El desertor retornado que pone en jaque a Corea del Norte frente al coronavirus

El régimen de Kim Jong Un reconoce que su "paciente cero" es un norcoreano que huyó al Sur en 2017

El viaje ilícito de un doble desertor de 24 años, que regresó a Corea del Norte de la misma manera que se fue en 2017 -pero en esta ocasión con la pandemia de coronavirus como telón de fondo- ha despertado la atención mundial, tras apuntar que podría ser el primer “caso sospechoso” de Covid-19 admitido oficialmente.

Mientras más de 17 millones de personas en todo el mundo han dado positivo en las pruebas del coronavirus, la históricamente secreta Corea del Norte se ha jactado durante meses de no tener ningún caso.

Es por ello que, tras conocerse el posible contagio de un prófugo, el líder norcoreano Kim Jong Un presidió el pasado sábado una reunión de la cúpula del Partido de los Trabajadores en la que se decidió “bloquear completamente” Kaosang, declarar estado de emergencia y poner en aislamiento los diferentes distritos de la provincia fronteriza con el Sur.

El régimen de Pionyang decidió además realizar una “investigación exhaustiva” de la unidad militar desplegada en la zona fronteriza por la que penetró el desertor, con vistas a “tomar las medidas necesarias” y a “administrar un severo castigo” a los responsables de que se produjera esa incursión ilegal en territorio norcoreano.

El Gobierno surcoreano identificó al supuesto paciente cero sólo por su apellido, Kim, un “fugitivo” al que Pionyang acusa de haber cruzado ilegalmente la demarcación militarizada que separa ambos países, con síntomas de covid-19.

Sin embargo, el máximo responsable de tareas de desinfección surcoreano, Yoon Tae-ho, defendió que no había señales de que este estuviera infectado antes de dejar el sur. A pesar de todo, tras ser detenido, el paciente fue puesto bajo estricta cuarentena después de que se le practicaran varias pruebas médicas con “resultados inciertos”.

Una huida sorteando minas y alambradas

La historia de Kim Geum-hyok como desertor comenzó y terminó tres años después en Kaesong, una ciudad fronteriza norcoreana que albergaba un parque de fábricas y una oficina de enlace intercoreana ahora clausurada.

Cuando ese proyecto industrial se cerró en medio de las crecientes tensiones sobre el programa de armas nucleares de Corea del Norte en 2016, la conmoción económica impulsó a Kim a probar suerte en el Sur en 2017, según comentó él mismo en un vídeo de YouTube.

Un portavoz del Ejército surcoreano apuntó que mientras se enfrentaba a una investigación por una supuesta agresión sexual a una compañera tránsfuga, Kim evadió los sistemas de control de la frontera surcoreana de alta tecnología arrastrándose por un tubo de desagüe y cruzó a nado el río Han hacia el norte el 19 de julio.

“Después de sortear alambradas, me encontré con campos de minas antipersonas, que salté para llegar a un campo de caña cerca del río Han, donde permanecí escondido alimentándome de meras migas de pan”, se lamentó en el vídeo Kim.

Más de 33.000 norcoreanos han huido a Corea del Sur en los últimos 20 años para evitar la pobreza, la hambruna y la represión política, principalmente a través de China. Pero es muy inusual que los refugiados norcoreanos regresen a su empobrecida y autoritaria patria cruzando la frontera intercoreana, plagada de minas. Además, si son atrapados, pueden enfrentarse a una vida de trabajos forzados en un gulag (campo de concentración).

No obstante, entre abril y junio de este año solo 12 desertores entraron en Corea del Sur, lo que supone un 96% menos con respecto al mismo periodo del año pasado y la menor cifra trimestral desde que el Gobierno de Seúl comenzó a contabilizar los datos en 2003, según cifras del Ministerio de Unificación surcoreano.

Blindaje frente al virus

Corea del Norte cerró sus fronteras en enero debido al virus, frenando el poco comercio legal que se le permitía debido a las sanciones globales para castigarlo por su programa de armas nucleares. El cierre apretó aún más a una economía moribunda que se encuentra en su mayor contracción en más de dos décadas, según Fitch Solutions.

El “Reino ermitaño” fue uno de los primeros estados en ver la covid-19 como una seria amenaza, dado que la mayoría de los expertos consideran que su sistema de salud se vería rápidamente abrumado en una pandemia. Muchas instalaciones médicas norcoreanas no tienen acceso a electricidad o agua corriente fiables y tanto medicamentos como equipos suelen escasear.

Por otro lado, la capacidad de poder realizar pruebas también parece ser un inconveniente. A principios de julio, sólo 922 personas de un país de unos 25 millones de habitantes se habían sometido a pruebas de detección del virus, según el representante de la OMS en Corea del Norte, el Dr. Edwin Salvador.

¿Cero casos?

Muchos expertos independientes en salud pública se muestran escépticos ante las afirmaciones de Corea del Norte de no tener infecciones confirmadas de covid-19. El virus es altamente infeccioso, y podría haberse filtrado fácilmente en el país sin ser detectado.

“Si el desertor es de hecho la causa del cierre de Kaesong, entonces Corea del Norte ya no necesita negar las infecciones y puede culpar de su epidemia a los desertores y a los casos importados de Corea del Sur”, aseguró Duyeon Kim, asesor principal sobre el noreste de Asia y la política nuclear del International Crisis Group.

China y Corea del Norte comparten una frontera de 1.400 km que es especialmente permeable durante el invierno, momento en que los ríos congelados permiten a las personas cruzar más fácilmente de un país a otro. Decenas de norcoreanos cruzan la frontera para contrabandear productos del mercado negro todos los días y los analistas sugieren que este hecho puede haber llevado el virus al país aislado antes de que se cerrara la frontera.