Melania, mejor que los políticos profesionales

La primera dama estuvo conciliadora, amable, optimista y derrochó un savoir faire ausente de las parrafadas de Eric y Tiffany Trump

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Desde las primeras convenciones los partidos siempre se han esforzado en resaltar la humanidad del candidato, revisar sus logros y subrayar con oropeles sus promesas. Disparar contra los rivales también entra en el menú. En el caso de la convención republicana, Joe Biden es más una sombra, una percha para hablar de los negocios de su hijo, Hunter Biden, o de sus políticas con China. Sirve para vehicular las teóricas virtudes de un Donald Trump más protagonista que nunca. Una relevancia culminada esta noche con una estupefaciente ceremonia de naturalización de inmigrantes, presidida por el propio Trump y grabada durante la mañana del martes en la Casa Blanca. Aunque EE.UU. ya suma 178.000 muertos y 5,7 millones de positivos, ninguno de los presentes llevaba máscara. Un acto sin mascarillas recalca la idea de que lo peor de la pandemia es ya historia. Y habrá que ver qué dicen los abogados respecto al uso de funcionarios públicos en medio de la campaña.

Mucho más robusta y justificada fue la reivindicación del joven Nick Sandmann, indemnizado por los mismos periódicos y televisiones que lo transformaron en caricatura. Para quien no lo recuerde Sandmann, alumno de un instituto católico de Covington, en Kentucky, fue acusado de burlarse de Nathan Phillips, perteneciente a la tribu Omaha y veterano de la guerra en Vietnam. El incidente tuvo lugar en Washington, junto al monumento a Lincoln. Abrió noticieros y programas de debate. Phillips había respondido recitando cantos tribales. El problema es que Sandmann, que llevaba una gorra roja en honor de Donald Trump, nunca quiso burlarse. Los estudiantes demonizados cantaron y saltaron como respuesta a los insultos racistas que les estaba dedicando un grupo de predicadores fundamentalistas afroamericanos pertenecientes a un grupo llamado Israelitas Hebreos. El jefe indio Phillips caminó hacia los estudiantes mientras los predicadores los cubrían de insultos y comenzó a recitar en sus narices. Buscaba un vídeo, un titular, un meme. Buscaba provocar. Lo consiguió. Sandmann fue acusado de racista en las redes sociales y fusilado por unos presentadores que olvidaron contemplar el vídeo de lo ocurrido. Normal que el adolescente, víctima de la jauría, acosado y objeto de amenazas de muerte, haya hablado hoy en favor del presidente. Sonó menos convincente cuando explicó que Trump es otra víctima de una prensa sensacionalista. Trump ha recibido los zarpazos de los periodistas, sin duda. Pero en muchas ocasiones, cuando tacha a la prensa de enemiga del pueblo, enarbola una retórica más propia de Rafael Correa o Nicolás Maduro que de un presidente de los EE.UU.

El otro gran discurso de la noche lo ofreció Melania Trump. La primera dama estuvo conciliadora, amable, optimista. Rogó a los ciudadanos mirar al futuro sin ira. Alabó la diversidad del país. Incluso admitió que el Covid-19 es real y que ahí fuera hay millones de personas que sufren. Provocó cierto pasmo el uso de los jardines de la residencia oficial en un acto de propaganda. También fue curioso escuchar su denuncia de las redes sociales.... tratándose de la esposa de un presidente que prefiere comunicarse vía Twitter, y no siempre de la forma más elegante. Sea como sea la primera dama derrochó un savoir faire ausente de las parrafadas de Eric y Tiffany Trump. El primero estuvo agresivo y la segunda, dispersa, tuvo poco que ver con la inspirada oradora de 2016. El vicepresidente, Mike Pence hizo gala del tono, entre neutro y correcto, que tanto lo distingue de su jefe. Mike Pompeo, secretario de Estado, habló de China en los duros términos que viene usando la Casa Blanca desde la primavera. La última hora proporcionó un espectáculo televisivo de buen nivel. Mucho mejor que el de la primera noche. Otra cosa es si cuela que el coronavirus ya pasó, que a partir de ahora la economía irá como un cohete y que Biden será algo así como un Pol Pot encanecido, listo para cubrir el país bajo un río de magma.