica y social de su historia reciente. En plena pandemia de coronavirus y rompiendo récords históricos de cifras de solicitud de la prestación por desempleo, la crispación por la desigualdad social que sufren los estadounidenses de raza negra lejos de disiparse va en aumento.

Trump, acusado por muchos de seguir el guión de una estrategia electoral, intenta acercarse con fuerza a su base electoral. Si esa decisión le beneficiará o, por el contrario, le perjudicará, todavía está por ver. Quedan tres meses por delante para saberlo, y la cuenta atrás ya ha comenzado.