Cristianos en Pakistán: la limpieza de las cloacas, un sucio trabajo reservado sólo para ellos

Los transeúntes escupen con frecuencia a los limpiadores cuando están en las alcantarillas de Rawalpindi

James Masih tiene un trabajo que apesta. Literalmente. Este paquistaní se gana la vida limpiando las cloacas por las que pasan los excrementos de los dos millones de habitantes de la ciudad de Rawalpindi. Una labor reservada para los cristianos en el islámico Pakistán.

Este hombre de 40 años desciende por el agujero de la alcantarilla y comienza a meter en un cubo una maloliente sustancia negra, piedras y otros restos. Cuando el cubo está lleno, un compañero lo sube con una cuerda y lo vacía en el suelo.

“Estoy metido en la mierda. Al principio es terrible meterte en el agujero, pero con el paso del tiempo te acostumbras”, dice a Efe James, que lleva 14 años en esta profesión, es padre de cinco hijos y cobra 18.000 rupias (unos 90 euros) al mes.

“Este trabajo me pone enfermo algunas veces”, afirma el trabajador, que es cristiano, al igual que los 76 limpiadores de la municipal Agencia de Alcantarillas y Drenaje de Rawalpindi, vecina de Islamabad. James dice que a nadie en su familia le gusta este trabajo, sin explicar más.

Su compañero Boota Masih, de 50 años y 30 en la profesión, es más explícito. “Cuando voy a casa con mi familia algunas veces se quejan de que huelo mal. Si trabajas con mierda, por supuesto que hueles mal”.

“Lo odio (el trabajo)”, explica a Efe este trabajador que gana más que su compañero -42.000 rupias (unos 210 euros) por veteranía- y tiene cinco hijos.

En ocasiones, transeúntes escupen a los limpiadores cuando están en las cloacas, en una muestra de desprecio. El trabajo además es peligroso. La ONG Sweepers are Superheroes (Los Barrenderos son Superhéroes) estima que 12 limpiadores de cloacas murieron en 2019 mientras realizaban su trabajo debido a los gases tóxicos que se acumulan en los túneles.

Las entrevistas con los trabajadores se realizaron en presencia de dos superiores, por lo que llevaban monos de trabajo, guantes y máscaras. Pero varios limpiadores afirmaron que en realidad no se usa ese equipamiento y un supervisor admitió que así es.

“No usamos equipos de seguridad. Lo que te puedo decir de este trabajo es que es el más duro que hay. Puede parecer fácil, pero cuando tienes excrementos humanos en tus manos es lo más difícil de hacer”, afirma un limpiador que prefirió mantener el anonimato.

Lo que tienen en común todos estos trabajadores es que son cristianos. Sweepers are Superheroes estima que el 80% de los limpiadores de cloacas y casi todos los barrenderos en el país asiático pertenecen a esa religión que supone un 1,6 % de los 207 millones de paquistaníes, la gran mayoría musulmanes.

En ocasiones los anuncios de trabajo para esta labor indican que solo se buscan cristianos, incluso cuando se trata de organismos estatales o el Ejército. “Creo que somos hijos de un dios menor”, dice a Efe un limpiador de forma anónima.

Waris Sotra, supervisor de la Agencia de Alcantarillas y Drenaje de Rawalpindi, afirma que se da prioridad a los cristianos en este trabajo porque son una minoría y tienen menos educación que los musulmanes. “Los cristianos lo hacen porque son una minoría y una pequeña comunidad, así que lo hacen felizmente”, explica a Efe este funcionario, también cristiano.

Mary Gill, directora de Sweepers are Superheroes, organización que lucha por mejorar la situación de estos trabajadores, no está de acuerdo.

“Están consideradas personas sucias que hacen un trabajo sucio. No se les considera humanos”, afirma esta ex parlamentaria de la provincia del Punjab y que acaba de ser galardonada en Suecia con el Premio Anna Lindh por su labor como activista.

Intocables

Un estudio de Sweepers are Superheroes de 2019 afirma que a principios del siglo XX se produjeron conversiones en masa al cristianismo de intocables “chuhras”, el eslabón más bajo del sistema de castas hindú, en el Punjab de la aún sin dividir India británica.

Las conversiones tenían como objetivo escapar del sistema de castas y la mayoría de ellos pertenecían a la comunidad “chuhras”, dedicada a limpiar, barrer y deshacerse de excrementos.

Aquellos que se convirtieron al islam dejaron atrás el trabajo de limpiador. Pero para los que comenzaron a profesar el cristianismo poco cambió. De hecho, aún hoy se llama a los cristianos “chuhras” de forma coloquial.

“No se trata solo de pobreza, hay un estigma vinculado a su identidad”, afirma Gill, quien añade que para el Estado “este trabajo es para cristianos”.

La activista indica que si eres hijo de un limpiador serás un limpiador, y solo sales de la profesión si eres excepcional.

Aún así todos los limpiadores entrevistados por Efe mandan a sus hijos al colegio para que no tengan que seguir sus pasos en las cloacas. “No quiero a mis hijos aquí”, reconoce James.