Decepción en Líbano tras el anuncio del histórico veredicto

El Tribunal Especial para el magnicidio de Hariri sólo ha declarado culpable a un miembro de Hizbulá

«Sinceramente, no esperaba que después de esperar 15 años al veredicto del Tribunal Especial Para el Líbano nos hayamos quedado como al principio. Sin castigar a los culpables», lamentó a LA RAZÓN Sarah Baghdadi, que se declaró pro-Hariri. Baghdadi se refería con ello a que la sentencia del TEL sólo ha declarado culpable a uno de los cuatro acusados, Salim Ayyash, miembro de Hizbulá, y los otros tres han salido libres de culpa por falta de evidencias.

La investigación, que ha costado más de 1.000 millones de dólares, no ha podido determinar la identidad del atacante suicida que detonó el coche bomba con al menos una tonelada de explosivos. También por la ausencia de pruebas han sido exonerados la milicia proiraní, y al régimen sirio que aunque «Siria y Hizbulá pueden haber tenido razones para eliminar a Hariri y a sus aliados políticos, sin embargo, no hay pruebas de ninguna participación de los dirigentes de Hizbulá en el asesinato (de Hariri) ni ninguna prueba directa de la participación siria», declaró el juez presidente, David Re.

En las calles de Beirut se sentía la inquietud a medida que se acercaba la hora y muchos decidieron quedarse en casa por temor a que la conclusión del Tribunal especial pudiera reabrir las heridas no cicatrizadas del sectarismo.

Según los jueces, «lo que este Tribunal ha demostrado es que Hizbulá ya no tiene impunidad. Aunque haya habido solo un culpable, Hizbulá fue el responsable», aseguró por su parte Abu Taha, militar retirado suní.

El atentado con una camioneta cargada de explosivos que mató al ex primer ministro suní y a otras 21 personas en febrero de 2005 no fue otro asesinato político más de aquel momento, sino que fue el detonante que hizo saltar la chispa de la revolución del Cedro, que llevó a miles de libaneses a salir a la calle a manifestarse para pedir el fin de la injerencia de Siria en Líbano y retirada de las tropas sirias que no habían abandonado el país después de que terminara la guerra civil en 1990.

Desde entonces, todas las miradas apuntaron a Hizbulá. «Por primera vez en una larga historia de asesinatos políticos en Líbano, los libaneses han podido conocer la verdad. Hoy es un día histórico», declaró Saad Hariri, el hijo del ex «premier» a la salida del TEL en Países Bajos.

«Hemos sacrificado lo más querido que teníamos, no abandonaremos Líbano y aceptaremos el status quo, pero a partir de hoy esperamos que Hizbulá devuelva algo, porque la orden de ejecución fue implementada por las filas de Hizbulá», reconoció.

Mientras, en el mausoleo de Hariri se encontraba su hija Bahaa y su hermana, rodeados de cientos de acólitos del movimiento Futuro, el partido de los Hariri.

«Hizbulá no tiene cabida en el futuro de Líbano. Nuestro país ha pagado un precio muy alto por sus acciones. Solo le han traído sanciones, guerra y sufrimiento». Sin embargo, todo el mundo sabe que gobierne que gobierne en Líbano tiene que seguir «pagando el tributo de guerra» a la milicia.

El fallo del TEL se había pospuesto después de la catástrofe que acabó con la vida de 180 personas y exacerbó la ira de la población contra la élite política. La investigación ha sido transferida a una corte militar y el juez Fadi Sawwan emitió ayer una orden de arresto contra el director del puerto de Beirut, Hassan Koraytem, como responsable de la explosión, y otros dos altos funcionario han sido detenidos como cabeza de turco, pero muchos en Líbano no confían en la imparcialidad del proceso judicial.

Durante el interrogatorio, Badri Daher, jefe de Aduanas arrestado, declaró que la ONU inspeccionó el «Rhosus» (el carguero que traNsportó las 2.750 toneladas de nitrato de amonio) cuando entró en aguas territoriales libanesas en 2013 y no encontró artículos restringidos a bordo. Una información que desmintió la ONU.