Golpe a Trump: Dimite la fiel Kellyanne Conway en la semana de la convención republicana

La asesora, uno de los rostros más conocidos de la Administración, no participará en la campaña electoral en la que el presidente se juega la reelección. Alega "motivos familiares"

En una Casa Blanca marcada por cuatro años de dimisiones pocas más explosivas que la de Kellyanne Conway. La escritora, celebridad y comentarista política muy cercana a las posturas del Tea Party anunció su dimisión como asesora principal de Donald Trump. La explicación oficial es que quiere dedicar más tiempo a sus hijos, a su familia, a su vida privada. Pero encajaba bastante mal con el perfil de una personalidad siempre al vórtice del huracán.

Distinguida con haber tomado parte de todas las guerras culturales y todas las polémicas. Ella fue, por ejemplo, de las primeras en celebrar los discursos más nativistas del actual presidente. Son conocidas sus frecuentes advertencias del peligro de una supuesta inversión de los valores americanos, que estarían en peligro por culpa de la progresión de las minorías que vienen de fuera y, en especial, por el creciente número de inmigrantes y descendientes de inmigrantes hispanos. Los mexicanos era uno de sus caballos de batalla y Trump, el hombre llamado a restaurar las constantes culturales y sociales de una nación en peligro de muerte.

Su marido es uno de los principales urdidores y protagonistas del llamado Pryecto Lincoln. Un esfuerzo coordinado de destacadas personalidades, muchas cercanas a los republicanos y al pensamiento conservador, para evitar que Trump vuelva a ganar.

A pesar de que observan con mucha prevención los desmanes de la izquierda «woke», también creen probado que ahora mismo el principal peligro del populismo lo representa un presidente enemistado con buena parte del «establishment» republicano, por más que estos aparenten seguirle.

Con 53 años, Conway asegura que nadie la ha mediatizado. Pero cuesta separar su caída del hecho de que ha llegado la misma semana en la que Trump celebra su convención. Acepta la candidatura a reeditar la presidencia y abre la competencia por la campaña al tiempo que una de sus más destacadas ideológas dice adiós, apenas tres días más tarde que el otro cerebro de los primeros tiempos de su campaña, Steve Bannon, fuera acusado de corrupción.

No es solo que suyas fueran algunas de las ideas matriz de Trump, sino que ellos dos dirigieron la campaña de 2016. No es aventurado asegurar que aquel triunfo debe mucho a las ideas rompedores de una Conway y un Bannon que llegaron con la intención declarada de subvertir todo el manual de instrucciones imperante en Washington. Lograron que Trump dijera lo que ningún otro candidato antes o después. Rompieron los libros de la corrección política, lo catapultaron por encima de una Hillary Clinton envarada y unos demócratas que no estaban preparados para soportar la ofensiva.

Fue la primera mujer en dirigir una campaña que alcanzó el triunfo. Lo mejor de todo, lo más lesivo para los intereses electorales de Trump, lo más difícil de justificar ante su audiencia, es que el discurso de Conway era uno de los platos fuertes de la convención de esta semana. Estaba llamada a hablar durante la noche del miércoles, rodeada de pesos pesados del partido, en vísperas de que el propio Trump celebre su propia consagración el jueves.